Adopción en Argentina: "Hay 2.000 chicos esperando familia"
Con unos 2.000 niños con adopción decretada, Aldeas Infantiles SOS pide más agilidad, datos y una Defensoría activa para evitar interrupciones en los procesos.
Lucía Buratovich, directora de programas de Aldeas Infantiles SOS.
Santiago Aulicino / MDZEn el ciclo de entrevistas MDZ, Aldeas Infantiles SOS puso sobre la mesa un tema que conmueve y, a la vez, incomoda: la adopción y el derecho de niños, niñas y adolescentes a vivir en familia. Lucía Buratovich, directora de Programas de la ONG, explicó cómo trabajan en prevención y cuidado alternativo, y qué está fallando en el sistema.
Con más de 40 años de presencia en Argentina y filiales en seis provincias, Aldeas advierte una realidad que se repite: hay chicos con adoptabilidad decretada que no encuentran familias, especialmente cuando son mayores o forman parte de grupos de hermanos. Y, además, crece una preocupación silenciosa: los “procesos excluyentes”, adopciones que se interrumpen y devuelven a los chicos al cuidado alternativo.
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-¿Qué es Aldeas Infantiles y qué hace en Argentina?
- Aldeas Infantiles es una ONG que trabaja en Argentina hace más de 40 años en la protección y promoción de los derechos de la niñez y las adolescencias. Tenemos dos programas principalmente: un programa de prevención que justamente trabaja en favorecer el acceso de derechos y en prevenir la pérdida de cuidado familiar, en distintas provincias del país. Tenemos seis filiales. Y también tenemos nuestro programa de cuidado alternativo que justamente cuida y aloja a niños, niñas y adolescentes que, a través de una medida excepcional, pierden el cuidado familiar. En ese sentido tenemos dos modalidades: hogares con un cuidado similar al familiar y familias solidarias. Además, en las seis provincias tenemos nuestro programa de fortalecimiento familiar, que acompañamos a familias a poder trabajar sobre las habilidades de cuidado y garantizar un mayor acceso, desde una perspectiva comunitaria, realizando talleres con nuestros espacios de cuidado diario, que son espacios también dedicados a la primera infancia. Y tenemos nuestro programa de Familia Solidaria, que es súper importante porque es una modalidad de cuidado alternativo de tipo familiar, que desarrollamos en Mar del Plata y en Luján. También tenemos líneas vinculadas dentro de lo comunitario a lo educativo: en Rosario tenemos un colegio. Es muy grande.
-¿Por qué se pierde el cuidado familiar? ¿Siempre es por violencia?
-En Argentina el cuidado familiar se pierde principalmente por tres causas: violencia extrema, abuso sexual o negligencia grave. Una medida excepcional se toma en situaciones de vulneración de derechos extrema o grave. Ahí es donde el Estado, el sistema de protección de derechos, determina que un niño o niña adolescente tiene que ingresar a un hogar, lo que comúnmente se llama así. Es importante entender que no estamos hablando de situaciones livianas: son situaciones graves. Y por eso también la prevención es clave: trabajar en favorecer el acceso de derechos, en prevenir la pérdida de cuidado familiar, acompañar a las familias, trabajar habilidades de cuidado. Porque si no, el sistema termina llegando cuando ya es tarde y hay que tomar una medida excepcional.
-¿Qué significa ‘negligencia’ en estos casos?
-Cuando hablamos de negligencia es sobre todo cuestiones de carencia de cuidado, como para ponerlo en términos más llanos o simples. Es decir, descuido. Desde situaciones que son vulneración de derechos grave. Por eso es un tema complejo, porque hablar de cuidado familiar y de pérdida de cuidado familiar no es una etiqueta: es una situación donde hay vulneración de derechos extrema o grave. Y ahí entra un sistema que toma decisiones, con organismos distintos, con equipos técnicos, con el Poder Judicial, con hogares, con dispositivos. Por eso insistimos: hay que poder pensarlo como sistema, no como un hecho aislado.
En Argentina hay unos 2.000 chicos para adoptar
-¿Cuántos chicos están esperando ser adoptados hoy en Argentina?
- Aldeas trabaja por el derecho a vivir en familia. Y en Argentina hay varios niños, niñas adolescentes que están esperando una familia con la adoptabilidad decretada, más o menos unos 2000. Son números que van variando. Es información que un poco la Dirección Nacional de Adopciones brinda mes a mes. Y si bien hay de todas las edades, generalmente son niños a partir de seis, siete, ocho años. Nosotros lo vemos en el día a día desde el cuidado: chicos que están en hogares, chicos que atraviesan procesos, chicos que esperan. Por eso para nosotros adopción es un tema muy importante, porque acompañamos y abogamos por que se cumpla el derecho a vivir en familia.
