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Abuso sexual infantil: cómo identificar los signos de abuso y cómo acompañar a las víctimas

Andrea Aghazarian, psicóloga y escritora del libro "Después del abuso sexual", habló con MDZ sobre la importancia de la ESI en las escuelas y cuáles son las deudas de la sociedad para con las víctimas.


“Hay abusos que no dejan marca visible en el cuerpo y la ropa”, advierte la psicóloga y psicoanalista Andrea Aghazarian en una de las historias de su libro “Después del abuso sexual ”. Luego de trabajar por años en el área clínica -terapia- orientada a problemáticas relacionadas con la sexuación y la violencia intrafamiliar, principalmente, el abuso sexual, Andrea sintió la necesidad de trasladar al papel algunos de los casos que más le resonaron, con un objetivo claro: visibilizar la problemática, compartir el tratamiento que ayudó a las víctimas y contribuir en la prevención de casos de abuso intrafamiliar.

El libro, que fue publicado en 2024, reúne ocho casos de abusos que Andrea trabajó con sus pacientes en el consultorio. En cada uno, el lector puede acercarse al sentir de la víctima -que dio su consentimiento para que su historia fuera contada- y cuáles fueron las consecuencias del trauma que vivió, generalmente, siendo bebés, niños o adolescentes. Pero, tal como la propia psicóloga enfatiza, no se trata de una obra “negativa”, más bien, todo lo contrario. Gracias a la terapia especializada en casos de abuso sexual, cada víctima transitó el proceso necesario para empezar a validar sus emociones, dejar atrás la culpa, reconstruir vínculos rotos y mejorar su calidad de vida, sin dejar que el abuso condicione el resto de su historia.

En una entrevista exclusiva con MDZ, Aghazarian habló en detalle del libro que busca llegar a todas aquellas personas que fueron víctimas y no se animaron a contarlo, como a las que sí pudieron hacerlo y, también, a los familiares que quieren saber cómo acompañar a la persona abusada. Asimismo, la autora habló de la importancia de la implementación de la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) en las escuelas para poder enseñarles a los más chicos a identificar y prevenir un abuso, como también cuáles son las huellas del abuso infantil que deben identificar los padres, maestros y demás adultos responsables.

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Entrevista completa: Andrea Aghazarian presenta su libro "Después del abuso sexual"

- ¿Cómo nace el deseo de escribir distintos casos de abuso sexual en el libro?

- El deseo de escribir este libro tiene que ver con mi experiencia clínica. Son muchos años de trabajo. Yo soy psicoanalista, trabajo haciendo clínica, o sea, tratamientos, y trabajo con pacientes diversas cuestiones, pero me especialicé en pacientes abusados en la infancia. Trabajo con pacientes adultos actualmente.

Había tantos casos (de abuso) que me pareció que era importante compartirlos porque, por suerte, de algún modo, ya se sabe un poco más sobre el abuso, pero cuando yo empecé a atender no se sabía tanto. La gente se extrañaba de las cosas que yo compartía. Pero lo que no se sabe y no se ha compartido tanto —y por eso es que escribí el libro— es cómo son los tratamientos, o sea, cuál es el camino para estar mejor, para compartir, para saber qué es lo que hace el terapeuta. Eso no se visibilizó tanto. Y me pareció interesante compartir los tratamientos de pacientes abusados, justamente porque lo que se ve al final es muy gratificante, para ellos y también para mí en este caso.

- En cada capítulo, contás la historia de un abuso distinto. En "Nadia" vos relatás la historia de una mujer que recuerda el abuso del que fue víctima siendo una niña, a los 6 años. En un principio abordás la problemática, el relato de la víctima, y después, contás cómo fue el tratamiento y su avance a pesar del trauma. ¿Cuál es el objetivo de mostrar esta dinámica?

- El trabajo en análisis, o sea, en la terapia, justamente lo que intenta es que el abuso no invada absolutamente toda la vida de esa persona. Además, el abuso es algo que la va a acompañar toda la vida porque lo que sucede es que arrasa con todo. Pero se intenta que la persona pueda desarrollar otros aspectos y tener otros vínculos.

