Argentina vs. Chile en redes: del "me gusta" al mensaje de odio que te convierte en cómplice
No hay odio virtual sin complicidad real. Entender por qué un "me gusta" es un empujón para quienes fomentan la violencia entre Argentina y Chile.

Un like a los violentos cruces Argentina versus Chile en redes es sumarse y hacer cómplica del odio.
EFELo que empezó como una pelea de cancha entre los delincuentes disfrazados de hinchas de la Universidad de Chile e Independiente, hoy tiene a los argentinos que viajan al país vecino circulando con miedo y mirando al doblar en cada esquina.
La violencia, esa que parecía limitada a las tribunas, se desparramó por las redes sociales y escaló hasta convertirse en una amenaza real que -según declararon- obligó a una familia a volverse a Mendoza y a empresas de transporte a suspender sus servicios. ¿Estamos locos?
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Es fácil caer en la trampa de pensar que esto es una tontería de barrabravas. Pero el problema es mucho más profundo. La violencia de hoy ya no se cocina en los tablones, se gesta en la pantalla de un celular. Y todos, de una forma u otra, somos parte de esa olla a presión.
La peligrosa conexión con el pasado
Esta cruzada de odio y acusaciones se da tanto en Argentina como en Chile. Se trata de un ida y vuelta constante de agresiones virtuales que tiene un efecto aún más preocupante: hace resurgir viejos fantasmas históricos. De repente, en los comentarios, vuelve a aparecer -por ejemplo y como casi siempre- la Guerra de Malvinas y la supuesta "traición" de Chile. El problema es que muchos jóvenes repiten estas acusaciones sin darse una vuelta por un libro o estudiar la historia de manera más profunda.
La ignorancia es el combustible perfecto para el odio, y las redes sociales son su distribuidor. Sin análisis, la historia se simplifica a una narrativa de "nosotros, los buenos, contra ellos, los malos", alimentando el rencor y la hostilidad.
La complicidad silenciosa de un "like"
El clic más inofensivo en una red social es también el más peligroso. Cada "me gusta" que le das a un comentario de odio, cada vez que compartís un meme ofensivo, le estás dando un empujón a una persona que tal vez esté al borde de la locura. Le estás diciendo "tu odio es válido".
En este contexto identificamos a esos "cabeza de termo" que empujan a los que se sienten frustrados, que buscan pertenencia o que simplemente carecen de una pizca de pensamiento crítico. El anonimato de las redes les da un escudo. Pero cuando la comunidad virtual los apoya, la fantasía del "defensor de la patria" o de una "falsa cruzada" puede ser tan fuerte que se atreven a cruzar la barrera entre lo digital y lo real. Y ahí, el odio de un posteo se puede convertir en un piña, en un vidrio roto del auto o, peor, en una tragedia. En esto, no vale ni siquiera la pena mencionar a los dirigentes deportivos o políticos, que no miden sus declaraciones y solo buscan un voto o los puntos de una justa deportiva.
Nuestra propia culpa: cuando los medios jugamos con fuego
Y en toda esta historia, no podemos mirar para otro lado. Los periodistas, los medios, también tenemos un rol en este circo. De pronto cualquier situación de delincuencia común se convierte en un hecho de odio.
Generamos un sentimiento de miedo en la gente, pero ese miedo es solo el envase de una bronca que se sigue alimentando en las redes. De esta manera, cada vez que un titular convierte un robo en una "cuestión de bronca nacional", lo que hacemos es echarle más leña al fuego de esta cadena de odio. Y al final del día, todos somos cómplices del problema que decimos combatir.
Cuando la indiferencia nos hace cómplices
Pero el problema no son solo los que actúan, sino la mayoría que mira para otro lado. ¿Cuántos comentarios de odio ves en un día? ¿Y a cuántos les ponés un "me gusta" o simplemente los ignorás? Esa espiral del silencio es el peor aliado de la violencia.
La inacción de los moderados le da el espacio a los extremistas para que se sientan los dueños de la verdad. Al final del día, el mensaje que se transmite es que la violencia, al menos en las redes, está bien. Y si está bien en un lugar, pronto lo estará en otro.
La violencia no surge de la nada. Es el resultado de un ecosistema en el que la hostilidad se premia, se valida y se tolera. Es por eso que el problema de hoy no es solo de los chilenos o de los argentinos, sino de todos los que usamos las redes. No podemos permitir que el odio de unos pocos afecte la seguridad y la tranquilidad de la mayoría.
El primer paso para romper esa espiral es entender que la complicidad pasiva también es un acto. Y que, a veces, la acción más valiente es no hacer clic, sino denunciar el odio o enfrentarlo.