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La increíble historia del aristócrata mendocino que terminó como cosaco Ruso

Los Villanueva tuvieron de todo en su familia: desde gobernadores, hasta científicos. Pero hubo uno que cruzó fronteras y hasta hizo mutar el apellido al ruso. La increíble historia del "Cosaco".

Así como se lee e interpreta. “El mismo que viste y calza”: Benigno Benjamín Villanueva (1815 – 1872), descendiente directo de la tradicional familia mendocina, terminó muriendo en Rusia bajo el nombre y apellido de Villanokoff. Y como “cosa e’ mandiga”, la aristocrática familia Villanueva que contó entre su parentela a cuatro gobernadores de Mendoza durante el siglo XIX (Nicolás Alejandro, Joaquín, Arístides y Elías), una rebelde indomable como Genoveva que se enfrentó al fraile Aldao, soldados que pelearon al mando de San Martín, un médico extraordinario como Francisco (reconocido internacionalmente), un pionero de la meteorología nacional como Franklin y a un ingeniero que fue protagonista directo del desarrollo ferroviario y minero de Mendoza, como Guillermo; más varios ministros, industriales, religiosos, artistas, científicos, docentes, financistas e ilustres viticultores, también sumará entre su historia familiar a un personaje de novelas: Benigno Villanueva, el mariscal “de todas las Rusias”, condecorado por el mismo zar Alejandro II.

El zar Alejandro II.

El duelo a sablazos y el café de los catalanes 

Benigno había nacido en Buenos Aires, aunque fue un mendocino de buena cepa por adopción. Era hijo de Miguel Baltasar Villanueva Godoy. Ya entre las notas curiosas de la vida de Don Miguel (padre de Benigno), registramos que estuvo preso por no honrar la palabra de casarse con una prometida. Una vez saldada esa deuda, integró el contingente que Cuyo envió a Buenos Aires para pelear en las invasiones inglesas, destacándose por haber obtenido como trofeo una bandera de los británicos.

Además, Don Miguel fue granadero de San Martín en Mendoza, llegó a pelear en Perú y terminó retirándose como teniente coronel. Con tamaño antecedente militar de su padre, Benigno quiso enrolarse en la milicia, aunque su progenitor (“conociendo el paño”) se opuso rotundamente.

Pero pareciera que “la suerte ya estaba echada”. En 1835 jugando al billar en el antiguo “Café de los Catalanes”, contiguo a la Iglesia de la Merced, pleno corazón porteño, tuvo un altercado con su contrincante. La discusión empezó porque la partida tenía como premio, unos habanos. El conflicto fue escalando a tal punto que terminó con un duelo a sablazos, resultando vencedor Benigno y matando a su contrincante. La pena que le cupo, lo eximia de la prisión, pero lo obligaba a formar parte de los ejércitos de la Confederación de Juan Manuel de Rosas, llegando a combatir con su propio hermano (Pio Villanueva), partidario del bando unitario.

De las guerras civiles, a México 

Como militar federal tuvo una destacada actuación. Participó junto a Ángel Pacheco en Mendoza en la sangrienta batalla de Rodeo del Medio (1841) enfrentando al unitario general Lamadrid. Triunfaron los federales en esa contienda, pero sus lazos familiares pudieron más. Toda su familia y amigos de juventud eran unitarios, lo que lo empujó a cambiar de bando después de haber peleado en Montevideo al mando del uruguayo Manuel Oribe.

Ya en las filas unitarias durante su estancia en Uruguay siguió al General Paz hasta Brasil, donde fue contratado por mexicanos para pelear en las huestes del expresidente de México, general Antonio López de Santa Anna, luchando contra la invasión norteamericana de Nuevo México y Alta California. Tuvo una destacadísima actuación en el ejército mexicano, aunque no pudo evitar la rendición ante los estadounidenses (1847).

Eran tiempo bravos para un militar profesional. Entonces, habiendo cumplido su contrato como soldado a sueldo, seguirá su camino en busca de fortuna.