Entonces, en ese caso en particular, la paciente pudo retomar el vínculo con un montón de familiares con los que se había alejado. Estaba muy aislada. Entonces, comparto un poco de eso: cómo ella fue tejiendo esos vínculos a pesar del abuso; no así con el abusador, eso está claro.

En ese sentido, lo que yo sugiero siempre es creer cuando un hijo o una hija cuenta. Porque esta paciente contó lo que le estaba pasando, lo contó de niña, y no fue acompañada, no se le creyó demasiado. Es importante que el adulto que escucha, por primera vez un relato de estos, crea: “Yo sí te creo”. Segundo, que acompañe. Y, si no sabe qué hacer, que consulte. Porque esa persona, ese vínculo, va a quedar marcado para toda la vida según si le creyó o no le creyó, si acompañó o no acompañó. Es fundamental.

- ¿Se puede reconstruir el vínculo con la persona que encubrió al abusador o no te creyó cuando hablaste?

- La verdad es esta: si no creyó, ese vínculo queda roto. Después, el vínculo sigue con ese quiebre, o no sigue en lo más mínimo. Pero también depende de qué haga ese adulto: si pide perdón, si se involucra o si sigue negando toda la vida.

Andrea Aghazarian: "La persona que sufre un abuso se lo cuenta a quien puede, cuando puede"

Yo compartí esto justamente para que la gente haga todo lo contrario a lo que sucede en algunos de los casos, como para que pueda haber ejemplos de qué pasa cuando alguien no quiere escuchar, ya sea la madre, sea el padre, sea un hermano, cualquier familiar. La persona que sufre abuso se lo cuenta a quien puede y cuando puede.

El tema de la imprescriptibilidad de este delito es una deuda con los niños y es una deuda con todos nosotros, que somos la sociedad en su conjunto. Este delito prescribe hoy en día, pero debe ser un delito como el delito de lesa humanidad porque es crónico el daño, es permanente, no cesa jamás. Sí se modifica, la persona se modifica, pero el delito genera un daño para siempre.

Me parece que ahí hay una deuda de los legisladores, que no tratan este tema que está presentado para tratamiento y no lo tratan. Y después, es una deuda de la justicia. Todo lo que tiene que ver con el Poder Judicial está lejos de lo que necesitamos que esté para el tratamiento de estos casos.

Sí se avanzó en la sociedad, pero no estamos bien porque lo que se produce es la revictimización de un niño cuando va a la justicia. Muchas veces se produce también una desestimación de los trabajos que hacemos los psicólogos, de los informes que presentamos; o sea, sí los reciben, pero después, al momento de la sentencia, a veces la justicia va para otro lado.

Hay otra deuda también importante que es la económica. Hay un caso en el libro que es de una niña, cuyo padre es el abusador de sus hermanas y no pueden sacarlo de la casa. Entonces, una de ellas hace guardia todas las noches para retener al padre en la habitación y que no moleste a ninguna de las hermanas. En esos casos se requiere dinero para que la madre pueda tomar a sus hijas e irse. ¿Cómo se va una madre cuando un abusador se queda dentro de la casa? Sea quien fuere porque, además, siempre es una figura recontra cercana y una figura de autoridad para el chico porque, sino ¿por qué el chico haría lo que esa persona le va diciendo que haga? Hay una extorsión ahí.

Tiene que haber programas de parte del Estado que ayuden a esas mujeres a irse con sus hijos de la casa. Esto, cada vez se recorta más en estos últimos tiempos. Lo mismo pasa con la violencia de género. ¿Cómo se va la mujer de la casa? ¿Con qué dinero se va? ¿A dónde se va? ¿A dónde lleva a sus hijos? Esta es una deuda. Guste o no guste, esto es la realidad. Y lo que lleva es a más delitos si no hay recursos.

Es un conjunto el abordaje. Yo lo abordo desde lo clínico, pero uno ve que cuando hay que hacer esto falta aquello, cuando hay que hacer lo otro, falta también.

- ¿Cuál es el rol de la ESI en las escuelas en cuanto a la prevención de un abuso intrafamiliar? Porque muchas personas dicen: “La ESI no es necesaria porque en la familia se educa”. Pero, justamente, muchos casos de abusos suceden en la familia. ¿Por qué es importante?

