El lenguaje de Francisco
Un minuto estuvo en silencio Francisco ante la Puerta Santa hasta que se acercó el maestro de ceremonia y le dijo algo al oído. Transcurrieron unos segundos más y el ambiente se cargó de incertidumbre: ¿Atravesaría el Papa la Puerta en silla de ruedas o se pondría en pie?
El recuerdo y la comparación fueron inevitables: 25 años atrás, el 24 de diciembre de 1999, el gran Juan Pablo II, el Papa con Parkinson, abrió la Puerta Santa de pie y no sólo eso, antes de atravesarla se arrodilló en el umbral y se sumió en oración durante unos segundos. Eran otros tiempos, corren otros tiempos.
Foto: MDZ.
El actual líder de la Iglesia Católica, que pronunció con buena voz las oraciones previstas para esta liturgia extraordinaria, atravesó la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro en silla de ruedas dando un mensaje que reforzaría dos días más tarde cuando abrió una segunda puerta en la cárcel de Rebbibia y la cruzó andando.
Francisco, como Juan Pablo II, es consciente de que porta un mensaje. El contenido es el mismo pero la Iglesia y el mundo no, y un buen comunicador sabe adaptar el mensaje a su público.
El papa polaco abrió la puerta del nuevo milenio a una Iglesia y a un mundo expectantes, el clima era de euforia. Prueba de ello fueron las 8.200 personas que se reunieron entonces en el interior de la Basílica, y las 56.000 que siguieron la ceremonia desde la Plaza San Pedro. Juan Pablo II eligió entonces el lenguaje de la superación, Francisco elige hoy el de la fragilidad. El Papa argentino abre la puerta a una Iglesia y a un mundo heridos por la deshumanización hecha guerra e indiferencia, por eso ha elegido llamar a esta puerta esperanza. Por eso se muestra herido y con los heridos. Ese es su lenguaje.
* Clara Fontán. Profesora de Imagen Corporativa. Facultad de Comunicación Universidad Austral.
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