-¿Qué pasa con la edad y el deseo de adoptar de las familias?
-Las edades de niños con adoptabilidad decretada rondan entre los ocho, diez, 12 y tal vez el deseo de adoptar de las familias son en edades más tempranas, lo cual hace un escenario claro. Y por eso también hay que entender algo: cuando hablamos de adopción, a veces hablamos de una mirada romántica, de salvar la vida, de cuidar, que tal vez posiciona a las familias en un lugar complejo. O hablamos de los tiempos burocráticos. Y no hablamos tanto de los tiempos necesarios. Hay que entender que la adopción hay que mirarla en términos generales, pero también en particulares, pensando que es la historia de un niño o una niña, un adolescente en particular. Esa historia hay que conocerla, hay que acompañarla y hay que poder pensar la construcción de un nuevo vínculo a partir de esa identidad.
-¿Y cuando hay grupos de hermanos? ¿Por qué se vuelve más difícil?
-En muchos casos hay hermanos: dos hermanos, tres hermanos esperando. Y ahí hay menos familias aún con deseo de adoptar, por lo tanto lo complejiza. Nosotros, en nuestros programas, estamos orientados a poder alojar o cuidar grupos de hermanos. Esta realidad la vemos todos los días. Y esto muestra algo: la adopción es un proceso complejo, no es lineal. Y para poder atenderlo mejor hay que mirarlo desde una mirada territorial, porque es muy distinto Misiones y Mendoza, por ejemplo. Cada sistema trabaja distinto, toma decisiones de manera distinta: en algunos tiene mayor actuación el Poder Judicial, en otros se le da más lugar a los hogares o a los equipos técnicos.
-Ustedes investigan las adopciones interrumpidas. ¿Qué son los “procesos excluyentes”?
-Nosotros venimos trabajando en entender las políticas públicas de adopción en nuestro país, y hay una situación que en particular nos preocupa, que son los procesos excluyentes: adopciones que se ven interrumpidas. Acompañamos procesos de adopción desde nuestros hogares, donde viven niños, niñas y adolescentes. Acompañamos a niños que piensan ‘voy a tener una familia’, ‘me voy a ir con tal persona’, empiezan a vincular. A veces hasta mismo se decreta la adoptabilidad y de repente regresan al cuidado alternativo, vuelven a vivir en un hogar. A veces los procesos excluyentes se dan en el momento de la vinculación, cuando se están conociendo, con dos o tres encuentros, y eso se interrumpe. Y también tenemos situaciones de niños que habiendo vivido tal vez varios años, habiendo conformado una familia, teniendo compañeritos en el colegio, vecinos, toda una vida, ese proceso se ve interrumpido: dejan de vivir en una familia y vuelven a un dispositivo de cuidado alternativo, a veces al lugar que estaban, a veces a otro. Pero en definitiva no una familia. Y la familia es el entorno que mejor favorece el desarrollo infantil, no así un dispositivo de cuidado alternativo.
Aldeas Infantiles está en todo el país
-¿Qué falta hoy para mejorar el sistema? ¿Por qué la Defensoría es clave y qué objetivos tienen para 2026?
-En este momento Argentina carece, o está en proceso de tener, un defensor de los niños, niñas y adolescentes. Es fundamental contar con la Defensoría, con todos los cargos ocupados. Hoy está acéfala y es fundamental que se pueda dar tratativas en este marco, porque en marzo se vence el plazo. Nosotros, desde Aldeas Infantiles y como parte de la coalición Infancia en Deuda, venimos trabajando mucho para que desde los ámbitos legislativos y ejecutivo se pueda dar lugar a este pedido: contar con una Defensoría que pueda construir datos, que pueda generar la articulación necesaria entre todos los organismos del sistema de protección y que pueda estar presente en los debates actuales en materia de infancia. Porque en materia de niñez no hay muchos números y eso dificulta pensar mejores programas. Por eso elaboramos nuestros propios datos para entender por qué suceden estas situaciones. Y para mejorar prácticas, es mucho trabajo: trabajar en infancia es complejo, pero es necesario juntar a todos quienes toman decisiones, generar una mejor articulación, con voluntad presupuestaria, y desde una mirada territorial. En 2026 nuestro foco es mejorar la calidad programática: revisarnos con monitoreo día a día para mejorar el tipo de cuidado que llevamos adelante. Y en incidencia pública, seguir estando presentes, dar las discusiones necesarias en las provincias donde trabajamos para fortalecer este sistema de protección que tiene la responsabilidad de garantizar los derechos de niños, niñas y adolescentes.