Andrea Aghazarian: "La mayoría de los casos de abuso suceden en la familia"

- Todos los casos de abusos suceden en la familia, excepto en los casos de un maestro, de un religioso, pero casi que son parte de la familia. Es alguien muy cercano. Si la familia educa y es un familiar el que abusa -por ejemplo, el padre, el tío o el abuelo, que es muy habitual- ¿qué educación le va a dar ese padre a ese chico para que se defienda? Ninguna. Todo lo contrario.

Y a veces la madre no puede creer que ese hombre con el que formó una pareja y tuvo hijos es la misma persona que lo podría abusar. Entonces, no educa al chico para cuidarse de su marido. Me parece que es muy simple.

Entonces, a la ESI hay que defenderla. Lamentablemente es lo único que tenemos y es fundamental. Primero, es una ley nacional; eso significa que tiene que tener aplicación a lo largo de todo el país, pero no se hace, fundamentalmente, en las escuelas privadas. No se hace en general, pero en las escuelas privadas se hace a la carta de la población de padres que tienen. Si son religiosos, se recorta una cosa; es como satisfacer a una clientela.

Realmente lo que hay que entender, y que tiene que quedar en la conciencia de esos directores y directoras, es que lo que están haciendo es exponer a los niños a un abuso. Porque ese niño, si no se le da el material que hay que darle, que es la ESI, no va a identificar nunca que está siendo abusado sexualmente, porque el chico no sabe lo que es el sexo; no sabe qué es lo que sí hay que hacer y qué es lo que no; no sabe por qué el tío le toca los genitales, y le parece que es un juego porque el tío le explicó eso.

La ESI lo único que tenemos en prevención. Entonces, las madres y padres tienen que defender la ESI, no atacarla.

- En el capítulo de Nadia, escribiste: “Hay abusos que no dejan marca visible en el cuerpo y la ropa”. ¿Cuáles son las marcas que puede dejar un abuso más allá de lo físico, para identificarlas cuando sucede? Y, ¿cuáles son las marcas que deja de por vida en una víctima?

- Vamos de lo más obvio a lo menos obvio. Lo más obvio son las lesiones. Para eso nosotros invitamos a los pediatras a que firmen los informes; esto significa que, si ven una lesión genital, que hagan un informe y lo denuncien. No es lo habitual. A veces lo hacen, pero no siempre. Es complicado, pero hay que hacerlo.

Todo lo demás es psíquico. Vemos un chico decaído, triste, melancolizado, aislado, con mucha dificultad para establecer vínculos. Un chico que, a veces, parece más maduro de la edad que tiene. Un chico que no habla de sí mismo, de su historia; habla de cualquier otra cosa, menos de sí mismo porque es un chico que está guardando un secreto tremendo. Entonces, ese esfuerzo permanente lo va desconectando del estudio, de los compañeros, de la familia, de fantasear un proyecto de vida.

Andrea Aghazarian presenta su libro "Después del abuso sexual"

Andrea Aghazarian presenta su libro "Después del abuso sexual".

Cuando son más chiquitos, en la etapa del jardín, se hacen pis en la cama, se despiertan a la noche con pesadillas. Una cosa puede pasar. Ahora, cuando pasan varias de todas estas juntas, hay que hacer la consulta. No es que porque un chico se haga pis en la cama es abusado, pero cuando van pasando varias de estas cosas, es importante hacer la consulta.

- Y, ¿cuáles son las marcas que deja el abuso en la vida adulta de una víctima?

- En la vida adulta, quedan otro tipo de huellas. La vida sexual de una persona que padeció abuso sexual en la infancia, es muy traumática. El libro trae cuestiones que tienen que ver con un “saber no sabido”, decimos nosotros, que son saberes inconscientes; esto quiere decir que no es lo que cualquiera te puede contar, sino que es lo que aparece en un tratamiento, que la persona no sabía que sabía y que le está afectando en su vida cotidiana y, fundamentalmente, en sus relaciones sexuales.

Se nota en la dificultad de vincularse sexualmente porque el cuerpo de una persona abusada trae una historia. Lo que para una persona que no sufrió abuso puede ser algo erótico, placentero, agradable, para quien sufrió abuso es traumático y desagradable; es un recuerdo de horror.

