En el cierre de la temporada: Mar del Plata y sus pintores
Completando la serie dedicada a Mar del Pata, con algunos antecedentes y obras de Daniel Kaplan, uno de los artistas premiados y nuestro favorito. Para empezar, una brevísima reseña histórica: Magallanes primero (1519) y luego Juan de Garay (1581) recorren la costa bonaerense de la zona sin asentar población. Dos siglos después los jesuitas intentan afianzar una misión en la “Laguna de los Padres” pero los pampas terminan con la iniciativa.
Será luego un empresario brasileño que con saladero y un puerto pretende instalarse en lo que hoy es el Partido General Pueyrredón, pero, sin resultados, al cabo de un corto tiempo vende sus tierras a don Patricio Peralta Ramos estanciero de esos pagos que,el 10 de febrero de 1874 funda con el nombre de Mar del Plata un caserío al que desde los inicios impulsa como destino turístico.
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A partir de entonces, el crecimiento de la ciudad es constante. En 1886 llega el ferrocarril Sud, se construyen las sucesivas ramblas, se fundan los clubes sociales y deportivos. La élite porteña (con el presidente Alvear a la cabeza) la hace un destino veraniego obligado. En 1938 se pavimenta la ruta 2 y tres años después se construye el balneario de Playa Grande. Las vacaciones de las clases medias y el turismo social crecen en forma continua y convierten a Mar del Plata en el primer destino turístico de nuestro país. Los precursores que pintaron en Mar del Plata, cuyas obras trascienden, fueron europeos. Mencionamos a dos (por puro gusto personal).
El primero Julio Vila y Prades, nacido el Valencia en 1873, fue discípulo de Agrasot y Sorolla. Llegó a nuestro país en 1904 traído por su suegro José Artal, marchante y promotor de la pintura española en Buenos Aires. Adquirió fama y numerosos encargos, entre ellos un mural en el naciente club Mar del Plata que se perdió en el devastador incendio de 1961.En “Playa Bristol” los pescadores sacan las barcas en una escena similar a las tantas veces pintada por Sorolla en las playas del Mediterráneo.
El segundo Francesco Paolo Parisi, un italiano nacido en Taranto en 1857 y llegado a nuestras tierras en 1885. Hizo trabajos para la Catedral de Buenos Aires y otras iglesias de la ciudad. En el verano de 1918 pintó en Playa Chica, la obra aquí reproducida. Hoy esa playa perdió toda la arena y el hotel que se ve en el cuadro ha desaparecido.
El Ocean Club tiene en su sede de la calle Carlos Pellegrini otro óleo de Parisi titulado “Vista de Mar del Plata desde la playa Bristol” fechado en 1891 en el que el artista incluye la Catedral que recién se comenzaba a construir.
De entre los nuestros es digno de mención Benito Quinquela Martín, de quien ya nos hemos ocupado en notas anteriores. El pintor de la Boca llegó a Mar del Plata en 1920 para exponer en la Rambla, traído por la famosa galería Witcomb que tenía allí una magnífica sala. Hasta aquella época firmaba “Chinchella”(el apellido de su padre adoptivo) y en alguna de las pinturas de playas que pinta el el balneario empieza a castellanizar su nombre a fin de que “suene” como corresponde. Agregará luego su tercer nombre (había sido bautizado Benito Juan Martin) al apellido y así pasará a la historia.
Las marplatenses son obras donde es notoria la influencia de su maestro Alfredo Lazzari, más vinculadas al impresionismo en su versión italiana (macchiaioli) que al expresionismo que Quinquela hace después. En 2001 tuve el honor de presentar una magnífica exposición del Maestro con medio centenar de obras. Fue el hotel Provincial a poca distancia de la Rambla donde había expuesto ochenta años antes.
Victoria Ocampo y Figari. Resulta imprescindible al hablar de Mar del Plata y de arte evocar el recuerdo de Victoria Ocampo. Más aún en estos días en que se cumplen 45 años de su partida y en que el Fondo Nacional de las Artes, su querida institución a la que dedicó 15 años de su vida está siendo atacada. Desde la década del veinte del siglo pasado Victoria veraneó en Mar del Plata en una casa que fue desde entones y hasta ahora un faro de arte y cultura.
Edificada en 1912, para su tío abuelo Ocampo, su construcción se caracterizó por ser totalmente de hierro y madera, elementos trasladados directamente de Inglaterra en barco, a manera de casa prefabricada. Victoria la hereda de la mujer de aquel, que era su madrina, convirtiéndola en un lugar de reunión para escritores y amigos, tanto del país como del exterior.
Antes de morir la dona junto con su casa de San Isidro (Villa Ocampo) a la Unesco. El objetivo fue que pudieran convertirse en centros de la búsqueda de la excelencia creativa y del fomento del diálogo entre las diversas culturas mundiales.
Fallecida Victoria pasa a manos de la Municipalidad de General Pueyrredón y se convirtió en el Centro Cultural Victoria Ocampo, lugar dónde se recrea la memoria de la escritora y se desarrollan actividades artísticas y educativas. Es ahí donde se llevó a cabo la muestra que nos ocupa.
Allí, también, a mediados de la década del noventa se presentó una muestra ( de la que fui curador) titulada “Victoria al Sur” en la que se recorrían los vínculos de la escritora con las artes plásticas.
Al respecto es de destacar la temprana fascinación de Victoria por las obras de Pedro Figari que derivó en una larga amistad testimoniada en los dos retratos que acá reproducimos.
Para terminar, como anticipara, envío algunas playas recientes de Daniel Kaplan. El artista estuvo el jueves pasado en el cierre de la exposición en Villa Victoria. El acto que incluyó la actuación de bailarines de tango y la sorprendente subida a escena de Pancho Figueroa (histórico miembro de Los Chalchaleros), que cantó temas de Frank Sinatra, resultó brillante.
Pancho Figueroa canta Sinatra
En el mismo Angel Dilucca, organizador de este premio anunció la continuación del mismo llevándolo a escala global.
* Carlos María Pinasco, consultor de arte.
Carlosmpinasco@gmail.com