Presenta:

Adoptaron cinco hermanos y cambiaron su vida: "Hoy, vivimos una gran historia de amor"

Tras 16 años sin hijos, Mariana y Matías dijeron sí a cinco hermanos. La adopción por Zoom en pandemia les dio la seguridad que faltaba.

Día de San Valentín y una historia que corre el eje de lo romántico para mostrar el amor en su versión más concreta: la que sostiene, ordena y repara. Mariana y Matías Cifuentes pasaron de una vida de a dos —“como un crucero”, dicen— a una casa con cinco adolescentes, cinco hermanos, y una fecha propia para celebrar familia.

Después de 16 años de matrimonio, un embarazo perdido y el registro de adopción sin respuestas, una llamada cambió todo. No era “un hijo, hija, lo que venga”: eran cinco hermanos que llevaban seis años en hogares. “Si no los adoptan, los vamos a separar”, les dijeron. Y ahí empezó otra vida.

Mirá la entrevista completa a Mariana y Matías

Entrevista Mariana y Matías Cifuentes

-¿Cómo se conocieron, como empezó la historia?

-Matías: Yo soy profesor de guitarra, soy músico. Pasó que yo estaba dando clases a una amiga de Mariana y ella se acerca a las clases. O sea, eran tres amigas que venían a clases y ahí nos empezamos a conocer. Y después, bueno, ya empezamos a ir a peña hacia todas esas cosas. Fuimos amigos durante dos años, hasta que después surgió una relación, noviazgo. O sea, fue de a poco: primero conocernos ahí en las clases, después compartir, y después se dio.

-¿Cómo fue el paso de novios a casarse y qué tenían en la cabeza?

-Matías: En realidad tuvimos de novios un año y tres meses nada más. Después nos casamos. Siempre con la idea de formar una familia.

-Mariana: Siempre queríamos. Siempre con la idea de ser padres, de agrandar la familia.

-¿Qué pasó con la búsqueda de un hijo y con el embarazo que perdieron?

-Mariana: Estuvimos casados 16 años, sin hijos. Perdimos un embarazo. Siempre queríamos. Yo me quedé embarazada y perdí un embarazo muy reciente. Y bueno, después no me volví a quedar. Nos hicimos estudios y estaba todo bien. Y así pasaba el tiempo.

-Matías: En ese embarazo… yo usé mi talento musical. Le hice una promesa… una canción. Decía ‘seremos más que este cielo azul’, como hablando de otro embarazo, la idea de otro embarazo. En ese momento sí… pero después, bueno, no se dio así. Nunca, nunca estuvo… nunca se dio. Y eso también te queda ahí, como una cosa que se espera y no llega.

Te prometo que no nos quedaremos solos

Te prometo que no nos quedaremos solos

-¿Por qué no fueron por tratamientos y cómo se metió la adopción en la conversación?

-Mariana: Yo en mi cabeza siempre estaba el tema. No quería hacerme tratamientos de fertilidad. No por nada tengo muchos conocidos que se hicieron, pero bueno, yo no quería. Y siempre estaba el tema de la adopción como una opción de ser padres. Lo habíamos hablado varias veces, pero muy por arriba.

-Mariana: Mati por ahí tenía un poco más de miedo. Pero igual nos hicimos el curso, talleres, nos anotamos. Nos habíamos anotado para un hijo, hija, lo que venga. Y habíamos puesto de 0 a 5 años, porque uno tiene miedo siempre.

-Matías: Había miedo. Y también la idea de si íbamos a poder sostenernos… emocionalmente, con lo que venía.

-¿Cómo fue la espera en el registro y qué son las convocatorias públicas?

-Mariana: Pasaron dos años y nunca, nunca nos llamaron. O sea, teníamos legajo, digamos… fue, pero no pasaba nada. Yo cada tanto veía convocatorias públicas, para la gente, para los que no saben. Las convocatorias públicas son cuando no hay nadie en el registro que cumpla, por ejemplo, los requisitos para adoptar cinco hermanos o tres hermanos o chicos grandes. Están anotados todos para más chicos y entonces ahí arman convocatorias que se puede presentar cualquiera. Yo por ahí mandaba un mail. Había leído una convocatoria para tres hermanitos y me contestaron que ya se habían sido entregados a otra familia. Bueno, quedó ahí mi mail dando vueltas… y después pasó eso: un día quedó dando vueltas y un día me llaman.

