Presenta:

Entre engranajes y recuerdos: el relojero que desafía al olvido y mantiene vivo un oficio artesanal

Con 45 años de oficio, Daniel "Cacho" Gutiérrez sigue reparando y restaurando relojes como lo hacía su padre. El mendocino repara desde piezas de alta gama hasta relojes familiares llenos de historia.
Donde otros ven objetos viejos, Cacho Gutiérrez ve historias que merecen seguir latiendo. Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ
Donde otros ven objetos viejos, Cacho Gutiérrez ve historias que merecen seguir latiendo. Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ

En un mundo donde el tiempo  se mide con un vistazo al celular, todavía hay hombres que se dedican a escuchar el latido mecánico de la historia. Daniel “Cacho” Gutiérrez, dueño de la tradicional Joyería y Relojería  Gutiérrez, ubicada en Buenos Aires 95 del centro mendocino, lleva más de cuatro décadas dedicado a un arte que, lejos de desaparecer, resiste entre engranajes, péndulos y melodías.

“Trabajo en la relojería desde hace unos 45 años. Empecé de chico, siguiendo los pasos de mi padre, que era joyero”, contó Cacho a MDZ. El suyo es un negocio familiar que nació en los años 50 y que, a pesar de los golpes de la vida, sigue en pie, ahora sostenido por los hermanos Gutiérrez.

En su taller, Cacho demuestra que la paciencia aún tiene su recompensa. Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ.

La pasión de Cacho por los relojes no fue casual. Aunque su primer oficio fue la joyería, fue la precisión del tiempo y su maquinaria perfecta la que lo conquistó. “Después del trabajo, a la tarde noche, me quedaba estudiando relojería. Más tarde hice cursos en Buenos Aires, en la Otto Krause, y seguí perfeccionándome”, recordó.

Su taller en el subsuelo de la joyería es un universo de piezas diminutas, lupas y herramientas que parecen de otro siglo. Allí, además de atender relojes de marcas reconocidas como Rolex, Festina y Omega, entre otras (de las cuales es técnico especializado) también repara piezas japonesas, suizas y hasta relojería china. Su especialidad es la relojería fina, pero no desprecia los trabajos más sencillos: “Estoy para eso. Puedo arreglar desde un reloj  muy importante hasta uno más simple”, afirmó con humildad.

Cacho restauró el histórico reloj de la ex Casa König y sigue poniendo en hora la memoria mendocina. Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ.

Uno de sus trabajos más emblemáticos fue la reciente restauración del reloj de la ex Casa König, en pleno centro de la provincia. Un ícono que no solo marcaba las horas, sino también los recuerdos de generaciones de vecinos. “Es un orgullo poder devolverle el tiempo a piezas como esa. Ahí uno siente que también está reparando parte de la historia de la ciudad”, dijo con orgullo Gutiérrez.

La relojería mecánica, un arte que vuelve

Aunque los relojes inteligentes y de cuarzo dominaron durante décadas, hay un renacer silencioso que entusiasma a artesanos como Gutiérrez: la vuelta del reloj mecánico. “Es el mejor reloj ecológico que existe: no necesita pilas, se carga con el movimiento de tu brazo y no contamina el ambiente”, explicó.

Daniel "Cacho" Gutiérrez lleva 45 años reparando relojes y preservando un arte que se resiste a desaparecer en Mendoza. Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ.

Según Cacho, las principales marcas del mundo, como Rolex y Omega, apuestan cada vez más a recuperar esta tecnología tradicional, y los jóvenes también se están animando a usar relojes de tres agujas: hora, minuto y segundos, sin complicaciones.

“El reloj mecánico es más que un objeto, es una máquina precisa que requiere cuidado, paciencia y pasión. Si falla, lo notás enseguida. No podés darte el lujo de equivocarte”, señaló.

El latido del tiempo

En la joyería y relojería Gutiérrez, Cacho echa a andar su pasión por los relojes. Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ.

Entre relojes de pared con carrillón, piezas antiguas y mecanismos de precisión, Cacho sigue trabajando con la misma pasión que lo llevó a elegir este camino. “Cada reloj nuevo, cada mecanismo diferente que llega, me atrapa como el primer día”, confesó.

En tiempos donde todo parece descartable y urgente, el oficio de Cacho Gutiérrez, llevado a cabo con sus manos, demuestra que aún hay espacio para quienes creen en el valor de las cosas bien hechas y por lo que el tiempo no será solo una medida, sino que seguirá siendo una historia que late en cada engranaje.