Presenta:

Cómo está la infraestructura hídrica de Mendoza para enfrentar al Súper Niño

Mendoza cuenta con presas, colectores y un sistema de cauces construido durante décadas, pero el crecimiento urbano y la impermeabilización del suelo plantean nuevos desafíos ante la posibilidad de lluvias más intensas.

Mendoza cuenta con presas, colectores y canales construidos durante décadas, pero el crecimiento urbano y la impermeabilización del suelo plantean nuevos desafíos ante lluvias intensas.

Mendoza cuenta con presas, colectores y canales construidos durante décadas, pero el crecimiento urbano y la impermeabilización del suelo plantean nuevos desafíos ante lluvias intensas.

ALF PONCE MERCADO / MDZ

Mendoza tiene una infraestructura hídrica que comenzó a desarrollarse hace más de un siglo y que fue adaptándose al crecimiento de la provincia. Presas, colectores aluvionales, canales, acequias y desagües forman parte de una red que busca conducir el agua y reducir el impacto de las crecidas.

Sin embargo, la posibilidad de que el fenómeno del Super Niño alcance una intensidad importante durante los próximos meses volvió a poner el foco sobre la capacidad de ese sistema para enfrentar tormentas fuertes.

La pregunta no es solamente si Mendoza tiene obras suficientes, sino cómo funciona actualmente esa infraestructura, qué sectores presentan mayores dificultades y cuánto cambió el territorio desde que muchas de esas obras fueron construidas.

El ingeniero hidráulico Marcelo Toledo, profesor titular de Hidrología y Obras Hidráulicas de la UTN y coordinador técnico del Plan Hídrico de Mendoza, analizó con MDZ el estado del sistema y explicó por qué el crecimiento urbano modificó las condiciones para las que fueron diseñadas algunas de las estructuras.

Mendoza tiene una red de defensa construida durante décadas

La provincia tiene una extensa red de obras aluvionales e hídricas, aunque especialistas advierten que el crecimiento de las ciudades cambió las condiciones para las que fueron diseñadas.

La provincia tiene una extensa red de obras aluvionales e hídricas, aunque especialistas advierten que el crecimiento de las ciudades cambió las condiciones para las que fueron diseñadas.

Toledo recordó que la provincia tiene una larga tradición de manejo hidráulico y aluvional. Desde los antiguos zanjones hasta las grandes obras construidas durante el siglo XX, Mendoza fue desarrollando distintas herramientas para controlar el agua.

Uno de los sistemas más importantes es el de las obras aluvionales del Piedemonte, que incluyen presas y colectores destinados a contener y conducir las crecidas hacia el sistema de desagüe.

Según el especialista, esa infraestructura permitió alcanzar un determinado nivel de seguridad hidrológica en el sector norte y central del Piedemonte.

Entre las obras de regulación mencionó las construidas desde las décadas de 1930 y 1940 y la presa Frías, que colapsó en 1970.

La existencia de estas obras no significa que el riesgo haya desaparecido. Por el contrario, Toledo remarcó que requieren mantenimiento, seguimiento y limpieza permanente para conservar su capacidad.

El problema no es solamente la cantidad de agua

El fenómeno del Super Niño podría traer tormentas más intensas a Mendoza y vuelve a poner el foco en la prevención y el riesgo de inundaciones.

El fenómeno del Super Niño podría traer tormentas más intensas a Mendoza y vuelve a poner el foco en la prevención y el riesgo de inundaciones.

Uno de los puntos centrales planteados por Toledo es que una obra puede estar funcionando correctamente y, aun así, el sistema completo presentar dificultades.

El ejemplo más claro aparece cuando se analiza una tormenta sobre la ciudad. Las calles mendocinas funcionan como parte del sistema de escurrimiento superficial y el agua debe desplazarse hacia colectores y cauces. “Las calles son calles-canal”, explicó el especialista.

Por eso, una lluvia intensa puede generar acumulaciones de agua en determinados sectores aun cuando las grandes presas y obras aluvionales estén funcionando correctamente.

El crecimiento de la ciudad también modificó el comportamiento del agua. La expansión urbana reemplazó superficies naturales y agrícolas por viviendas, calles y pavimento, reduciendo la capacidad de infiltración del terreno.

Esto provoca que una mayor cantidad de agua llegue en menos tiempo a los sistemas de conducción.

El Piedemonte norte tiene una mayor estructura de regulación

El mantenimiento de canales y colectores es una de las tareas preventivas frente a las tormentas.

El mantenimiento de canales y colectores es una de las tareas preventivas frente a las tormentas.

Toledo marcó una diferencia entre los distintos sectores del Piedemonte. En el sector norte y central existe un sistema de presas y colectores que permite regular parte de las crecidas. Según explicó, allí se cuenta con una estructura de control que fue desarrollándose durante décadas.

La situación es diferente en el denominado Piedemonte sur, donde existen colectores y obras de conducción, pero no el mismo nivel de regulación mediante presas. Esto hace que determinados sectores puedan recibir caudales importantes durante una tormenta.

Para el especialista, una de las tareas que debe mantenerse de manera permanente es el seguimiento de esas estructuras y la limpieza de los embanques y sedimentos que puedan reducir su capacidad.

