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Así será el futuro del auto inteligente, ¿qué pasará cuando el auto empiece a decidir por nosotros?

El futuro de la industria automotriz no ocurrirá solamente debajo del capó: también transformará la propiedad, el trabajo y nuestra manera de movernos.

El futuro de los autos no es solo hibridación, también tiene inteligencia artificial y gestión de datos.

El futuro de los autos no es solo hibridación, también tiene inteligencia artificial y gestión de datos.

El futuro del auto inteligente plantea una escena tan fascinante como incómoda: vehículos que sepan adónde vamos, anticipen una falla, aprendan cómo conducimos y decidan cuándo deben frenar, recargarse o visitar un taller. Lo que durante más de un siglo fue una máquina para trasladarnos podría convertirse en un sistema capaz de observar, interpretar y actuar.

El gran salto, por lo tanto, no consiste únicamente en cambiar un tanque de combustible por una batería. El automóvil empieza a comportarse como una plataforma digital: recibe actualizaciones, produce datos y puede mejorar después de haber sido comprado. En su versión más avanzada, podría dejar a su dueño en el trabajo, salir a prestar un servicio sin nadie a bordo y regresar a buscarlo. Mientras tanto, su software coordinará una revisión, verificará sus componentes y elegirá el mejor momento para recargarse.

Ese escenario todavía está lejos de las calles argentinas, pero condensa varias transformaciones que ya están en marcha. En una entrevista con Future Talks, Sebastián Trotta, director de Marketing y Ventas de Ford Argentina, planteó que el automóvil atraviesa una revolución cuya particularidad no es solo la magnitud del cambio, sino su velocidad.

Mirá la entrevista completa a Sebastián Trotta

Conversamos con Sebastián Trotta, director de Marketing y Ventas de Ford Argentina, sobre el futuro del auto inteligente.

El futuro del auto inteligente comienza con los datos

Un automóvil moderno puede registrar la presión de los neumáticos, el estado del aceite, la ubicación, el kilometraje, la forma de conducción y el uso de diferentes sistemas. Esa información permite detectar problemas antes de que se conviertan en una falla, recomendar un mantenimiento o adaptar determinadas funciones a las costumbres del conductor. Por eso, la inteligencia de un vehículo ya no se mide únicamente por su capacidad para estacionar solo o mantener la distancia en una ruta. También depende de cuánto puede comprender lo que sucede, anticipar una necesidad y mejorar después de haber sido comprado.

Trotta lo definió como “una plataforma viva de comunicación e información”. La idea modifica una regla histórica de la industria: el auto ya no queda tecnológicamente terminado cuando sale de la fábrica. Si una función depende del software, puede corregirse o perfeccionarse mediante una actualización remota, de un modo parecido a lo que ocurre con un teléfono.

Esa evolución abre una pregunta inevitable: ¿hasta dónde queremos que el automóvil nos conozca? La personalización puede hacer la conducción más cómoda y segura, pero también genera información sensible sobre rutinas, recorridos y hábitos. El desafío no consiste solo en proteger esos datos, sino en determinar quién puede utilizarlos, con qué finalidad y bajo qué consentimiento.

La inteligencia artificial puede destrabar la conducción autónoma

Durante años, la industria anunció que los vehículos completamente autónomos estaban cerca. Sin embargo, manejar no consiste únicamente en reconocer señales o mantenerse dentro de un carril. Una esquina sin semáforo, una bicicleta que aparece de manera imprevista o un peatón que duda antes de cruzar exigen interpretar gestos y situaciones ambiguas que las personas resuelven casi sin advertirlo.

La inteligencia artificial generativa vuelve a impulsar esa carrera porque puede procesar contextos más complejos y no limitarse a seguir una instrucción rígida. Aun así, la tecnología deberá convivir durante años con conductores humanos, calles mal señalizadas y reglas distintas en cada ciudad. Además, queda por resolver una cuestión jurídica decisiva: cuando un vehículo autónomo provoca un accidente, ¿responde su propietario, el fabricante, la empresa que desarrolló el software o la aseguradora? El avance técnico, por sí solo, no puede contestar esa pregunta.

Conversamos con Sebastián Trotta, director de Marketing y Ventas de Ford Argentina, sobre el futuro del auto inteligente.

