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Alfabetización para la paz: el uso responsable las redes sociales

WhatsApp y redes amplifican conflictos escolares. La alfabetización digital exige enseñar respeto, prudencia y responsabilidad antes de reenviar.


En tiempos donde gran parte de la vida cotidiana transcurre en las pantallas, la escuela enfrenta un nuevo desafío pedagógico: enseñar a convivir también en el mundo digital. Ya no alcanza con la alfabetización en lectura y escritura tradicional; hoy resulta imprescindible alfabetizar para la paz, el diálogo y la responsabilidad en las redes sociales.

Las instituciones educativas se encuentran atravesadas por grupos de WhatsApp, publicaciones en redes, mensajes reenviados, audios fuera de contexto y opiniones que circulan con enorme rapidez. Muchas veces, conflictos menores se amplifican por una captura de pantalla, una interpretación apresurada o un comentario impulsivo. Allí aparece una pregunta central: ¿qué tipo de ciudadanía digital estamos formando? Educar para la paz implica enseñar que detrás de cada mensaje hay una persona. Significa promover el respeto, la prudencia y la empatía antes de escribir, reenviar o exponer situaciones que pueden afectar la dignidad de otros. En especial en el ámbito escolar, donde participan niños, adolescentes, docentes y familias, el uso irresponsable de las redes puede generar daños profundos: rumores, estigmatizaciones, agresiones o juicios anticipados que luego son difíciles de reparar.

El Papa Francisco ha advertido en numerosas ocasiones sobre los riesgos de una comunicación agresiva y fragmentada. En su encíclica Fratelli Tutti afirma: “La información sin sabiduría no educa”. La frase interpela directamente a nuestra época: estar hiperconectados no significa necesariamente comprendernos mejor. Por el contrario, muchas veces la velocidad digital reduce la capacidad de escuchar, reflexionar y verificar.

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Educar para la paz implica enseñar que detrás de cada mensaje hay una persona.

WhatsApp merece una reflexión particular

Nació como una herramienta para facilitar la comunicación, pero en el ámbito escolar suele convertirse en un espacio donde se mezclan preocupaciones pedagógicas, reclamos, emociones y tensiones cotidianas. Los grupos de padres, de docentes o de estudiantes pueden ser útiles para organizar tareas y compartir información; sin embargo, cuando faltan criterios claros, se transforman en escenarios de conflicto permanente. La alfabetización digital para la paz supone enseñar algunas prácticas básicas pero fundamentales: verificar antes de difundir, evitar mensajes escritos en momentos de enojo, respetar horarios institucionales, cuidar la privacidad de alumnos y docentes, no compartir imágenes sin autorización y comprender que un mensaje virtual también tiene consecuencias reales.

Asimismo, la escuela debe recuperar su papel formador como espacio de diálogo humano. Ningún grupo de WhatsApp puede reemplazar la conversación cara a cara, la escucha institucional o la mediación pedagógica. Cuando un conflicto aparece, la lógica de las redes suele empujar hacia la exposición inmediata y la polarización. La lógica educativa, en cambio, debería promover la reflexión, el encuentro y la búsqueda de verdad con responsabilidad. Alfabetizar para la paz también significa enseñar a convivir con la diferencia. Las redes sociales tienden a crear climas de agresividad donde toda opinión distinta parece un ataque. Frente a ello, la escuela tiene la misión ética de formar ciudadanos capaces de disentir sin destruir, debatir sin humillar y participar sin violencia.

En este contexto, el rol de los adultos es decisivo. Docentes, directivos y familias están llamados a dar ejemplo en el uso de las tecnologías. No es posible pedir prudencia a los estudiantes si los propios adultos utilizan los grupos digitales para descalificar, difundir rumores o reaccionar impulsivamente. Educar implica también educarse en nuevas formas de comunicación.

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La alfabetización digital para la paz supone enseñar algunas prácticas básicas pero fundamentales.

El triple filtro socrático y las redes sociales

Una antigua enseñanza atribuida a Sócrates puede ofrecer una orientación muy actual para el uso de las redes sociales y especialmente de WhatsApp. Se trata del llamado “triple filtro socrático”, tres preguntas que deberían hacerse antes de transmitir una información:

  • ¿Es verdad? Antes de reenviar un mensaje, una captura o un audio, es necesario verificar si la información es cierta. Muchas veces las redes sociales difunden rumores, interpretaciones parciales o noticias falsas que terminan dañando injustamente a personas e instituciones.
  • ¿Es bueno? Aunque algo pueda ser verdadero, conviene preguntarse si comunicarlo aporta algo positivo o si solamente busca generar enojo, humillación o enfrentamiento. No toda información necesita ser difundida, especialmente cuando afecta la dignidad de otros.
  • ¿Es útil? También es importante discernir si aquello que se comparte ayuda realmente a resolver un problema o construir comunidad. En numerosos casos, ciertos mensajes solo aumentan la ansiedad, la confusión o el conflicto.

Aplicado a la vida escolar, el triple filtro socrático puede convertirse en una verdadera pedagogía de convivencia digital. Antes de publicar, comentar o reenviar información en un grupo escolar, alumnos y adultos podrían preguntarse: “¿Estoy seguro de que es verdad? ¿Esto ayuda o lastima? ¿Es útil compartirlo?”. Si estas tres preguntas orientaran la comunicación cotidiana en las redes sociales, probablemente disminuirían muchos conflictos, malentendidos y agresiones que hoy afectan la convivencia educativa. Educar para la paz, en definitiva, también consiste en enseñar el valor del silencio prudente, de la palabra responsable y del respeto por la verdad.

LECTURA

Alfabetizar para la paz también significa enseñar a convivir con la diferencia.

La paz no se construye solamente evitando conflictos

Se construye aprendiendo a relacionarse con responsabilidad, respeto y verdad. Por eso, alfabetizar para la paz hoy exige enseñar competencias digitales, pero sobre todo valores humanos. Porque detrás de cada pantalla sigue habiendo una persona que merece ser cuidada, en su fama y reputación. La escuela del siglo XXI no puede renunciar a esta tarea. En una sociedad donde las palabras circulan cada vez más rápido, educar para pensar antes de hablar —o antes de reenviar— se ha convertido en una de las formas más urgentes de construir convivencia democrática y cultura de paz.

* Mg. Juan Manuel Ribeiro, especialista en educación.