-¿Cómo fue esa llamada de la Defensoría y qué les pasó esa noche?

-Mariana: Un día yo estaba en una reunión de trabajo y me llama un defensor, la secretaria del defensor, para decirme a ver si queríamos, si todavía teníamos pendiente agrandar la familia. Entonces le dije… sí. Me dijo: ‘Bueno, vengan mañana 08:00 a tal dirección’. Yo anoté y le dije a Mati: ‘Mañana tenemos una reunión, una defensoría por unos hermanitos’. Y fuimos sin saber nada.

-Matías: ¿Cómo dormimos esa noche? Yo creo que sí… pero después no, porque esa noche… después no dormimos. Después hubo un mes que no dormimos.

-Mariana: Fuimos como con esa mezcla: no sabíamos nada… y al mismo tiempo era como que se abría algo grande.

-¿Cuándo se enteraron que eran cinco y qué les dijo el defensor?

-Mariana: Fuimos y este hombre, muy inteligente, nos habló perfectamente bien, pero no nos decía cuántos chicos era. O sea, nosotros nos habíamos anotado para dos como mucho y que tengan como máximo cinco años. Y este hombre hablaba de mujeres y varones… ya de por sí eran cuatro, cinco… y yo miraba raro. Y dice: ‘Bueno, son cinco’. Imaginate mi cara. Y nos dice: ‘Yo veo muchas coincidencias con ustedes. Para mí va a andar muy bien la cosa, pero ustedes no me contesten hoy. No quiero que me digan ni que sí ni que no’. Y explicó: ‘Si me decís que sí es una irresponsabilidad… ni la pensaste. Y si decís que no, te estás apurando, te estás perdiendo la oportunidad de pensar sobre algo que quizás vale la pena’.Después nos dijo lo fuerte: ‘Estos chicos, si no los adoptan, los vamos a separar porque ya no hay más posibilidad. Están hace seis años en hogares’. Eso se los quiero decir. Y nos contó dos cosas más que quedaron: que la mayor había escrito una carta pidiendo una familia y se la había entregado a él. Y que la segunda, Delfina, había agarrado los juguetitos, se los llevó a él y le dijo: ‘Conseguime un papá y una mamá’. Él creyó que le iba a pedir para llevárselos al hogar, pero no: ‘Conseguime un papá’.

-Matías: Después de una hora y media de entrevista… esas tres cosas son las que quedaron en la cabeza.

Me costó asimilar que me digan papá

Me costó asimilar que me digan papá

-¿Cómo tomaron la decisión, cómo fue la vinculación y qué cambió después?

-Matías: Pasó un mes. En ese mes tratábamos de no convencernos, porque lo que había hecho también el defensor era: si uno está decidido y el otro no, no lo tienen que hacer, porque si no después va a crear conflictos en la pareja. Nos sentábamos a tomar unos mates a la mañana y hablábamos: ‘¿Qué hacemos? ¿Que sí? ¿Que no?’ y no llegábamos a nada. Después pasaba el día… con Mariana… hacía cuentas. Era lo económico y también si íbamos a poder sostenernos emocionalmente con lo que venía, con las mochilas que venía cada uno. Eran historias duras.

