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De las burlas y el ciberacoso al cambio de escuela: la historia de una víctima de bullying

Burlas, mensajes anónimos y ataques en redes: la historia de una adolescente mendocina que expone el impacto del acoso escolar y la importancia de no mirar hacia otro lado.


Según datos de la Organización Mundial Bullying sin Fronteras, cada año el bullying se lleva la vida de 200 mil niños, adolescentes y jóvenes en todo el mundo. En Argentina, un informe del Observatorio Argentinos por la Educación reveló que 6 de cada 10 alumnos de sexto grado aseguran haber sido víctimas de alguna forma de agresión, ya sea en el entorno escolar o en redes sociales. A nivel global, 1 de cada 3 estudiantes ha sufrido bullying alguna vez, asegura la Unesco.

bullying escolar

Seis de cada 10 chicos de sexto grado aseguran haber sido víctimas de alguna forma de agresión.

En un nuevo Día Mundial contra el Bullying, mirar hacia un costado no es opción. El bullying no es ni será una cosa de chicos, tampoco es algo que "siempre hubo y siempre habrá".

Como señala la licenciada en psicopedagogía María Zysman, fundadora de Libres de Bullying, el bullying no se apaga enseñándole a los chicos a defenderse, sino enseñándoles a no atacar. Y esa es una responsabilidad de todos.

Bullying, en primera persona

A. (cómo llamaremos a la adolescente afectada para preservar su identidad), comenzó a sufrir bullying en sexto grado. Primero fueron cartelitos en el banco; con el tiempo, la violencia fue escalando.

"El problema con mi nena empezó en sexto grado. Por política del colegio, a partir de ese año se hace un reagrupamiento entre los cursos y mezclan a todos con todos. De pronto los cambian, y del grupo de amigas con el que estabas antes, puede ser quedes con uno o dos, o con ninguno. A partir de ese momento inició todo", detalló a MDZ el padre de A.

La adolescente que hoy tiene 13 años, tiene interés en la cultura otaku. Aquello fue blanco para el bullying.

"Le empezaron a dejar mensajes en el banco que decían sucia, relacionado a la cultura otaku. Así siguieron los mensajes a lo largo de todo sexto grado. Ella era una persona muy tímida que no le gustaba exponer, de alguna manera empezó a tomar rencor. Se lo comió durante todo ese año", expresó.

Pero la situación "explotó" cuando pasó a séptimo grado, año de viaje de egresados y presentación de remera. Lo que para el común de los chicos significaba un año de alegrías y disfrute, para A. se transformó en malestar y sufrimiento.

"El punto culmine fue la presentación de las remeras. Ella no quería salir, no quería participar. Las maestras le ofrecieron salir de mascota, disfrazada, y aceptó. Ahí saltó una mamá en el grupo, en el que éramos como 70 personas, a cuestionar quiénes pagaban el alquiler de los trajes. Ahí les dije que mi nena quería salir con un traje porque hace más de un año que estaba sufriendo bullying por parte de sus compañeros", añadió el padre.

Si bien después de aquel mensaje varios padres se solidarizaron y ofrecieron su ayuda, finalmente A. decidió no participar de la presentación de las remeras.

Una más: ciberacoso

Con el correr de los días A. estaba cada vez más irritable y ya no quería ir al colegio; su carácter no era el mismo. Mientras la adolescente le planteaba a sus papás que quería cambiarse de institución, sus compañeros continuaban con los ataques. Esta vez, por medio de las redes sociales.

"Me manda un mensaje un día en la mañana con una foto, una caricatura hecha con inteligencia artificial. Uno de sus compañeros hizo una caricatura de una nena gordita, abajo escribió el nombre de mi hija y lo subió a las redes sociales", detalló.

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El ciberacoso es el uso de tecnologías digitales para atemorizar, enfadar o humillar a otras personas. Incluye difundir mentiras, publicar fotos vergonzosas o enviar amenazas.

Tras los hechos, la familia de A. pidió reunión urgente con los directivos para hablar de lo sucedido. En ese encuentro, las autoridades se "sorprendieron" con el alumno involucrado, pero prometieron "actuar inmediatamente".

