El posgrado de convivir con un adolescente
Diariamente vivimos en una montaña rusa de emociones: las nuestras y las de nuestros adolescentes. En un minuto, nos encontramos con comportamientos que no reconocemos en ese hermoso ser que criamos: ignorancia, contestaciones monosilábicas, abulia, exceso de confianza, ataques de amor, de ira, desconexión emocional, gritos, mal humor. Tratamos de entender, disculpar, limitar, educar, controlarnos para no ser violentos. Pero no hay libro ni orientador para padres que alcance.
Nos preguntamos:
- ¿Qué hice mal?
- ¿De dónde saca esas contestaciones?
- ¿Es la junta?
- ¿No me quiere?
- ¿Qué hago?
Simplemente, se trata de entender, especialmente lo que sucede desde lo racional. Y en eso, la psicología al menos nos da algunas respuestas. Estamos ante conductas o síntomas propios de una etapa evolutiva. Claramente, no los definen. Están construyendo su identidad, procesando duelos, enfrentando exigencias, midiendo conductas, forjando valores. Y todo esto sucede en una realidad incierta, con los vestigios de la pandemia, los avatares de las redes sociales y en una sociedad que, por momentos, olvida los valores y resigna el ser por el tener.
Es donde el adulto debe ser, precisamente, eso: adulto. No un par que habilita el alcohol. Sí un adulto que puede tolerar la angustia de decir con convicción un No como acto de amor. Que puede acompañar el enojo porque ese límite es cuidado.
La neurociencia nos dice que el cerebro adolescente está en desarrollo
Y justo todo lo que les pedimos es lo que aún no pueden hacer por una cuestión biológica. Control de impulsos, autorregulación, postergar satisfacciones. Sus conductas desacertadas no son ataques, odio o faltas de respeto.
Están aprendiendo, ensayando. Y, a veces, les pedimos que comprendan lo incomprensible en esta etapa. Y muchas veces les exigimos lo que, como adultos, no damos:
- Respeto.
- Tiempo.
- Buenos modos.
- Tolerancia.
- Comprensión.
A veces, no saben cómo pedir ayuda.
- Un grito es un llanto contenido.
- Un portazo, una necesidad que no comprenden ni pueden satisfacer.
- Un no quiero es un abrázame, necesito que me junten los pedazos.
- Un no me importa es un cuídame, me rompieron el corazón.
Están aprendiendo. Están creciendo. Y crecer duele. Entonces…
Lo que más necesitan, en mi humilde opinión, es:
- Amor.
- Tiempo.
- Paciencia.
- Abrazos.
- Respeto.
Los adolescentes necesitan acompañamiento
No ir de la sobreprotección al arréglate como puedas. Poner límites desde el afecto y el cuidado. Hacer redes con otros padres para ofrecer espacios seguros. Conocer su idioma, sus códigos. No criticar. Entender su mundo sin juzgar. Tu adolescente necesita que lo veas con los ojos del corazón, que lo escuches con el alma y lo abraces fuerte cada día. Y que por cada queja o comentario negativo, le digas diez cosas lindas.
Educar con amor, respeto, confianza y límites claros no falla. Cuidemos a nuestros adolescentes. Vale la pena duplicar la paciencia. Vale la pena siempre dar lo mejor. Este es tu mejor posgrado y lo aplicas a todo.
* Lic. Erica Miretti. Psicóloga , docente Neuropsicoeducadora.