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El Cortijo, la histórica casona andaluza donde vivió Brad Pitt

Es una de las casonas históricas de Luján de Cuyo. La historia detrás de la conocida propiedad.
Foto: Gold Group
Foto: Gold Group

El sistema de encomienda española (de origen feudal) determinó que los colonizadores que llegaban a Mendoza establecieran el control y dominio de las tierras de los nativos a cambio de cierta protección para estos. Se basaba en la concesión de extensiones y propiedades que compensaba a los conquistadores con parte del trabajo de las personas conquistadas.

El primer encomendero en llegar por esta zona chacrense y lujanina, que los huarpes denominaban Lanyení (toponimia: “la hondonada”), fue el sevillano Juan de Coria Bohórquez (1520 – 1580), quien estableció las primeras chacras de la zona, y que luego fueron extendiéndose a través de la acción de sus herederos ocupando gran parte del actual departamento de Luján de Cuyo.

El crecimiento de la zona fue vertiginoso. La construcción de canales, plantaciones de alfalfa, olivos, viñas, huertas, una próspera ganadería y la presencia de un gran molino, hacían del lugar un ámbito muy ventajoso. Pero, sobre todo, las vías de acceso que convergían en torno a “las chacras de los Coria”, generaron un punto neurálgico estratégico, vinculando los caminos del Valle de Uco y la ruta de “los salineros del sur” con la vía ganadera que exportaba animales a Chile a través de los pasos cordilleranos; todo además a pocos kilómetros del centro político y comercial mendocino. A tal punto llegó el crecimiento del lugar que podríamos determinar, que en 1810 ya vivían en la actual Chacras de Coria, aproximadamente 180 personas y existían más de 30 casas.

Las casas históricas de Chacras

No haremos un recuento de las casonas históricas del lugar, aunque siempre recomendamos leer la excelente obra “CHACRAS DE CORIA. Un paisaje con identidad” de Matías Esteves, Verónica Cremaschi y Paula Martedí, como directores, más los trabajos de distinguidos académicos que ilustran y describen cada calle de Chacras, sus casas emblemáticas y lugares referenciales, de manera magistral. Nuestra tarea girará sobre la historia de “El Cortijo”, casona ubicado en la intersección de Piedras y Darragueira del distrito chacrense. Es de estilo neocolonial y su construcción concluyó en 1938.

La prestigiosa Cecilia Raffa en su investigación sobre El Cortijo, así lo describió: “El Cortijo es la casona más importante de la calle Piedras. Fue la residencia particular del arquitecto Manuel Civit, quien seguramente la proyectó inspirado en las residencias hispanas. Los elementos más importantes de la casa son las galerías con arquerías, los patios con fuentes ornamentales, las mayólicas y los vitrales. El lenguaje exterior combina muros blanqueados con paredones de pircas de gran factura y en las cubiertas, tejados y cúpulas. La comunicación con el entorno es fluida, la casa se encuentra en comunión con los materiales naturales y el jardín. Se encuentra sobreelevada sobre un zócalo de granito trabajado de manera rústica. Interiormente resulta acogedora por el empleo de materiales como madera, luminarias de hierro forjado, escaleras de líneas orgánicas y escala amable. Sumamos los pisos de calcáreo rojo y madera según las habitaciones. Además, posee un importante trabajo de herrería en placares y aberturas, así como detalles en piedra en muretes, muros curvos, texturas variadas etc. Todo esto otorga dinamismo y calidez. Posee más de 500 m2 y está emplazada en un parque de casi 7000m2 con una añosa arboleda y distinto equipamiento para el deporte y el esparcimiento”.

La entrada principal está sobre calle Piedras. Ese ingreso permite el acceso hacia el ala norte de la propiedad donde se encuentra la escalera por la cual se accederá al primer piso. En ese piso existen cuatro habitaciones con balcones. En la planta baja se encuentra un amplio sector con dos salones que posee una estufa leña. Actualmente en el ala sur de la planta baja se encuentra ubicada la cocina, comedor, lavandería, más dos habitaciones en suite, frigobar, sala de relax y jacuzzi, con puertas ventanas que dan salida a los jardines. En el exterior, un extenso parque con añosa arboleda, el sector de juegos infantiles, cancha de tenis, cancha de futbol, sector de piscina y quincho.

Según nuestras fuentes, esa propiedad, tras pertenecer a Civit, tuvo varios propietarios posteriores: la familia Isurrelli; luego los Stabio; posteriormente Lamicela y últimamente, la familia del doctor Ricardo Labat (fallecido en 2005) quien compró la propiedad a finales de 1948. Recientemente la histórica propiedad fue vendida a un conocido productor chacarero, exportador y empresario agricultor mendocino.

GLAMOUR, CINE E HISTORIA. DE CHACRAS A HOLLYWOOD

La coqueta Chacras ya estaba acostumbrada a cobijar celebridades. Recordemos que en el distrito lujanino vivió Walt Disney, pero además vivieron (y viven) en Chacras cientos de intelectuales, profesionales y artistas de gran trayectoria.

Un transitorio vecino, de fama mundial, fue Brad Pitt y su pareja de entonces, Gwyneth Kate Paltrow, quienes habitaron en El Cortijo entre septiembre de 1996 y febrero de 1997. El propietario a cargo en esa ocasión era Raúl Labat, quien fue la persona que alquiló la propiedad a la producción de la película internacional “Siete años en el Tíbet”, que por ese tiempo se filmaba en Uspallata, simulando representar el ámbito geográfico natural del distrito lasherino a la región autónoma de China, conocida por ser la zona más alta del planeta, como “el techo del mundo”. El alquiler mensual de la propiedad fue de 10.000 dólares mensuales.

La película estaba basada en el libro del alpinista austríaco Heinrich Harrer de 1953, en el que se narran sus experiencias en el Tíbet entre 1944 (fin de la Segunda Guerra Mundial) y 1950 (entrada del Ejército de Liberación Popular de China en el Tíbet). Obviamente, Pitt representaba al alpinista Heinrich Harrer.

PERROS, “PORQUERIAS” Y ACTORES

Cuentan que Pitt, como fanático de los perros, adoptó 13 perros callejeros y que le obsequiaron un dogo argentino al cual llamó “Blanco”. También se rumoreaba que los trasladaba en un camión que él mismo alquiló y que visitaba la clínica veterinaria del reconocido doctor Biglieri para control y vacunación de los canes.

El lado gris de la situación estuvo dado por las quejas constantes de algunos vecinos ante los permanentes ruidos a toda hora, con la música muy fuerte. “Vivían de joda. Esto era una romería y en la vereda encontrabas todo tipo de porquerías”, nos contaba una vecina.

En su estadía urbana citadina, habitualmente almorzaba o cenaba en el tradicional restaurante céntrico de la familia Barbera y cuando las jornadas de filmación se extendían demasiado, pernoctaba en el Regimiento de Infantería de Montaña Nº 16 de Uspallata.

Otra circunstancia del momento fue la cantidad de operarios que consiguieron un trabajo ocasional para llevar adelante el montaje y producción de la filmación: carpinteros, electricistas, gastronómicos, modistas, pintores, soldadores, remiseros, cafeteros, personal de limpieza, etc. Ahora, nada comparable a desempeñarse como “extra de actuación” en la filmación de la película. Quién le quita a ese mendocino haber trabajado como actor (aunque sea muy secundario e inadvertido el papel), junto a Brad Pitt. Inigualable, e insuperable anécdota en cualquier sobremesa de Cuyo y del universo. “Perdón, yo trabajé con Brad”; todavía resuena, tras casi treinta años, el agrandadito comentario en un bar de Mendoza.