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¿Una bebida inocente? El consumo de energizantes entre adolescentes crece y preocupa

Cada vez más adolescentes consumen energizantes como si fueran una bebida más. Los especialistas advierten sobre sus efectos y las posibles consecuencias a corto y largo plazo.
Las bebidas energizantes se venden fácilmente y cada vez más adolescentes las consumen de manera habitual. Foto: Archivo
Las bebidas energizantes se venden fácilmente y cada vez más adolescentes las consumen de manera habitual. Foto: Archivo

El consumo de energizantes  dejó de ser una costumbre exclusiva de los adultos en las noches de fiesta o en comerciales de deportes extremos. Hoy por hoy, es cada vez más común ver a adolescentes, chicos de 12 o 13 años, que los incorporan como si fueran una gaseosa o una bebida saludable, una situación que se ve con frecuencia en las salidas escolares, sin saber que contienen ingredientes que pueden generar efectos adversos en el organismo.

El equipo de MDZ  recorrió kioscos y minimarkets, en los cuales se pudo visibilizar que la situación va en aumento. Además se consultó a especialistas que advirtieron sobre los riesgos que esta práctica implica para la salud, sobre todo cuando se mezcla con alcohol o se consume de forma habitual sin supervisión.

Muchos chicos creen que los energizantes son iguales que una gaseosa o una bebida isotónica.

Palabra autorizada

Las bebidas de este tipo contienen cafeína, guaraná, taurina y otros estimulantes que pueden alterar el ritmo cardíaco y el sistema nervioso central. Algunas tienen tres veces más cafeína que una gaseosa cola y pueden provocar desde insomnio hasta cuadros severos en chicos con enfermedades no diagnosticadas. En diálogo con MDZ, la pediatra Miriam Tonietti advirtió que: “Hay estudios que sugieren que los niños/adolescentes son más proclives a desarrollar dependencia incluso a menores dosis y frecuencias”, remarcó Tonietti.

Una de las principales preocupaciones de médicos y docentes es la mezcla de estas bebidas con alcohol. Aunque no lo hagan en la vía pública como sí lo hacen a la hora de consumir solo los energizantes, muchos adolescentes de entre 17 y 18 años las combinan los fines de semana con alcohol, lo que genera un cóctel riesgoso para el cuerpo. “Un estimulante con un depresor puede llevar a una arritmia o hasta un paro cardíaco”, explicó Fernando Encina, profesor de educación física en colegios secundarios de Mendoza.

Lo que se ve

Aunque se vendan libremente, los energizantes pueden provocar problemas cardíacos y dependencia. Foto: Unsplash.

Un relevamiento de kioscos mendocinos realizado por MDZ confirmó que muchos estudiantes de secundaria compran energizantes al salir de clases. En un local de Avellaneda y Belgrano, Verónica explicó que los chicos de primer y segundo año son compradores frecuentes. En el kiosco Estación Oasis, sobre calle Juan B. Justo, Fernanda decidió dejar de venderles estas bebidas a menores: “Tengo hijas chicas y como sé que les hace mal no les vendo a menores”, dijo. Sin embargo, reconoce que los jóvenes encuentran dónde comprarlas igual, uno de los lugares donde tiene fácil acceso a estas bebidas es en los supermercados.

El problema no es solo lo que consumen, sino los hábitos que se crean. Varios adolescentes creen que estas bebidas los ayudan a “rendir mejor” o que son “más sanas” que una gaseosa, cuando en realidad pueden provocar ansiedad, afectar el sueño y aumentar la presión arterial. En los casos de sobrepeso infantil, también suman calorías vacías y afectan el metabolismo.

Profesores y kiosqueros notan un claro aumento del consumo entre adolescentes.
Foto: Archivo.

En cuanto a que el consumo de bebidas energizantes sea un posible facilitador para que los jóvenes se acerquen al alcohol, no existen estadísticas claras ni estudios que demuestren que esto sea así, pero la preocupación general en padres y el público en general existe.

Uno de los riesgos más grandes es la normalización. Al tratarse de productos legales, que se venden como si fueran jugos o isotónicas, tanto padres como docentes muchas veces no prestan atención a su consumo. La recomendación de pediatras y nutricionistas es simple: hablar con los chicos, informarse y no subestimar lo que parece una simple lata de colores en sus mochilas.