Cuidemos la cabeza de nuestros adultos mayores

Proliferan ofertas de tratamientos cognitivos y talleres de memoria. Debemos prestar atención porque no todos cumplen con las pautas debidas. 

cecilia ortiz

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En el marco de las segundas jornadas sobre enfermedad de Alzheimer que se llevaron a cabo en nuestra provincia el pasado viernes, se puso sobre el tapete un tema que merece preocupación, ocupación y seguimiento.

La antigua concepción acerca del envejecer y del envejecer con una enfermedad crónica conducía a pensar que, llegados a cierta edad, había que resignarse, dedicar los días a simplemente ver pasar la vida y apoltronarse en los recuerdos de los años dorados.

Gracias al descubrimiento de la plasticidad neuronal, o neuroplasticidad, que es la capacidad que tiene nuestro cerebro de crear redes neuronales a partir de nuevas experiencias, el panorama cambió.

Ahora sabemos que un cerebro “en movimiento”, que está constantemente estimulado, puede dar batalla a los embates del envejecimiento y retrasar sus consecuencias en las capacidades cognitivas.

Así, empezó a gestarse un cambio de paradigma en la concepción de la vejez, tanto, que hoy hablamos del buen envejecer, de adultos activos, que pueden aprender y construir nuevos saberes, dando rienda suelta a su imaginación y creatividad.

Los recursos conocidos como talleres de memoria o de estimulación cognitiva, son dispositivos creados para ayudar a los pacientes a ejercitar su cerebro con la finalidad de estabilizar algunas funciones cognitivas y lentificar el proceso de deterioro.

Consecuentemente, existe una fundamentación teórica y una finalidad terapéutica. Los programas de entrenamiento cerebral tienen una metodología científica, y, por lo tanto, procedimientos que deberían seguirse para asegurar que el tratamiento sea eficaz.

En primer lugar, quien está a cargo de impartir el curso debe tener formación en neurología. Es sencillo, si vamos a trabajar con un cerebro, deberíamos conocer sobre neuronas, sinapsis, neurotransmisores y patología cerebral. El título de psicólogo, fonoaudiólogo, psicopedagogo, solamente, no habilita para conducir un programa de estimulación cognitiva. ¿O usted llevaría a su hijo a un colegio en el que los directivos no fueran maestros?

Para ser efectivo, un programa de estimulación debe comenzar con una evaluación exhaustiva del perfil neuropsicológico de los integrantes, si no, ¿cómo sabremos qué áreas necesitan reforzarse y cuáles no? Por otro lado, la evaluación ayuda a nivelar los grupos de trabajo.

Estimular cognitivamente a un adulto mayor no significa dar una sopa de letras, un crucigrama o unas cuentas. Debe saberse qué función o funciones están deterioradas, cuáles no, qué objetivo terapéutico habrá y cuál ejercitación será la más conveniente para hacerlo. Las actividades utilizadas deben ser específicas para cada persona que integre el programa.

Otro aspecto importante es emparejar los grupos. No persigue fines terapéuticos mezclar niveles de alteración. La escolaridad está dividida en grados por edad, ¿no? Esto es porque, de acuerdo al nivel evolutivo, los niños estarán más preparados para incorporar ciertos conceptos. Lo mismo ocurre con los adultos mayores. De acuerdo al tipo y características de la alteración, diferentes capacidades de asimilar. Entonces, bajo ningún punto de vista debe conformarse un grupo con personas sanas y/o con pacientes con diferentes patologías o niveles de deterioro.

Según diferentes especialistas, las condiciones necesarias que deben reunir los profesionales que administran programas o talleres de estimulación cognitiva son:

- Formación y/o especialización neuropsicológica y/o gerontológica

- Experiencia demostrada en trabajo con adultos mayores

- Formación en aplicación de tests neuropsicológicos y escalas psicogeriátricas

Cada programa debería contar con:

- Discriminación minuciosa de los objetivos a los que se apunta

- Aplicación sistematizada de técnicas

- Administración de ejercitación de manera gradual y adaptada a las necesidades individuales de cada paciente: “cortada a medida”

- Consideración de “funciones específicas” según un modelo teórico

En nuestra provincia existen infinitos dispositivos que intentan estimular el cerebro de nuestros ancianos. Que cumplan con las características mencionadas, muy pocos. Hay algunos de índole particular y a nivel estatal, OSEP tiene un programa, dirigido por la Lic. Viviana Lasagni y la Dra. Paula Fachinelli, que están organizados bajo las directivas estipuladas.

Cuidemos la salud de nuestros mayores. El cerebro es un órgano preciso y sensible que requiere ser debidamente abordado. Muchas prácticas no diagramadas como se debe, resultan ser iatrogénicas.

El respeto por los ancianos debería ser el lema principal, y el honrar su dignidad y sus derechos, la base de cualquier plan de acción en salud. Para pensarlo. 

Lic. Cecilia C. Ortiz / Neuropsicóloga / licceciortizm@gmail.com

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