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Un informe revela que 6 de cada 10 argentinas no creen que la independencia financiera sea clave para la equidad de género

Especialistas y empresarias comentan un informe que muestra los desafíos que siguen enfrentando las mujeres en el acceso al trabajo, el progreso laboral y la carga de las tareas de cuidado.

Según un estudio elaborado por los investigadores sociales de Gentedemente para la marca de cosméticos Avon sobre la equidad de género en Argentina y otros países de Latinoamérica, las mujeres continúan enfrentando desafíos importantes en términos de financiamiento, acceso al trabajo y progresión profesional.

Una de los datos recabados género cierta sorpresa. En los resultados de la encuesta se observa que 6 de cada 10 mujeres no creen que la independencia financiera sea una condición esencial para lograr la igualdad de género, una cifra que contrastó significativamente con la percepción de los hombres.

De esta forma, aunque el 41% de las mujeres considera que es crucial en la equidad, un 62% no lo ve como algo indispensable, reflejando una tensión entre la percepción y la realidad de la autonomía económica.

Analía Tarasiewicz, psicóloga y coach laboral, directora de Trabaja Mejor, nos explica que esto no resulta tan llamativo. “La autonomía financiera es como la dieta del lunes: todos sabemos que es importante, pero no todos la practicamos. ¿Es que acaso nos hemos resignado a depender? Podemos hablar de empoderamiento hasta el cansancio, pero si seguimos dependiendo económicamente de organizaciones que no están alineadas a nuestro desarrollo económico o no nos animamos a emprender aun deseándolo, poco podremos mover el tablero”, afirma.

La profesional entiende que lo primero que hay que saber es que ser autónomas no es un privilegio, sino una herramienta de crecimiento y autorrealización laboral. “Por otro lado, es necesario cuestionar las estructuras que nos mantienen atadas a empleos en los que el miedo y la falta de educación financiera nos paralizan. También, debemos animarnos a ver el salario no como un favor, sino como la retribución legítima por nuestro trabajo”.

Pero no todas son malas. La larga encuesta realizada por Adrián Kohan y la socióloga Violeta Bendersky deja ver avances con respecto a los años anteriores no solo en Argentina, sino también en otros países de la región.

”Si bien este dato nos llamó mucho la atención, el informe demuestra que han habido avances alentadores, especialmente en educación y salud, sin embargo los desafíos persisten” señala Mercedes Vázquez, Gerente de Reputación y Comunicación Corporativa de Avon y Natura Argentina.

El segundo punto llamativo, pero conocido desde siempre, es el que afirma que la mayoría de las mujeres considera que es más difícil para ellas acceder a puestos directivos o lograr un aumento salarial en comparación con los hombres.

No hay novedades en el famoso techo de cristal que parece de acero irrompible. “Es ese enemigo invisible pero omnipresente. Ahí está, sonriendo desde arriba mientras nos explica, con mucha condescendencia, por qué no estamos listas para el ascenso. Porque claro, pedir un aumento es casi un acto de rebeldía cuando el sistema ya tiene decidido quién merece ganar más (spoiler: no somos nosotras)”, explica Tarasiewicz.

Y aclara que la solución más simple podría ser que las mujeres reconozcan su valor en el mercado y que aprendan a negociar “en un mundo aún pasado de testosterona”.

Este informe que se llevó a cabo el año pasado, es parte de la iniciativa “Sacateladuda: Nuestras Voces” de Avon, que busca visibilizar las percepciones de desigualdad de género y promover un cambio en las prácticas que afectan a las mujeres en la región. “La investigación refleja nuestro compromiso de seguir fomentando conversaciones que impulsen el cambio, con el objetivo de construir un futuro más equitativo, donde las mujeres puedan alcanzar su potencial pleno, sin barreras ni limitaciones basadas en el género”, afirman desde la empresa.

El último punto destacado del estudio revela un dato del que se está hablando mucho desde hace al menos una década, pero que parece no tener grandes movimientos reales al menos en la región. “El 59% de las mujeres identifica que las responsabilidades familiares, como el cuidado de los hijos, les dificultan el avance en sus carreras profesionales”, dice el informe y es claro que la dificultad se apoya en que la carga de las tareas aún no está debidamente compartida. “El problema no es la maternidad, sino la falta de corresponsabilidad”, afirma la psicóloga.

Mariela Navazo Lic. en Comercialización y directora de MKT Activa, aporta su perspectiva: “No se trata de elegir entre ser madre o ser profesional. Se trata de crear entornos laborales y culturales que permitan que ambas facetas coexistan sin culpa ni renuncias. El problema no está en las mujeres ni en sus elecciones, está en un modelo social que sigue cargando sobre sus hombros la responsabilidad principal del cuidado familiar”.

Y agrega que mientras “el trabajo doméstico siga siendo un favor y no una tarea compartida, el avance laboral de las mujeres seguirá siendo cuesta arriba. Las empresas deben dejar de ver la flexibilidad horaria como un regalo y empezar a tratarla como una necesidad real. Y en casa, bueno… quizás sea hora de que algunos descubran que el lavarropas no muerde”.

Agustina Kupsch, antropóloga y creadora de Panóptico Cultural, vuelve al primer punto del informe para aportar una mirada distinta que pone el acento en las otras formas de éxito y de aporte a la sociedad y a la economía. “Si miramos más allá, deberíamos empezar a descolonizar la idea de independencia financiera. En muchas culturas y comunidades, especialmente dentro de lo que se conoce en los feminismos como economía popular, la autonomía no está definida por la posesión de dinero, sino por la capacidad de las mujeres para participar activamente en una economía que funcione de manera colectiva”, explica.

Y finaliza diciendo que “el trabajo de cuidado, la crianza, la gestión del hogar y el mantenimiento de la comunidad han sido históricamente invisibilizados. La equidad de género debe implicar el reconocimiento de todas estas formas de poder económico, no solo aquellas que se miden en términos de dinero en la cuenta bancaria”.