Presenta:

"Como lo hacía mi abuelo": el valor de lo artesanal en una fábrica centenaria

A cien años de su llegada a Mendoza, la heladería Soppelsa sostiene un modo de hacer donde la elaboración humana pesa más que la velocidad industrial.

En tiempos de robots y producción en serie, Luis Soppelsa explica por qué seguir haciendo helado con las recetas de su abuelo, sigue teniendo sentido.

En tiempos de robots y producción en serie, Luis Soppelsa explica por qué seguir haciendo helado con las recetas de su abuelo, sigue teniendo sentido.

Rodrigo D'Angelo / MDZ

En tiempos de inteligencia artificial, la estandarización y la lógica del “más y más”, la heladería Ferruccio Soppelsa sostiene una decisión poco común: no correr detrás de la industria. No por nostalgia ni por resistencia romántica al cambio, sino por una convicción profunda: hay cosas que, si se modernizan del todo, pierden el alma.

Soppelsa produce Helado desde 1927 en Mendoza, pero su forma de trabajar está más cerca del oficio que de la fábrica moderna. “No somos grandes, pero duramos”, dijo a MDZ Luis Soppelsa casi como una definición existencial más que empresarial. La frase condensa una filosofía que atraviesa generaciones: crecer lento, sostener calidad, evitar atajos. Mientras la industria alimentaria busca escalar, automatizar y abaratar, Soppelsa elige optar por otro camino.

Durar como objetivo

ferruccio soppelsa fábrica helados heladería-nueve
Luis explica, en el recorrido por la fábrica, cómo cada proceso tiene una impronta y un detalle humano que mantiene lo artesanal de la producción.

Luis explica, en el recorrido por la fábrica, cómo cada proceso tiene una impronta y un detalle humano que mantiene lo artesanal de la producción.

En un mercado saturado de marcas, promociones y modas, la heladería centenaria elige otro horizonte. No competir por volumen, no bajar calidad para abaratar, no correr detrás del último grito. “Nosotros llevamos 100 años y nunca fuimos muy grandes”, dice Luis. La frase no suena a resignación, sino a orgullo.

La producción es deliberadamente pausada. No hay toneladas por hora ni líneas robotizadas que hagan todo solas. Dentro de la fábrica, ubicada en calle San Martín Sur, hay máquinas viejas, pesadas, mecánicas que siguen funcionando como relojes antiguos. Hay manos humanas que prueban, ajustan y esperan. “El modernismo tiene cosas buenas, pero no es todo bonito”, resume Luis. En su mirada, la velocidad extrema trae eficiencia, pero también ansiedad, pérdida de criterio y uniformidad.

Lo artesanal y lo casero como bandera

ferruccio soppelsa fábrica helados heladería-veintiseis
No solo los productos helados, sino también la panadería es de elaboración manufacturada en Soppelsa.

No solo los productos helados, sino también la panadería es de elaboración manufacturada en Soppelsa.

En Soppelsa, Luis cuenta que se reactivará la vieja máquina para realizar barquillos. Allí mismo, también se realizan las garrapiñadas de almendras, se cocinan mermeladas, se preparan pulpas y salsas propias. No porque sea más barato, sino porque garantiza identidad. Además, hay más de 300 elaboraciones distintas entre helados, pastelería, frutos secos y salsas.

Las recetas no son muy distintas a las del abuelo Güerino. Cambiaron detalles, se pulieron procesos, se adaptaron controles sanitarios. Pero la esencia sigue ahí. “La calidad de lo que hacemos no difiere de lo que hacía mi abuelo”, afirmó Luis Soppelsa, tercera generación de heladeros, casi como una declaración de principios.

Cuando producir lento también es una forma de resistir

Entrevista A Luis Soppelsa, De Heladería Soppelsa

Soppelsa afirma no competir por ser el más grande ni el más rápido. En palabras de Luis Soppelsa, compite por seguir estando. Ha visto pasar modas, marcas enormes y modelos de negocio que parecían invencibles. Muchos ya no están. Ellos sí.

Quizás por eso, recorrer la fábrica no transmite la sensación de un museo, sino de un taller vivo. Un lugar donde la técnica convive con la memoria y donde el progreso no se mide en velocidad, sino en permanencia. En un mundo obsesionado con llegar primero, Soppelsa elige llegar lejos.

La fábrica elabora en promedio unos 3.000 litros diarios de mix, una cifra modesta frente a los gigantes del rubro. No hay crecimiento exponencial ni apuestas financieras agresivas. “Nunca nos metimos en grandes créditos. Muchas empresas lo hicieron y no les fue bien”, señala. La lógica es otra: stock chico, rotación constante y control cercano del producto. El tiempo, acá, no es un enemigo.