-Mariana: En ese mes nos vinculamos a veces con la psicóloga de la Defensoría para sacarnos algunas dudas. Ahí nos enteramos que eran dos mujeres y tres varones, con las edades y un poquito de su historia. Y un día al unísono nos miramos y dijimos: ‘¿Y si decimos que sí?’ Y eso lo tomamos como un símbolo de que había que… que sí. Llamamos. Y la mujer nos atendió con una alegría tremenda. No los conocíamos a los chicos, no sabíamos un montón de cosas de ellos y dijimos que sí. Entonces ahí empezó la vinculación. Primero conocimos a las dos más grandes, a las chicas, en el consultorio de la psicóloga. La más grande tenía 14 y la otra 11. Cuando entramos, la más grande estaba así, agarrada de la mano, ni nos miraba… y la otra con una caja de muñecas, iba para acá, iba para allá. Nosotros caímos con un álbum con fotos para contarles nuestra historia: qué hacíamos, los viajes. Porque nosotros teníamos una vida… casados, lleno de amigos, viajábamos… nuestra vida era como un crucero. Y ahí empezó otra cosa. Esa reunión fue un poco fría y distante, pero al final nos dimos un abrazo con las chicas. Ese abrazo sostenido… no es así nomás… a mí me mató, me dejó muy emocionado. A Marian también. Y de ahí nos fuimos diciendo: ‘Bueno, son nuestras hijas’. Después conocimos a los más chiquitos, al día siguiente, que tenían seis y siete. Y ellos nada que ver: abrieron la puerta al juzgado y se nos colgaron ‘mamá, papá’ y nos abrazaron. De una. No lo conocíamos. Nunca los habíamos visto. Fue muy duro, porque ahí se veía la necesidad de ellos de tener una madre, un padre. Fuimos a la plaza una hora y era todo el tiempo: ‘Papá mirá’, ‘Mamá mirá lo que estoy haciendo’, la necesidad de decir ‘mi mamá, mi papá’.

Así se enteraron por zoom de la adopción plena

Adopcion plena

-Matías: En la plaza uno gritaba ‘¡Papá, papá!’ y yo ni me daba vuelta, hablaba con la psicóloga. Mariana me dijo: ‘Te están llamando’. A mí me rebotaba eso, no lo podía asimilar. Yo ya era su papá el primer día. Ella lo vivió con mucho más frescura, pero yo me quedaba duro. Sentía que se tenía que trabajar. No podía decir ‘mi hijo’ el primer día.

-Mariana: Después conocimos al del medio, que nos habían dicho que era especial… y es especial. Es un amor. Tenía unos problemas en su momento y hoy está bárbaro. Fueron cuatro meses de vinculación: después todos juntos, los sacamos a un picnic… ahí nos dimos cuenta que eran muchos. Después empezaron a venir a casa a dormir los fines de semana. Fue duro la parte de la vuelta al hogar cuando volvían los domingos. Y después vino la guarda adoptiva: después de cuatro meses se vinieron a vivir a casa. Fin de septiembre del 2018. Nosotros al principio no teníamos nada. Éramos un departamento para dos. Y la solidaridad de la gente fue genial: ropa, camas, cuchetas, colchones… ‘tengo ropa de mis hijos’, ‘zapatillas’, bolsas de ropa… no sabíamos los talles. Les compramos a cada uno unas sábanas y un pijama. Eso nos impresionó: ellos agarraban las sábanas y el pijama… ‘son mías, pero son mías para siempre’. Nunca habían tenido un pijama. Cosas que uno tuvo siempre, unas sábanas que ni le das importancia… para ellos era otra cosa. Y cuando se convirtieron legalmente… fue en pandemia, 2020. Nos llaman, no podíamos salir a ningún lado. El juzgado estaba cerrado y lo más raro es que abrió para darnos la adopción. Lo hicimos por Zoom. Fue una alegría. Queríamos festejar y no se podía con gente afuera. Pero festejamos nosotros siete. A los chicos les trajo tanta seguridad, porque para nosotros era un papel… pero para ellos fue como el sello de que ya no nos iban a sacar de ahí, porque tenían miedo. A la noche escuchábamos que hablaban… y ese día los dos más chiquitos… ‘Para mí hoy fue el día más importante de mi vida, porque ya… nos puede sacar de acá’.

-Matías: Yo cuando apoyo la cabeza en la almohada… estoy contento, muy contento con lo que hicimos, con lo que estamos haciendo. No digo que sea fácil, pero estoy muy contento. Creo que se van arreglando cinco vidas… van teniendo proyección. Y la nuestra la siento como una vida que estuvo al servicio de esto, con mucho gusto, con mucho amor.

-Mariana: Yo siempre digo que tenía muchas ganas de ser madre. Siento como que se me cubrieron todas las expectativas. No me quedó algo en el tintero… estoy plena.