¿Cómo imaginan los adolescentes su futuro laboral?
Un informe reveló que el 52% no logra imaginar qué trabajo tendrá de adulto, en un contexto marcado por crisis e incertidumbre.
“¿Cómo imaginan los adolescentes su futuro laboral?”
Archivo.La pregunta parece simple, pero detrás de ella se esconde una de las mayores preocupaciones sociales y educativas de nuestro tiempo: ¿qué horizonte ven los adolescentes cuando piensan en su vida adulta? Un reciente informe de Argentinos por la Educación encendió una señal de alarma al revelar que más de la mitad de los jóvenes argentinos no logra imaginar con claridad cuál será su futuro laboral.
El estudio, titulado “¿Cómo imaginan los adolescentes su futuro laboral?”, fue elaborado por Guillermina Laguzzi, Juan Bonnin, Martín Nistal y Eugenia Orlicki a partir de los datos de las pruebas PISA 2022. Allí se analizó qué respondieron estudiantes de 15 años cuando se les preguntó qué trabajo esperaban tener a los 30 años. El resultado sorprendió incluso a los especialistas: el 52% no pudo identificar una ocupación concreta para su adultez. La cifra adquiere todavía mayor gravedad cuando se compara con años anteriores. En 2018, el porcentaje de adolescentes con incertidumbre laboral era del 22%.
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Aunque el fenómeno también se observa en otros países, Argentina supera ampliamente el promedio de la OCDE, donde el índice alcanza el 39%. El informe no interpreta esta situación como un problema individual de “falta de vocación”, sino como el reflejo de una época marcada por la inestabilidad económica, la precarización laboral y el debilitamiento de las certezas sociales. En otras palabras, los adolescentes no sólo responden desde sus deseos, sino desde el clima cultural y económico que perciben diariamente en sus hogares, en la escuela y en las redes sociales.
La imposibilidad de proyectarse aparece ligada a una experiencia concreta del presente. Muchos jóvenes crecieron viendo a sus familias atravesar crisis económicas, pérdida de empleo, informalidad laboral y salarios insuficientes. Según especialistas citados en distintas repercusiones del informe, la incertidumbre no nace necesariamente de la apatía juvenil, sino de la sensación de que el esfuerzo ya no garantiza estabilidad. En este contexto, el futuro deja de percibirse como una promesa y comienza a vivirse como una incógnita. La clásica idea de estudiar para “asegurarse un porvenir” perdió fuerza entre muchos adolescentes que observan profesionales subempleados, trabajadores informales y carreras universitarias largas con escasas garantías de inserción laboral.
Los jóvenes experimentaron las crisis de sus familias
Las desigualdades sociales también aparecen con fuerza en el estudio. Los jóvenes de sectores vulnerables muestran mayores niveles de incertidumbre respecto de su futuro profesional. La diferencia no sólo se explica por el acceso desigual a oportunidades educativas, sino también por la menor exposición a experiencias laborales diversas y a referentes profesionales dentro de sus propios entornos familiares y sociales. El informe señala además una relación entre desempeño académico y claridad vocacional. Los estudiantes con mejores resultados educativos suelen expresar proyectos laborales más definidos. Esto vuelve a colocar a la escuela en el centro del debate: no únicamente como espacio de transmisión de conocimientos, sino también como ámbito capaz de ayudar a construir sentido, identidad y proyecto de vida.
El panorama no es completamente homogéneo
Entre quienes sí logran imaginar una ocupación concreta, aparecen tendencias muy marcadas. En las mujeres predominan profesiones tradicionales vinculadas al cuidado y a las ciencias sociales: médica, psicóloga y abogada encabezan las respuestas. Entre los varones sobresalen deportista, ingeniero y profesional tecnológico. Otro dato llamativo es la baja diversidad de aspiraciones. El 60% de los estudiantes argentinos concentra sus respuestas en apenas diez profesiones, mientras que a nivel internacional ese porcentaje es mucho menor. Esto podría indicar un conocimiento limitado sobre el universo laboral contemporáneo y las nuevas profesiones emergentes vinculadas a la tecnología, el ambiente, la economía digital o las industrias creativas.
La investigación también dialoga indirectamente con un fenómeno global: la transformación acelerada del trabajo a partir de la inteligencia artificial y la automatización. Distintos estudios internacionales muestran que muchos jóvenes perciben que el mercado laboral del futuro será más inestable y competitivo que el de generaciones anteriores. Esa percepción alimenta una ansiedad creciente frente a decisiones vocacionales que parecen cada vez más inciertas.
A esto se suma otro rasgo generacional
Los adolescentes actuales crecieron en un mundo hiperconectado, con acceso permanente a redes sociales donde conviven discursos de éxito instantáneo, influencers millonarios, precarización laboral y frustración colectiva. El trabajo ya no aparece únicamente como una construcción de largo plazo, sino también como algo fragmentado, cambiante y muchas veces efímero. En foros y redes sociales, las reacciones al informe muestran precisamente esa mezcla de ironía, desencanto y angustia. Algunos usuarios relativizan la importancia de definir una vocación a los 15 años; otros señalan que la incertidumbre no es un problema adolescente sino social. “¿Cómo proyectás algo que no podés controlar?”, preguntaba un comentario viral. Lejos de los estereotipos que describen a los jóvenes como desinteresados o apáticos, el informe parece mostrar una generación atravesada por preguntas profundas sobre el sentido del esfuerzo, el valor del estudio y las posibilidades reales de construir estabilidad en un contexto cambiante.
Por eso, el debate excede ampliamente la orientación vocacional escolar. La discusión interpela al sistema educativo, al mercado laboral y también a la dirigencia política y económica. ¿Qué futuro ofrece hoy la sociedad a sus adolescentes? ¿Cómo acompañar a quienes sienten que proyectarse resulta cada vez más difícil? ¿Qué herramientas necesitan las escuelas para ayudar a construir horizontes posibles?
Tal vez el dato más inquietante del informe no sea solamente que el 52% de los adolescentes no pueda imaginar su trabajo futuro, sino que muchos de ellos tampoco logren imaginar un futuro estable, previsible y esperanzador. Y allí aparece uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo: devolverle a las nuevas generaciones la posibilidad de pensar el mañana no desde el miedo, sino desde la esperanza.
* Mg. Juan Manuel Ribeiro, especialista en educación.