Buena pintura en Mar del Plata
En la primera de ellas recordamos que el 10 de febrero de 1874, don Patricio Peralta Ramos funda la que sería nuestra principal ciudad balnearia. Sorprendente entonces encontrarnos, a la vuelta de Malvinas, en la querida Villa Victoria de esta ciudad con una muestra titulada Siglo y medio, pinturas de Mar del Plata. Soslayando el anacronismo, debo decir que la sorpresa fue grata y no me cabe más que aplaudir la iniciativa.
En primer lugar, porque en esta época de vacas flacas cualquier emprendimiento que destine recursos al quehacer cultural encarado con buen criterio es bienvenido. Y, me anticipo a decirlo, este es el caso en el que hay además un despliegue de calidad destacable. Por otra parte las instituciones involucradas, el Fondo Nacional de las Artes y Villa Victoria me son especialmente afines.
En torno al Fondo, (que mi padre presidió desde su fundación, en 1958 hasta 1974) sostuvimos, también el verano pasado, una ardua defensa cuando se lo quiso hacer desaparecer. En la que fuera la casa veraniega de Victoria Ocampo (quien formó parte del directorio del FNA durante todo aquel período) organicé en la década del noventa varías exposiciones, entre ellas “Victoria al Sur” y Molina Campos. El tercer motivo de mi satisfacción fue la premiación de quien considero un gran artista: Daniel Kaplan.
El concurso
Convocado el año pasado por iniciativa (y financiamiento) del empresario y coleccionista Ángel C. Dilucca, el Fondo Nacional de las Artes y la Intendencia del Partido de General Pueyrredón, concursaron cerca de seiscientas obras de pintores de todo el país, de los que fueron seleccionadas 32, que se encuentran expuestas en la casona de la calle Matheu.
El jurado compuesto por María Silvia Corcuera, Daniel Besoyraorube y Dilucca declaró ganadores a Mariano Couso por su obra “La feliz” a Daniel Kaplan por “Amar la mar” y a Karina El Azem por “Color del tiempo”.
Otorgó además cinco menciones de honor a Eduardo Martín, María Eyras, Gabriela Costa, María Alemano y Guillermo Roura
Las obras premiadas
“La feliz” de Mariano Couso es un acrílico sobre lienzo de formato casi cuadrado y buen tamaño que muestra una vista aérea del centro de la ciudad (plaza Colón) desde una perspectiva poco convencional. En primer plano aparece playa Bristol con sus espigones y los edificios de Casino y el hotel Provincial. Hacia el fondo se diluye la ciudad en una composición organizada por un par de diagonales entrecruzadas.
“Amar la mar” de Daniel Kaplan en cambio ofrece una vista de una playa del sur de la ciudad en el clásico formato apaisado que caracteriza al artista. La armonía de la paleta, la composición de la escena que incluye cuatro adolescentes con sus reflejos y un mar calmo que se extiende hacia un horizonte alto completan una pintura apacible de finísima sensibilidad con un profundo sentido poético.

Kaplan, cuya trayectoria he seguido desde hace varias décadas (y a quien considero artista íntegro de valía poco común) hace honor con esta obra a su convicción de los valores permanentes de la buena pintura que desde siempre ha sostenido, evitando modas y recursos efímeros. Radicado desde añares en el Bosque Peralta Ramos, su temática pasó de los salones de tango y milongas sentimentales que pintaba con paleta cálida casi monocromática a la luminosidad de la naturaleza en la que vive en total armonía.

La obra de Karina El Azem, de un formato algo menor es una vista también aérea de la Bristol mirada de norte a sur. Se caracteriza por estar realizada con una pintura sensible a la humedad que varía la coloración en función de ella. Más allá de la validez del recurso y de la indudable calidad de la factura me interesa destacar una feliz coincidencia: En las últimas semanas las playas de Mar del Plata se han visto invadidas por un tipo de algas de coloración rojiza.
Vino entonces a suceder una vez más aquello de que la realidad, ocasionalmente sigue al arte. Es tradición de que La Boca, perdió sus grises a partir de que Quinquela empezó a pintarla con su paleta expresionista. Así también el mar cambió de color siguiendo el rumbo marcado por la obra de Karina.
Nada nuevo bajo el sol, diría el memorioso, recordando que Homero llamaba al Mediterráneo el mar de color del vino.
* Carlos María Pinasco, consultor de arte.