Fiebre del oro 

Concluida su tarea en México, seguirá la suerte de varios amigos y parientes criollos que corrían a California en busca del oro descubierto. Amasará una buena fortuna en terreno californiano y desde ahí emprenderá viaje a España, donde “vivirá como un rey” hasta que se hizo “bolsa” todo lo ahorrado.

Pero como dicen las madres: “no hay aventurero que no tenga suerte”. En Madrid conocerá al poeta argentino Ventura de la Vega, quien lo presentó al renombrado general Juan Prim y Prats, jefe del Partido Progresista Español. Lo cierto fue que, el gobierno español de ese tiempo no sabía cómo sacarse de encima a un crítico opositor como Prim, entonces le concedió una “licencia voluntaria para vivir en el extranjero”, por lo que el líder liberal marchó a Francia.

En 1853 estando Prim en París, el gobierno español le encomendó organizar una comisión observadora en el marco de la entonces llamada "Guerra de Oriente" entre los imperios Ruso y Otomano que amenazaba con convertirse en un conflicto global. Prim aceptó la misión e invitó a Benigno Villanueva a integrarse como agregado militar en la misión de observación en la Guerra de Crimea en que Rusia enfrentaba al Imperio Otomano, aliado con los ejércitos de Francia, Inglaterra y Piamonte.

En la guerra de Crimea

“¡Que lo tiró de las patas!” Benigno en la guerra de Crimea. Así fue. Estuvo en la batalla naval de Sinope (Turquía) donde los rusos destrozaron a los otomanos. Pero la dinámica de la política internacional hará que Francia e Inglaterra rompan su alianza con los rusos en 1854. ¿Qué hizo Benigno? Se quedó del lado ruso, quienes lo recibieron con gusto. Cuentan las crónicas que era un extraordinario jinete, además de enseñarles a los cosacos el arte de usar las boleadoras, enlazar y un buen número de artilugios para la guerra de guerrillas. 

"En todas partes fue bien acogido por su caballerosidad, su afable trato, su inteligencia y amables maneras, la pasmosa facilidad para hablar todos los idiomas" (textual de Pastor Servando Obligado. “Soldado Argentino, General en Rusia”. EN: “Tradiciones Argentinas”. 1888). 

El ruso de los Villanueva 

El Regimiento de la División 31 de Caballería del Imperio de Rusia lo tendrá entre sus filas. Dicho cuerpo estará al mando del coronel Ponnekine. La tarea que cumplía ese regimiento era de operaciones de guerrilla en la vanguardia y ataques sorpresivos con pocos soldados. Todo a pedir de boca para Benigno. “A su juego lo llamaron”; indudablemente su experiencia luchando en el marco de las montoneras criollas le abrió un amplio abanico de admiración, y así, a los pocos días (infiltrados mediante) le trajo a su superior un informe pormenorizado del enemigo, espias que actuaban como informantes y un plano de los puntos estratégicos extranjeros. Conclusión: los rusos tomaron la ciudad de Malakoff (actualmente una comuna francesa) y Benigno fue ascendido hasta convertirse en segundo del coronel Ponnekine, y cuando este murió le sucedió en el cargo hasta el final de la guerra en 1856.

A tal punto llegó la consideración de los rusos que lo nombraron general y tras exitosas campañas, el zar Alejandro II de Rusia lo condecoró con honores.

Hijo E'tigre

Anduvo por Afganistán, y también participó de las campañas rusas por Asía Central. Su imagen se convirtió en leyenda. Un detalle no menor: se casó con la viuda de aquel coronel que era su jefe. No solo se quedó con el cargo tras la lamentable muerte de éste, sino también con su esposa.

En esa época cambió su apellido a Villanokoff. Murió allá por finales del siglo XIX. Su descendencia rusa se perdió en los tiempos de la nueva etapa soviética. Dicen algunos que en momentos de la revolución rusa de 1917 todavía vivían en Moscú algunos de sus descendientes.

Lo que sigue vivo y latente es la historia de ????????????????? (Benigno) ????????? (Benjamín) Villanokoff (Villanueva).