Conversamos con Sebastián Trotta, director de Marketing y Ventas de Ford Argentina, sobre el futuro del auto inteligente.

Cuando tener un auto deje de ser indispensable

La autonomía también podría cambiar la propiedad. Hoy la mayoría de los vehículos particulares permanecen estacionados gran parte del día. Si pudieran desplazarse sin conductor, su nivel de utilización aumentaría de manera drástica: un mismo auto podría servir a distintas personas, alquilarse por horas o generar ingresos mientras su propietario no lo necesita.

Esto no implica necesariamente el fin del auto propio. En países extensos y con una fuerte cultura automotriz, conducir conserva un componente de libertad y disfrute difícil de reemplazar. Lo probable es que convivan diferentes relaciones con el vehículo: propietarios tradicionales, suscripciones, alquileres prolongados y servicios bajo demanda.

La pregunta de fondo ya no es solamente qué auto elegiremos, sino si necesitaremos comprar uno. Y si los sistemas autónomos llegan a equivocarse mucho menos que las personas, podría aparecer una discusión todavía más incómoda: si la conducción humana deberá limitarse en las zonas urbanas más densas o sensibles.

Argentina tendrá una transición más gradual

El futuro del automóvil tampoco avanzará al mismo ritmo en todos los mercados. En la Argentina, las grandes distancias, la infraestructura de carga y los tiempos necesarios para recuperar una inversión condicionan la adopción de vehículos eléctricos puros. Por eso, los híbridos aparecen como una tecnología de transición especialmente relevante. Permiten reducir el consumo y utilizar energía eléctrica sin depender por completo de una red de cargadores. Para recorridos urbanos puede resultar viable un eléctrico puro; para viajes largos o usos intensivos, la combinación de motores todavía ofrece mayor flexibilidad.

Trotta estimó que deberán pasar “cinco o seis años, e incluso más” para que los eléctricos puros alcancen una participación significativa en el parque automotor argentino. La tecnología puede avanzar con rapidez, pero las rutas, los cargadores y la red energética necesitan otros plazos.

Conversamos con Sebastián Trotta, director de Marketing y Ventas de Ford Argentina, sobre el futuro del auto inteligente.

Conversamos con Sebastián Trotta, director de Marketing y Ventas de Ford Argentina, sobre el futuro del auto inteligente.

La fábrica también se convierte en una empresa de datos

El cambio no termina dentro del vehículo. Las plantas incorporan robots colaborativos, visión artificial, sensores y sistemas capaces de analizar el proceso productivo en tiempo real. Algunas tareas físicas desaparecen, pero surgen otras relacionadas con la interpretación de información, la programación y el control de sistemas automatizados.

El trabajador automotriz del futuro necesitará comprender mecánica, electrónica, software y datos. También deberá evaluar recomendaciones producidas por inteligencia artificial y detectar cuándo una respuesta automática es incorrecta. La adaptación y el pensamiento crítico pueden volverse tan importantes como una destreza técnica específica.

Esta reconversión presenta una oportunidad para la Argentina, pero también una advertencia. Competir ya no dependerá únicamente de fabricar vehículos con eficiencia. Será necesario formar personas capaces de trabajar en una industria donde una parte creciente del valor se genera mediante algoritmos, conectividad y servicios digitales.

Un automóvil que aprende incluso después de ser vendido

En 2040, el cambio más visible podría ser la desaparición progresiva del conductor en determinadas situaciones. Pero la transformación más profunda será menos evidente: el automóvil dejará de ser un objeto estático. Podrá actualizarse, aprender del uso, coordinar su mantenimiento, comunicarse con otros sistemas y decidir cuándo conviene circular o permanecer detenido. Incluso es posible que cada persona se relacione con él a través de un agente de inteligencia artificial encargado de negociar servicios, turnos y costos.

“Mi agente se comunicará con un agente del vehículo y entre ambos decidirán qué necesita el auto, cuándo corresponde hacer el mantenimiento y qué día pueden retirarlo”, anticipó Trotta. Durante más de cien años, la gran promesa del automóvil fue llevarnos a donde quisiéramos. La próxima podría ser mucho más ambiciosa: entender qué necesitamos antes de que tengamos que pedirlo. Y, a partir de allí, transformar no solo la manera de conducir, sino también nuestra relación con la propiedad, el trabajo y las ciudades.