Presenta:

Celulares en las aulas: los datos que explican la restricción y la inesperada coincidencia con el mensaje del papa León XIV

El celular ya forma parte de la vida cotidiana de chicos y adolescentes. Qué dicen los datos y por qué escuelas y familias buscan poner límites claros.

Desde este ciclo lectivo, aplica el protocolo porteño de “aulas libres de celulares”.

Desde este ciclo lectivo, aplica el protocolo porteño de “aulas libres de celulares”.

Archivo MDZ

Desde este ciclo lectivo, aplica el protocolo porteño de “aulas libres de celulares”. Los datos que lo motivaron, la coincidencia inesperada con la primera encíclica del papa León XIV y una pregunta que atraviesa a todas las familias: ¿cómo acompañamos a nuestros hijos e hijas en un mundo hiperconectado?

Nueve años. Esa es, según la última Encuesta Kids Online Argentina de Unicef (2025), la edad promedio en la que un niño o una niña accede a su primer dispositivo digital personal. A los 17, el 95% de los adolescentes argentinos ya tiene un celular propio con conexión a internet. Ese dato, que hace apenas una década hubiera sonado exagerado, es hoy el punto de partida de una de las decisiones educativas más comentadas —y más respaldadas por evidencia— de los últimos años: prohibir el uso del celular durante las horas de clase.

La medida no es una ocurrencia local. Desde 2024, la Ciudad de Buenos Aires regula el uso de dispositivos digitales personales en las escuelas a través de la Resolución N.° 2075-GCABA-Medgc, y este año profundizó esa política con un nuevo Anexo —“Marco de regulación para aulas libres de celulares inteligentes y dispositivos digitales personales” (2026)— que establece, sin matices, que durante el dictado de clases no está permitido el uso de celulares ni de otros dispositivos digitales personales, ni para los/las estudiantes ni para los/las docentes.

El 95% de los adolescentes argentinos ya tiene un celular propio con conexión a internet.

El 95% de los adolescentes argentinos ya tiene un celular propio con conexión a internet.

Lo que dicen los datos

La decisión no surgió de la nada. Detrás de ella hay una acumulación de evidencia, local e internacional, que empezó a resultar difícil de ignorar.

En números

  • El 95% de los chicos y chicas de 9 a 17 años tiene celular propio con conexión a internet; la edad promedio de acceso al primer dispositivo es de 9 años (Unicef, 2025).
  • En la escuela secundaria porteña, el 94% de los/las estudiantes lleva el celular todos los días y 3 de cada 10 lo usan 5 horas o más por día durante la semana (Fepba/Tesba, 2025).
  • 5 de cada 10 estudiantes dicen que quieren dejar de usar el celular y no pueden; 8 de cada 10 sienten que el uso les afecta el sueño (Fepba/Tesba, 2025).
  • El 54% de los adolescentes argentinos de 15 años reconoce distraerse por el uso de dispositivos digitales en clase, y ese grupo obtiene en promedio puntajes más bajos en las pruebas PISA (OCDE, 2023).
  • En las escuelas que ya aplicaron la regulación, más del 60% de directivos y docentes de Primaria notó mayor interacción cara a cara entre estudiantes y menos llamados de atención (Ueicef, 2025).
Desde 2024, la Ciudad de Buenos Aires regula el uso de dispositivos digitales personales en las escuelas.

Desde 2024, la Ciudad de Buenos Aires regula el uso de dispositivos digitales personales en las escuelas.

Una coincidencia inesperada: qué dice el papa León XIV

En mayo de este año, el papa León XIV publicó su primera encíclica, Magnifica Humanitas, dedicada a la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Aunque su tema central es la IA, el documento dedica varios pasajes al vínculo entre los niños, los adolescentes y los dispositivos digitales, y llega a una conclusión que —sin haberlo buscado— coincide punto por punto con la política que hoy aplican las escuelas porteñas.

“Toda tecnología educa a quien la utiliza.” León XIV, Encíclica Magnifica Humanitas, n.º 140

Con esa frase, el Papa introduce una idea central de la encíclica: ninguna tecnología es neutral, y aprender a usarla bien incluye aprender cuándo no usarla. “Educar en el uso de la IA implica educar para decidir cuándo y para qué no utilizarla”, sostiene en el mismo párrafo (León XIV, Magnifica Humanitas, n.º 140).

