Amores eternos que derrapan, en tristes noches otoñales
Hay veces que las cosas no resultan como se pretendía, aunque se hayan esperado grandes cosas, con la mejor de las buenas voluntades
Se vestía sin apuro, atándose a esas altas horas de la madrugada los cordones de sus zapatillas, ahí mismo, al pie de la cama
Freepik.-Me dijiste que me ibas a amar por siempre -le reprochó, desde debajo de la sábana que cubría escasamente su cuerpo, a quien se estaba convirtiendo en ese mismo momento en su ex pareja-me juraste que era el amor de tu vida… ¿y ahora te vas así, como si nada?
-Nunca te mentí -respondió ese otro ser, con ofuscación evidente, mientras se vestía sin apuro, atándose a esas altas horas de la madrugada los cordones de sus zapatillas, ahí mismo, al pie de la cama que los había visto enredarse minuciosamente hasta no hacía más que tan solo media hora atrás -cuando te dije que nuestro amor era eterno, lo era; al menos en ese momento, lo fue.
-
Te puede interesar
Quienes fueron los grandes amores en la vida de Luis Brandoni
-No estarías entendiendo el concepto de eternidad, al parecer.
-Claro que sí. Lo que vos no entendés es que las personas cambiamos, lo que no implica que lo dicho con anterioridad haya sido mentira: fue una gran verdad, mientras duró.
-
Te puede interesar
Paso a Chile: estado actual y pronóstico en alta montaña
Una almohada cruzó el aire para estamparse contra la espalda de quien acababa de lanzar su proclama de “eternidad verdadera, en tanto y en cuanto”. El cuerpo aún semidesnudo recibió el golpe sin inmutarse: con un poco de tranquilidad, por un lado, al no haber sido agredido con un objeto más contundente, como bien podría haber sido un vaso o un cenicero; por otro lado, seguía presente la posibilidad de que alguno de esos objetos volara en el futuro cercano, lo que generó en su mente un llamado de atención: algo así como un alerta, que no pretendía apagarse hasta tanto la refriega terminara.
-Ya veo que pasás de las palabras a los hechos con gran facilidad -declaró mientras se paraba del lecho, húmedo y lejano… cada vez más lejano.
-Solo respondo a tu caradurez de venir a plantearme que la eternidad se te acaba en tan poco tiempo.
Resopló profundamente, mientras revisaba de reojo el entorno de su nueva ex pareja, para intentar descubrir qué otro elemento podría quizá llegar a ser revoleado contra su humanidad, si es que seguía intentando explicar su punto de vista.
-Esto no funcionó, y no hace falta que te explique por qué: resulta evidente que no nos estamos entendiendo, y que no va a mejorar la cosa. Salvo que uno de nosotros cambie profundamente: y la verdad es que no tengo en mis planes cambiar, ni pretendo que cambies, sería injusto pedírtelo; y aunque cambiaras sin que te lo pida, no me interesaría estar con alguien capaz de dejar de ser como es, solo para agradar a otra persona.
-Me cerrás todas las posibilidades: ni te gusta como soy, ni querés que cambie… ¿y entonces? ¿dónde quedó el supuesto amor eterno?
Ya solo le quedaba ponerse la camisa, mientras caminaba sin prisa pero sin pausa hacia la puerta de la habitación del hotel, que inocentemente mantenía colgado en su picaporte exterior el cartelito de “no molestar”, desconociendo que las molestias mutuas se estaban produciendo adentro, sin necesidad de terceras personas que pudieran llegar, circunstancialmente, a interrumpir la supuesta velada romántica. Nada más podía ya ser echado a perder desde fuera, cuando la supervivencia misma de la relación derrapaba lastimosamente hacia su triste final.
-No conozco otra forma de amar, que no sea “para siempre”. Te di mi amor eternamente, pero en fin, sin importar de quien es la responsabilidad, o si es compartida, que me parece lo más probable, tuvimos la delicadeza de romper todo lo que nos unía, y el final llegó. Pero que no te quepa duda de que me voy a seguir enamorando, todas las veces que sea necesario, y siempre eternamente. ¿De qué sirve el amor, si desde un inicio no se lo plantea como infinito? Podrá fallar la cosa, pero no puede ser esa la idea inicial. No puedo firmarte un acta de matrimonio con prenupcial incluído: si lo hago, tengo que suponerlo para siempre. Aunque pueda fallar. Y si eso ocurre… bueno…
-¡”Bueno”, las pelotas! -declaró aquella ya lejana voz, a los gritos, desde el interior de la habitación, a la misma vez que un objeto contundente pero impreciso rebotaba contra la puerta, que ya separaba físicamente a ambos corazones.
El frío de la noche cala profundamente en la ciudad, mientras un alma desahuciada esconde su llanto bajo la almohada de aquella cama circunstancial. Otro espíritu, triste y apesadumbrado, eleva su brazo llamando a un taxi con la esperanza de que lo aleje de ese presente, rumbo a un futuro incierto. Ojalá un amor eterno esté esperando en el porvenir para intentar, quizá ahí sí, perdurar hasta que la muerte los separe; o al menos, hasta que pase el invierno…
* Pablo R. Gómez, escritor autopercibido.
IG: @prgmez