Casas, calles y recuerdos: las huellas de Julio Cortázar por Mendoza y el breve anticipo de un gigante de la literatura
Aunque sus casas ya no están, las calles sí. Julio Cortázar en Mendoza vivió un período clave de su formación, amistad y vida universitaria.
Las calles de Mendoza donde empezó el Cortázar que conocemos.
Rodrigo D'Angelo / MDZLas direcciones todavía están en Mendoza, aunque no siempre las casas. Podemos hacer un intento de reconstruir un tramo decisivo en la vida de un joven que luego sería una de las figuras más importantes de la literatura latinoamericana: Julio Cortázar.
Entre 1944 y comienzos de 1946 transitó tres puntos concretos: una pensión en Necochea, donde ahora hay un depósito de una conocida cadena de supermercados; luego una vivienda en Las Heras y Castelli de Godoy Cruz; y finalmente, se fue a una residencia en calle Martínez de Rozas de Ciudad.
Cortázar llegó el 8 de julio de 1944, con 29 años, proveniente de Buenos Aires, tras desempeñarse como profesor de secundaria en Chivilcoy. Su objetivo era integrarse como profesor en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo, una institución reciente, todavía en construcción académica y atravesada por tensiones internas. Gran parte de esta información puede verse en el documental original de Acequia disponible en YouTube: "Cortázar en Mendoza".
Julio Cortázar, profe de una universidad plagada de tensiones
Mendoza era más pequeña, con una UNCuyo reciente y un ambiente todavía en construcción. La Facultad de Filosofía y Letras, ubicada entonces en las inmediaciones de Rivadavia y 9 de Julio, le ofreció lo que venía buscando: dejar de enseñar Instrucción Cívica en la secundaria y dar el salto a la docencia universitaria. “Pasar de un medio de enseñanza secundaria a universitario, para mí era una cosa muy hermosa”, recordaría tiempo después, entrevistado en una televisión todavía en blanco y negro.
Sus clases, centradas en la literatura francesa, dejaron una marca en quienes lo escucharon. Pero ese entusiasmo convivía con tensiones. El poder dentro de la universidad estaba en disputa entre conservadores y nacionalistas, en un contexto previo al surgimiento del peronismo —aún inexistente como movimiento político organizado —.
En ese escenario, Cortázar optó por una posición política independiente y se alineó con docentes y estudiantes que reclamaban mayor participación en las decisiones. Incluso participó de episodios como la toma de la facultad por parte de docentes y estudiantes, donde llegó a ser detenido por la policía y encerrado en un calabozo. La situación se tornó cada vez más tensa entre las autoridades universitarias, lo cual terminó en el desgaste y fin de su vínculo con la UNCuyo.
La “Casa tomada"
En paralelo a su actividad docente, Cortázar atravesaba una etapa de intensa producción y revisión literaria. En ese contexto se inscribe “Casa tomada”, uno de sus cuentos más emblemáticos. Si bien fue publicado en Bestiario en 1951, recientemente se descubrió que fue tipeado en 1945 en Mendoza por Gladys Adams, esposa del artista de dibujo y grabado Sergio Sergi.
La datación resulta relevante porque permite reubicar interpretaciones que vincularon el cuento con el peronismo: al estar fechado antes de octubre de 1945, esa lectura queda relativizada y el propio Cortázar admitiría más tarde la validez de múltiples interpretaciones, pero sin atribuirle una intención política directa en su origen. Él mismo cuenta, entrevistado en la televisión, aún en blanco y negro, que se trató de un sueño el cuál escribió "de un tirón", dando cuenta de la pasión por lo onírico en su literatura.
"Mendoza, te quiero"
Más allá de ese episodio, la experiencia mendocina aparece como un punto de inflexión. Allí consolidó su identidad autoral —abandonando el seudónimo Julio Denis— y profundizó una red de vínculos culturales que incidieron en su obra.
Esa marca también se refleja en la carta que escribió en 1973, durante su regreso para visitar a sus amistades en la provincia, donde sintetiza el vínculo afectivo construido en aquel año y medio: “Te busqué Mendoza porque te quiero desde muy lejanos tiempos… como si 28 años no hubieran pasado por tus calles y por mi cara”. La evocación de “las acequias rumorosas” y del paisaje cordillerano confirma que, más allá de su brevedad, la estadía dejó una huella persistente.
Entre las calles que pisamos día a día, ocurrieron cosas como el despliegue clave de una etapa breve pero decisiva. El momento exacto en que Cortázar dejó de ser una promesa y empezó a convertirse en... Cortázar.