Sobre el impacto específico del acceso temprano a un celular propio, es todavía más directo: “la literatura psicológica y psiquiátrica ha documentado con creciente insistencia cómo una exposición precoz y sin supervisión a los dispositivos digitales y a las redes sociales puede afectar negativamente al sueño, a la atención, a la regulación emocional y a las relaciones, especialmente en las edades más vulnerables, con consecuencias a veces dramáticas”. Y agrega: “tener un teléfono móvil personal demasiado pronto y utilizarlo sin el control de los adultos puede acentuar la fragilidad y favorecer las adicciones en los jóvenes, exponiéndolos a dinámicas de aislamiento, acoso y ciberacoso, así como a la presión para compartir imágenes íntimas o datos sensibles” (León XIV, Magnifica Humanitas, n.º 141).

El Pontífice tampoco deja a las familias solas frente a este desafío: “a los padres de familia les resulta difícil resistir por sí solos al condicionamiento de modelos de negocio que monetizan la atención y el tiempo. Por eso es indispensable una alianza entre la política, las instituciones educativas y las familias, capaz de sostener de manera concreta a los adultos en su tarea” (León XIV, Magnifica Humanitas, n.º 142).

Y define, casi como si hubiera leído el protocolo porteño, cuál es el lugar que le corresponde a la escuela en este escenario:

“La escuela no está llamada a perseguir la velocidad del mundo digital, sino a ofrecer aquello que lo digital por sí solo no puede dar: tiempo compartido para aprender y relaciones fiables.” León XIV, Encíclica Magnifica Humanitas, n.º 147

Poco antes, en el mismo pasaje, había explicado por qué: “es necesario promover una verdadera higiene de la atención: ritmos que incluyan silencio, estudio reflexivo, lectura, análisis ponderado; sin estos elementos, la libertad interior puede verse comprometida” (León XIV, Magnifica Humanitas, n.º 147).

“Toda tecnología educa a quien la utiliza.” León XIV, Encíclica Magnifica Humanitas, n.º 140

“Toda tecnología educa a quien la utiliza.” León XIV, Encíclica Magnifica Humanitas, n.º 140

Ponerle límites, explicado a los chicos

Semanas después de publicar la encíclica, León XIV bajó estas mismas ideas a un lenguaje mucho más cotidiano al conversar con niños y niñas en el campamento de verano “Estate Ragazzi in Vaticano”. Ahí, sin citas técnicas ni párrafos numerados, les propuso algo muy simple: “cuando la familia se reúne, no basta con que todos estemos ahí, cada uno mirando su celular”, y los invitó a animarse a poner un límite horario propio: “después de cierta hora ya no miro el celular”.

También les recordó, con una frase que bien podría colgarse en la puerta de cualquier aula: “es mucho más importante desarrollar nuestro ser humano a través de la amistad”, porque, como cerró, “no necesito el celular si mi cerebro funciona” (León XIV, Saludo a “Estate Ragazzi in Vaticano”, 22 de junio de 2026).

¿Y ahora qué? El rol de las familias

Ni la normativa porteña ni la palabra del Papa proponen eliminar la tecnología de la vida de los chicos y chicas: la Educación Digital sigue integrada a las propuestas pedagógicas de la escuela, con equipamiento institucional y bajo la planificación docente. Lo que ambas fuentes coinciden en señalar es que el aula —y, según sugiere León XIV, también la mesa familiar— necesitan seguir siendo espacios protegidos, donde el tiempo compartido y la atención no compitan con una pantalla.

Por eso, además de aplicar el protocolo, la escuela invita a las familias a sostener estos mismos criterios en casa, y a conocer la iniciativa “Compromiso familiar por estudiantes sin celular”, que promueve acuerdos entre familias para postergar la entrega del primer teléfono inteligente y acompañar, en conjunto, un uso más sano de la tecnología.

* Mg. Juan Manuel Ribeiro, especialista en educación.