Cirugía de brazos: por qué los cirujanos plásticos somos cautos a la hora de indicarla
La lipoaspiración, la braquioplastia, las tecnologías para la piel y el ejercicio pueden mejorar los brazos, pero no todos necesitan pasar por el quirófano.
Los brazos son una de esas zonas del cuerpo que generan cada vez más consultas.
Archivo.Los brazos son una de esas zonas del cuerpo que generan cada vez más consultas. Pacientes que sienten que perdieron firmeza, que dejaron de usar determinadas prendas o que simplemente perciben que el brazo ya no tiene la forma o la definición que tenía algunos años atrás.
Sin embargo, cuando hablamos de cirugía de brazos hay algo que siempre intento explicar desde la primera consulta: no todo brazo que incomoda necesita una cirugía. Y probablemente sea una de las regiones en las que los cirujanos plásticos somos más cautos a la hora de indicar un procedimiento. La razón es bastante sencilla. Podemos conseguir cambios muy importantes en el contorno del brazo, pero cuando existe un exceso significativo de piel, la corrección puede requerir cicatrices que después deben convivir con ese resultado. Por eso, más que hablar de “la cirugía de brazos”, deberíamos hablar de un abanico de tratamientos que van desde procedimientos muy poco invasivos hasta cirugías importantes.
A veces solamente hay que modelar
En algunos pacientes el problema principal es un exceso localizado de tejido adiposo, mientras que la piel mantiene una buena capacidad de retracción. En esos casos, una lipoaspiración puede ser suficiente para mejorar el contorno y devolverle al brazo una apariencia más definida. Pero la cirugía plástica moderna ya no piensa solamente en quitar volumen. También podemos redistribuirlo. Parte de la grasa obtenida a través de lipoaspiración puede utilizarse mediante lipotransferencia para mejorar determinados relieves y acompañar la anatomía muscular, buscando un brazo más proporcionado y con una transición más armónica entre hombro, bíceps y tríceps. El objetivo no es crear un brazo artificialmente marcado, sino trabajar sobre la anatomía que cada paciente ya tiene.
Cuando el problema es la piel
La situación cambia cuando existe un verdadero exceso cutáneo. Cuando la flacidez es pequeña y está concentrada cerca de la axila, en algunos pacientes es posible retirar ese excedente dejando una cicatriz relativamente escondida dentro de esa región. Pero cuando sobra mucha piel, especialmente después de descensos importantes de peso, la cirugía necesaria es diferente. La braquioplastia puede requerir una cicatriz longitudinal sobre la cara interna del brazo que, dependiendo de la magnitud del excedente, puede extenderse prácticamente hasta el codo. Y acá aparece probablemente el aspecto más importante de esta cirugía: el balance entre la forma que conseguimos y la cicatriz necesaria para conseguirla. En general, los pacientes quedan muy conformes con el cambio en el volumen y la tensión del brazo. Sin embargo, una cicatriz larga puede generar incomodidad, especialmente en una región que queda expuesta cuando usamos mangas cortas. Por eso la indicación debe ser muy precisa. No tendría sentido intercambiar una pequeña flacidez por una cicatriz que resulte más molesta que el problema original.
La calidad de la piel también se puede tratar
Entre la lipoaspiración y una cirugía de resección de piel existe además otro territorio cada vez más interesante: los tratamientos destinados a mejorar la calidad, la textura y cierto grado de tensión cutánea. Actualmente disponemos de diferentes tecnologías que pueden utilizarse solas o como complemento de una cirugía. La radiofrecuencia, por ejemplo, puede aplicarse de manera externa o mediante dispositivos que trabajan desde planos subcutáneos y buscan generar una contracción de los tejidos. También existen tecnologías basadas en plasma, como algunos sistemas conocidos como jet plasma, destinadas a trabajar sobre la calidad de la piel. A esto se suman tratamientos de consultorio como el plasma rico en plaquetas, distintas formas de mesoterapia y otros procedimientos que apuntan fundamentalmente a mejorar hidratación, textura y características superficiales de la piel.
Todos ellos pueden ser útiles en pacientes seleccionados y pueden combinarse tanto con una lipoaspiración como con una cirugía de brazos. Pero hay algo importante: estos procedimientos tienen indicaciones y alcances diferentes. Pueden mejorar la calidad de la piel y, dependiendo de la tecnología y del paciente, colaborar con cierto grado de retracción o tensión. Lo que no pueden hacer es reemplazar la resección quirúrgica cuando existe un excedente importante de piel. Por eso no existe un tratamiento universal. La elección depende de la anatomía, la calidad de los tejidos, el grado de flacidez y, fundamentalmente, de la evaluación y la indicación médica.
Después de bajar mucho de peso
Existe un grupo de pacientes en los que la indicación quirúrgica suele ser especialmente clara: aquellos que han tenido descensos masivos de peso. Después de adelgazar muchos kilos, la grasa disminuye, pero la piel no siempre consigue adaptarse al nuevo volumen. Entonces aparecen grandes excedentes cutáneos que cuelgan del brazo y que pueden producir no solamente una alteración estética, sino también dificultades para vestirse, roce, irritación o incomodidad durante determinadas actividades. En estos pacientes, aun cuando la cirugía requiera una cicatriz extensa, el cambio en el contorno corporal puede ser enorme. La cicatriz sigue siendo parte de la conversación, pero el beneficio obtenido suele justificar mucho más claramente ese intercambio.
Y algunas veces el tratamiento es el gimnasio
Hay otra situación que vemos con mucha frecuencia en el consultorio. Pacientes que llegan diciendo que tienen los brazos flácidos pero que, cuando los examinamos, prácticamente no tienen exceso de grasa ni un verdadero excedente de piel. Lo que existe muchas veces es simplemente poca masa muscular. Con el paso de los años, y especialmente en personas que no realizan entrenamiento de fuerza, el brazo puede perder volumen muscular y definición. Y esa pérdida puede interpretarse erróneamente como flacidez. En esos casos, la cirugía no es la solución. Un buen programa de actividad física y entrenamiento de fuerza dirigido a hombros, bíceps y tríceps puede modificar de manera muy importante la forma del brazo. La cirugía puede retirar grasa. Puede retirar piel. Puede redistribuir volúmenes, pero no puede reemplazar un músculo entrenado. Y saber reconocer esa diferencia es fundamental. Saber cuándo operar y, sobre todo, cuándo no hacerlo
Quizás una de las decisiones más importantes en cirugía plástica no sea elegir qué procedimiento realizar, sino determinar si realmente hay que realizar alguno. En un paciente puede alcanzar con ejercicio, en otro, con tratamientos destinados a mejorar la calidad de la piel. En algunos casos será suficiente una lipoaspiración, mientras que en otros podremos combinarla con tecnologías de retracción o tratamientos regenerativos. Y cuando existe un verdadero exceso cutáneo, la solución puede ser una braquioplastia. No existe una única cirugía de brazos porque tampoco existen dos brazos iguales. La indicación tiene que surgir del análisis de la piel, la grasa, la musculatura, las proporciones y las expectativas de cada persona.
Porque el objetivo de la cirugía plástica no debería ser llevar a todos los pacientes hacia un mismo modelo corporal, sino encontrar, para cada anatomía, el mejor equilibrio posible entre forma, proporción, calidad de piel y cicatriz. Y en la cirugía de brazos, probablemente más que en muchas otras regiones, saber cuándo no operar puede ser tan importante como saber operar.
* Dr. Juan Manuel di Diego. Cirujano Plástico (MN 103503). Director Médico de CRENYF. Referente en cirugía de contorno corporal. Miembro de la Comisión Directiva de la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires.