La necesidad de actualizarse ante a una ciudad que creció

Uno de los desafíos aparece en los colectores construidos cuando Mendoza tenía una configuración urbana muy diferente.

Toledo puso como ejemplo al colector Ciruelos, una estructura cuya capacidad responde a condiciones de diseño de otra época y que actualmente debe trabajar frente a una ciudad mucho más extensa y con mayor superficie impermeabilizada.

El problema se profundiza en los sectores donde el agua llega desde distintos puntos y los colectores deben conducirla hacia zonas de descarga.

Por eso, una de las estrategias que plantea el especialista es aumentar la capacidad de determinados colectores y, al mismo tiempo, generar nuevas herramientas para evitar que todo el volumen de agua llegue simultáneamente a los puntos finales.

Retener e infiltrar el agua antes de que llegue abajo

La ingeniería hidráulica moderna ya no apunta solamente a construir canales cada vez más grandes. Toledo planteó la necesidad de incorporar soluciones de retención e infiltración que permitan disminuir el volumen de agua que circula rápidamente por el sistema.

La idea es aprovechar espacios públicos, sectores disponibles y determinadas áreas sin urbanizar para retener temporalmente el agua y permitir que parte de ella se infiltre. Esto puede reducir los caudales máximos que llegan a los colectores y, por lo tanto, disminuir la presión sobre los puntos más vulnerables.

El desafío es especialmente importante en una provincia donde la urbanización avanzó sobre terrenos que originalmente formaban parte de áreas agrícolas.

Guaymallén y Lavalle los puntos más complejos

Las calles de Los Corralitos inundadas por agua servida por los desbordes cloacales

Según Toledo, uno de los sectores que merece mayor atención es el tramo final del sistema hidráulico, hacia zonas bajas del este y noreste provincial. Allí confluyen aportes provenientes de diferentes sectores y se combinan el agua de lluvia, los escurrimientos urbanos y, en algunos casos, el agua vinculada con la red de riego.

El especialista mencionó particularmente sectores de Colonia Segovia, Corralitos, Lavalle y áreas de Guaymallén, donde la acumulación de diferentes aportes puede generar situaciones complejas. En esos lugares, construir una nueva obra aislada no necesariamente resuelve el problema. Se necesita analizar todo el recorrido del agua, desde el lugar donde precipita hasta el punto donde finalmente descarga.

¿Qué ocurre con los nuevos barrios del Piedemonte?

El crecimiento urbano sobre el Piedemonte suele aparecer como uno de los principales riesgos cuando se habla de inundaciones y aluviones.

Sin embargo, Toledo planteó un matiz: no necesariamente se trata del sector más difícil de resolver. Según explicó, en las zonas altas todavía existe mayor margen para aplicar soluciones de ingeniería, sistemas de retención e infiltración y obras que eviten que los nuevos desarrollos aumenten el caudal que termina desplazándose hacia abajo.

El verdadero desafío aparece cuando la urbanización se consolida en terrenos bajos que originalmente tenían una función agrícola o estaban integrados a un sistema de riego. En esos lugares, modificar la infraestructura resulta mucho más complejo porque ya existen viviendas, calles y redes de servicios.

La coordinación también forma parte de la infraestructura

Sergio Marinelli, superintendente del Departamento General de Irrigación, explicó a MDZ que el organismo trabaja con información sobre la cantidad de agua disponible y realiza pronósticos por cuenca para planificar el manejo hídrico. Pero ante una tormenta puntual, la información de largo plazo no alcanza.

La evolución de las temperaturas, la ubicación de las tormentas y la cantidad de lluvia que puede caer en pocas horas son variables que deben seguirse mediante pronósticos de corto plazo.

En ese punto aparece la nueva estructura de monitoreo meteorológico provincial y la necesidad de que esa información llegue rápidamente a los organismos que deben tomar decisiones. Marinelli planteó un esquema en el que la alerta meteorológica se transforma en una serie de acciones concretas: revisar cauces, disponer maquinaria, coordinar con los municipios y determinar qué sectores necesitan intervención.

Una infraestructura que funciona, pero que necesita seguir adaptándose

Toledo fue contundente al describir el estado general del sistema: Mendoza no parte de cero ni carece de infraestructura hidráulica. La provincia tiene una red construida durante décadas y que permitió afrontar numerosas crecidas y tormentas.

El problema es que el territorio para el que fueron diseñadas muchas de esas obras ya no es el mismo.La población creció de manera exponencial, aumentaron las superficies urbanizadas y se impermeabilizaron terrenos que anteriormente absorbían parte del agua.

Por eso, el desafío hacia adelante no pasa únicamente por construir grandes obras nuevas. También implica mantener las existentes, aumentar la capacidad de algunos colectores, incorporar sistemas de retención e infiltración y, sobre todo, planificar el crecimiento urbano teniendo en cuenta por dónde va a circular el agua.

El fenómeno del Super Niño vuelve a poner esa discusión sobre la mesa. Si finalmente aumentan la frecuencia o intensidad de las tormentas, la respuesta de Mendoza dependerá tanto de sus grandes presas y colectores como de la capacidad de todo el sistema para trabajar coordinadamente.