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Apostó por los esports cuando nadie los conocía y hoy es un referente a nivel mundial

Neyen Arjona comenzó con Clash Royale, vivió en una gaming house y hoy trabaja en competencias internacionales desde Mendoza.


Argentina acaba de consagrarse campeón mundial de Phygital Football en Kazajistán y detrás de ese título también hubo presencia mendocina. Neyen Arjona fue el manager de NS Team durante la competencia, pero su llegada a ese lugar no fue producto de una casualidad ni comenzó en el torneo de Astana. Detrás de ese Mundial hay más de una década de una carrera construida entre videojuegos, competencias, viajes y sacrificios.

A los 31 años, Neyén ya pasó por distintos roles dentro de los esports. Fue jugador, entrenador, organizador y ahora manager, una trayectoria que comenzó cuando esta actividad todavía estaba lejos de tener la exposición que tiene actualmente. Su historia arrancó con Dota 2 y tomó otro rumbo cuando apareció Clash Royale, el juego que terminó abriéndole las puertas de una carrera profesional.

“Veía que estaba siempre en el top 10 de Argentina. Como ya sabía que existían competencias, me puse a buscar hasta qué competencias había”, recordó en diálogo con MDZ. Esa búsqueda lo llevó a clasificar a un torneo en Buenos Aires y, a partir de esa experiencia, consiguió algo que cambiaría su recorrido: viajar a París y ser contratado por Team Queso como entrenador.

El camino que lo llevó a vivir de los esports

El salto profesional llegó en 2017. Neyén pasó de competir y entrenar por su cuenta a formar parte de una organización y recibir un sueldo por su trabajo dentro de los esports. “Ahí cuando en el 2017 realmente empecé a vivir de los esports, empecé a tener un sueldo”, contó.

Clash Royale se convirtió entonces en mucho más que un videojuego para él. Compitió, fue entrenador, trabajó con jugadores de otros países y comenzó a viajar por distintas competencias. También formó vínculos que todavía conserva.

Dejó Ingeniería para apostar todo al gaming

Para llegar hasta donde está hoy, tuvo que tomar una decisión que cambió su vida. Neyén estudiaba Ingeniería en Sistemas y había llegado hasta cuarto año cuando viajó a México para participar de un Mundial. La competencia implicaba instalarse durante cuatro meses y, aunque después intentó retomar la facultad, entendió que no podía sostener ambos caminos con el mismo nivel de dedicación.

“Yo sabía que si no le metía al cien por ciento a la facultad ni al cien por ciento a la otra, me iba a quedar a mitad de los dos”, explicó. La elección terminó siendo por los esports, una decisión que en aquel momento significaba abandonar una carrera universitaria para dedicarse profesionalmente a jugar y entrenar.

“Tuve que elegir una y dije: estoy viajando para jugar un juego, fue mi sueño desde que tengo 16 años”, recordó. Y resumió lo que significó aquella determinación con una frase todavía más contundente: “Para estar donde estoy dejé todo y me dediqué 100% a eso”.

La exigencia tampoco tenía mucho que ver con la imagen de alguien jugando un rato para divertirse. Cuando competía profesionalmente en Clash Royale, Arjona podía pasar hasta 16 horas por día frente al juego, mirando videos, entrenando, jugando partidas o haciendo teoría. “Cuando yo jugaba a Clash Royale y competía a nivel profesional estaba, no te exagero, 16 horas todos los días o jugando o viendo videos o entrenando o haciendo algo de teoría”, contó.

Una familia que decidió acompañarlo

El camino tampoco empezó en un momento en el que los esports fueran una profesión instalada. Cuando Neyén decidió apostar por el gaming, todavía existían muchas dudas sobre si aquello podía convertirse realmente en un trabajo. Su familia también tuvo que entender una actividad que en ese momento no tenía la misma legitimidad que hoy.

“Mis viejos por suerte siempre me bancaron. Obviamente no entendían y tenían sus dudas, pero no fueron esa gente que te corta las alas”, contó. Otros integrantes de su familia tuvieron más reparos, pero el respaldo de sus padres le permitió seguir adelante con una decisión que implicaba dejar una carrera y apostar todo a una actividad todavía nueva.

Con el tiempo llegaron los viajes y nuevas experiencias. España, Vietnam, México y otros destinos formaron parte de su recorrido, mientras que los videojuegos en los que competía fueron cambiando. En algunos llegó a ser campeón del mundo y también comenzó a consolidarse en otros roles, siempre alrededor de la competencia.

Un gamer que hoy casi no juega

Después de tantos años dedicados a entrenar, competir y trabajar con videojuegos, Neyén terminó encontrando una situación curiosa: hoy prácticamente no juega por diversión. “No juego un juego posta hace 10 años”, aseguró.

Su lugar para desconectarse está más relacionado con la lógica que con las pantallas. Le gustan los juegos de mesa y también compitió en ajedrez cuando era chico, además de haber participado en las Olimpiadas de Matemáticas. La estrategia y la competencia siguen presentes, pero ahora lejos de la exigencia que implicaba jugar profesionalmente.

También hay una pasión que lo acompaña desde hace años y que no tiene nada que ver con los esports: Racing Club. Arjona llegó a viajar desde Mendoza para ver al equipo y tiene tatuado el apodo que terminó adoptando como identidad dentro del gaming: HRC, por “Hincha Racing Club”. “Antes era enfermo, termo, mal”, recordó entre risas.

Mendoza, el lugar al que decidió volver

Durante varios años vivió en Buenos Aires y compartió una casa de entrenamiento con otros jugadores. Aquella experiencia formaba parte de una lógica muy habitual en los esports: convivir, entrenar y competir juntos para mejorar el rendimiento.

Pero después de tantos viajes decidió regresar a Mendoza. La carrera profesional todavía lo lleva a moverse constantemente, pero hoy busca combinar esos compromisos con una vida más tranquila. “Me volví acá porque me encanta esto, la naturaleza, despejar, soy un pibe mucho más tranquilo que de la ciudad y prefiero estar acá”, explicó.

Desde Mendoza también desarrolló proyectos propios. Entre ellos estuvo Fangames, un evento de esports que organizó en la provincia, y su vínculo con las federaciones nacionales e internacionales continúa abierto. Su trabajo actual puede cambiar de una semana a otra: un día puede estar organizando una competencia y al siguiente recibir una convocatoria para viajar.

La cabeza detrás del jugador

Una parte importante de su tarea pasa por la estrategia, pero otra todavía más importante está relacionada con la presión y la cabeza de los jugadores. “Para mí, la diferencia la hace la cabeza”, sostuvo. Según su experiencia, cuando dos competidores tienen capacidades similares, la manera de manejar la presión puede terminar inclinando la balanza.

Para Neyén, esa lógica se aplica tanto a un deporte tradicional como a una competencia electrónica. “Los dos tienen su técnica, su estrategia, todos están ahí practicando cosas, practicando jugadas preparadas, pero para mí lo más importante o lo que a mí más me gusta trabajar es la mentalidad”, señaló. Esa mirada terminó siendo parte de su función en Kazajistán, donde acompañó a un grupo de jugadores jóvenes durante una competencia internacional.