Jugar para encontrarse: el boom de los clubes de juegos de mesa en Argentina
En un mundo donde las interacciones digitales dominan el día a día, hay quienes apuestan por volver a lo esencial: el encuentro cara a cara para jugar. Y lo hacen para recrearse y sociabilizar, sin mediar pantallas, aún cuando no reniegan de ellas. Como ´gamers´ pero analógicos, conforman clubes de juegos como una forma de recuperar la presencialidad por su valor como herramienta social y comunitaria en distintos rincones del país.
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Un ejemplo claro de esta movida es el Club de Juegos de Mesa de Villa Carlos Paz, que cada domingo a partir de las 16:30 transforma el centro vecinal del Cu-Cú en un espacio de encuentro intergeneracional, donde se mezclan risas, estrategia, dados y mate. Lo que comenzó como la ocurrencia de cuatro amigos en 2022 se convirtió en un punto de encuentro sostenido por una comunidad que hoy supera las 70 personas, con una base activa de 20 jugadores semanales.
“Nos gusta decir que no dejamos de jugar porque envejecemos, sino que envejecemos porque dejamos de jugar”, analiza Manuel Fall, uno de los organizadores del club.
La propuesta es libre y abierta a personas de todas las edades, aunque por cuestiones organizativas se pide que los menores estén acompañados por un adulto responsable. El grupo se mantiene activo gracias a un bono contribución voluntario que permite sumar nuevos juegos a una ludoteca que ya supera las 20 unidades, con opciones modernas como Catán, Red Cathedral, Escape o Magic Maze.
Una tendencia que se expande
La experiencia de Carlos Paz no es un caso aislado. En todo el país se multiplican los clubes y espacios dedicados a los juegos de mesa. En Córdoba Capital, por ejemplo, funcionan clubes con encuentros semanales en bares, centros culturales o bibliotecas. En Rosario, la movida también creció con el impulso de espacios como Ludoteca Rosario o Club de Juegos El Draque, que incluso organizan torneos y jornadas abiertas para toda la familia.
En Buenos Aires, el movimiento es aún más diverso: desde locales especializados como La Cantera o Runika, hasta espacios cooperativos como Espacio Lúdico, donde además de jugar, se reflexiona sobre la creación de juegos y su valor pedagógico. Incluso existen editoriales nacionales que promueven títulos de autoría local, como El Dragón Azul, Pogo Juegos o Buró de Juegos.
“Solamente en Argentina, cada año salen al mercado comercial entre 10 y 15 juegos nuevos de autoría local. Hay una comunidad creativa muy activa que transforma ideas en experiencias lúdicas”, comentó Manuel.
Más allá del juego
El furor por los juegos de mesa no se explica solo por el entretenimiento. En un contexto de hiperconexión digital y vínculos muchas veces mediados por pantallas, estos espacios funcionan como verdaderas burbujas sociales donde se prioriza el encuentro presencial, el diálogo y la cooperación. Aún así, no reniegan de las pantallas y muchos de sus integrantes también se recrean con juegos en línea.
“No estamos en contra de la tecnología. Incluso usamos simuladores para jugar virtualmente cuando no podemos encontrarnos. Pero el foco del club es otro: volver al ritual de compartir un rato juntos”, explica Manuel.
La organización también participa en instancias más amplias como los Premios Lúdicos Argentina, donde clubes de todo el país prueban y evalúan juegos nuevos, promoviendo la industria local y el intercambio entre comunidades.

Un ritual que se renueva
Desde San Juan hasta Tierra del Fuego, los clubes de juegos de mesa florecen como espacios de encuentro accesibles y horizontales. No hay ganadores eternos ni frustraciones prolongadas: lo importante es jugar, compartir una merienda, reírse, desafiarse y volver el domingo siguiente con más ganas.
En Villa Carlos Paz, el ritual incluye mate, criollitos y, a veces, partidas de Calabozos & Dragones. En Buenos Aires, puede ser una noche temática con juegos inspirados en películas. En Rosario, una tarde de juegos rápidos para activar la mente. Pero en todos los casos, la esencia es la misma: recuperar el juego como excusa para sociabilizar y entretenerse.


