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Adrián Villar Rojas: Antes de la promesa, la escultura monumental

Un nuevo domingo y llega "Arte que motiva", la columna que hoy nos presenta a Adrián Villar Rojas, un artista y su obra, con el estilo de Juan Barros.


“El ready made frente al espejo de la escultura monumental" ¡Hay equipo! Es el grito del trabajo de los al menos 11 que integran su “hacer”. Nada se sostiene en él. Tal la obra no se sostiene en sí misma. La mirada es el sostén de la obra.

¿“No hay resultado final”?

Todo se cumple en un signo de interrogación. Desde el signo de admiración que es el arte. Y así la duda responde al asombro.

El ánimo del desapego es el libertador de sus obras.

Un calmo contestatario

Un nobel…que ofrenda el impacto.

Sus obras son preocupaciones en lenguaje escultórico y algo más: lo monumental a modo de evidencia. El tiempo es precoz.

¡Frágiles al deseo! El pasado transcurre antes.

Ser artista es estar lleno de signos.

Un retratista de la mirada consumida por la nostalgia y la incertidumbre a modo de salvavidas.

El paradigma de la torre de Babel sin concluir.

Su estilo no se agota en la agitación de un escultor vigía ni en la razón instrumental de un ofertorio de instalaciones y conceptos.

Lleva el estado de atención a la escala tal una copa llena hasta los bordes.

Libera al rehén de la nostalgia en un vaivén de espejos que representan al ayer.

¿Sus obras acaso nos tranforman en la respuesta?

Claramente nos denuncian… ¡El ayer es la denuncia!

El desapego es su insistencia, su perspectiva, el desenlace.

Lo efímero es el carácter de incontinencia existencial de la mirada.

Juan Barros (2)

¿Sus obras acaso nos tranforman en la respuesta?

“Está hecha en arcilla. Es muy frágil. De hecho, la pieza terminada duró tres horas porque cayó un granizo que la destruyó. Estuvimos un mes y medio trabajando, se gastaron unos 14 mil dólares para una pieza que duró tres horas, nada más. Eramos muy pocos y no teníamos la experiencia que tenemos ahora. Sufrimos muchísimo. Subidos en el medio de la ladera de una montaña, trabajando a tres o cuatro metros de altura a veces...”

¡Necesitamos mirarnos tal como miramos una obra de arte!

La contemporaneidad nos representa a través del grito del arte.

¡Y Adrián Villar Rojas es el “homo lúdicus” de las representaciones!

Se entrega a la inmediatez y algo más…

El tiempo es su narración

La aventura de lo fantástico nos interroga hasta sincerarnos.

La mirada es el límite.

En cambio, un credo nos trasciende.

Dado como dios da.

El tiempo es un orfebre.

Creer es como quiero ser.

Nos reconocemos tal como nos entregamos.

* Juan Barros, energizante natural. Apto para todo público.