Entonces, ¿por qué es importante el libro? Desde mi punto de vista, es un libro de divulgación. Todos tenemos alrededor personas que han sufrido abuso. No lo sabemos, pero las tenemos. Es un tema estadístico. Entonces, es importante, porque no solo el que sufrió abuso se va a identificar y va a decir: “Ah, bueno, por acá puedo ir, por este otro lado también”; sino que también les sirve a los que están alrededor. Porque la persona que sufrió abuso y ya está en la vida adulta necesita que su pareja, sus amigas, sus amigos, puedan escuchar, puedan entender, puedan acompañar sin señalar, sin discriminar, con mucho respeto, casi te diría con admiración porque salir de ese horror y tener una vida es un montón.

- ¿Cuál es la relación entre la culpa y la sexualidad después de haber sufrido un abuso?

- Es interesante porque la culpa queda en un lugar equivocado, en la víctima, en el niño, en ese caso, cuando el responsable y el culpable es el adulto. El abuso se caracteriza por la asimetría en el vínculo, es decir, hay un adulto y hay un niño, y el adulto usa al niño como un objeto.

Ahora, el niño crece, se da cuenta de lo que vivió y se siente muy culpable de que no pudo defenderse, de que no pudo decir nada, se cuestiona por qué le pasó lo que le pasó, por qué no pudo evitarlo. Todas cosas que hay que trabajarlas. Ahí está la culpa. Esa culpa, que es totalmente errónea, si no se trabaja, lo que hace es obstaculizar.

Hay un caso donde yo cuento que una paciente se sentía muy culpable de lo que había vivido y nunca podía tener un orgasmo. Cuando lo trabajamos, pudimos vincular eso. Pudimos separar que ella era muy pequeña como para poder hacer todo aquello que ella se recriminaba que quisiese haber hecho. Entonces, se permitió disfrutar.

La culpa tiene que ver con un dedo acusador, y cuando uno se acusa a sí mismo, está en problemas. Fundamentalmente, cuando está distorsionada. Porque la responsabilidad siempre es del adulto.

- ¿Qué le dirías vos a una persona que sufrió un abuso sexual y que todavía no se anima a decirlo?

—Que hable. Ese es el inicio del intento de tener una vida mejor. Que hable, que lo pueda nombrar. Que busque a la persona con la que tiene confianza. Y si no tiene una persona de confianza, que busque un psicólogo o una psicóloga, alguien, un profesional que esté en el tema. Como el caso de "La niña de la escuela", una niña que buscó a la bibliotecaria del colegio para contarle, porque era la que tenía más a mano. O que busque, por supuesto, ayuda profesional. Eso seguro. Todo tratamiento, cuanto antes se haga, mejor es el pronóstico. No esperar.

Además, hay otra cuestión. En general lo que pasa es que el abusador es una persona muy admirada en la familia, que tiene un lugar importante en la familia. Entonces, la persona dice: “No me van a creer. Y, si lo cuento, esta familia estalla”. Y sí. Pero antes de que estalle ella o él, es importante que se hable, que las cosas se ordenen, que se sepa quién es cada uno. Porque son personas que tienen una mascarada. Ocultan lo que hacen con los niños.

Hay otra cuestión que a mí me parece siempre importante, que se lo digo a los pacientes cuando tienen que hablar, es: “Si vos no lo decís, esta persona va a seguir abusando de otro niño”. Porque el abusador va a buscar a otra víctima, para satisfacerse. Entonces, si el miedo es que estalle la familia, la bandera tiene que ser: “Voy a salvar a otro niño”. Pero no es fácil, yo lo entiendo. Y si no lo puede hablar en la familia, que vaya a un consultorio y lo hable. Pero que lo trabaje, porque eso, internamente, es una tortura.

Yo me sigo dedicando a esto porque los resultados de los tratamientos son muy gratificantes. De cómo viene el paciente a cómo se va… No es que se olvidó, ni que dejó de ser grave, ni nada de eso. Pero es tanta la diferencia, que por eso los invito a que lean, a que hablen, a que compartan. Que no se queden con esa casi sentencia. Hay que salir de ahí.