Más allá del niño, los padres de A. consideraban que era importante hablar con la familia del chico involucrado. "Lo que más nos enojó a nosotros es que la mamá seguía a su hijo en redes y vio lo que publicó, sabía lo que estaba haciendo", dijo. "Le escribí yo al papá y le pedí que hablara con su hijo", sumó.

La educación empieza en la casa

Días más tarde, la madre del chico involucrado se comunicó con el papá de A., pero no fue para pedir disculpas, sino para pedirle un "favor".

"Me llamó y me dijo que desde el colegio le comunicaron que su hijo no iba a tener banco el año que viene, que lo iban a expulsar. Le expliqué que yo no pedí una sanción para el chico, sino que actuaran ellos como papás porque creía que esto venía de la casa. Me parece que no está bueno que un chico haga una caricatura de una nena gordita y las suba a las redes sociales", contó.

Tras idas y vueltas, el chico sigue en la institución, mientras que A. decidió cambiarse de colegio por el hostigamiento que sufrió durante meses.

El impacto del bullying

Según contó el padre de la niña, los cambios en ella fueron notables: estaba comhttps://www.mdzol.com/sociedad/maria-zysman-especialista-bullying-que-es-las-senales-y-que-no-sirven-las-multas-los-padres-n1455302pletamente irritable, se peleaba con sus hermanas, con la madre, con sus amigas de toda la vida, ya no quería asistir a las juntadas, tampoco al colegio.

"Imagínate una nena de 12 años que estaba entrando en la preadolescencia, que se hizo señorita, que estaba con todo el tema del viaje de egresados, que estaba totalmente irritable. Ya casi no podía hablar con ella. Estaba completamente enojada, fría, distante. Era muy complicado", expuso.

Por los hechos, la adolescente pidió cambiarse de escuela. Este año comenzó en una nueva institución y su padre asegura que hoy es otra persona: "Ahora le ves y está súper feliz, viene y te charla, te cuenta sus cosas. Es otra chica, cambió por completó. El cambio le hizo muy bien. Afortunadamente tuvo un final feliz, por así decirlo".

A. iba a un colegio privado religioso de Guaymallén. Su papá reconoce que el bullying no distingue edades ni clases sociales, y pide a los padres no quedarse callados, hacer los reclamos correspondientes y utilizar todos los canales disponibles con los que cuente la institución educativa.

"Los colegios hacen lo que pueden. Vos podés tener charlas, talleres, pero si en la casa no acompañás este tipo de acciones, no sirve de nada", concluyó.

Las señales de bullying y cómo actuar

Muchas veces el bullying se vive en silencio, con vergüenza y si no hay una familia o escuela presentes, el hostigamiento se puede perpetuar en el tiempo, al menos durante la edad escolar.

A pesar del silencio, hay ciertas señales que deben encender las alarmas de los padres para buscar ayuda y brindar contención a su hijo:

  • Cambios de humor
  • Cambios de hábitos
  • Cambios en el sueño
  • Cambios en la mirada
  • Cambios en la alimentación
  • No quiere ir a la escuela
  • Pierden útiles u objetos personales
  • Presenta golpes o arañazos
  • No tiene amigos
  • No quiere ir a cumpleaños ni juntadas

En el caso de identificar que un joven es víctima de bullying, desde Unicef recomiendan lo siguiente:

  • Escuchar a tu hijo abierta y tranquilamente: en vez de tratar de encontrar la causa del acoso o resolver el problema, centrarse en hacerle saber que es escuchado y apoyado.
  • Tranquilizarlo: mostrarle que sus palabras son reales y que se hará lo posible por ayudarlo.
  • Hablar con la escuela para que se apliquen los protocolos correspondientes.
  • Apoyar a tu hijo: para los menores, contar con el apoyo de su padre o madre es fundamental para lidiar con los efectos del acoso. Es importante hacerle saber que puede contar con su familia en cualquier momento y asegurarla que todo irá bien.