Historias de barrios: desde el espíritu fundacional a la Cuarta de Fierro
“¡Que grande La Cuarta!” Grande en historias y grande en dimensiones. Sección ciudadana que no necesita presentación. La “pucha”, si tiene historia La Cuarta. Desde los tiempos indios, cuando en el pucara del cacique Cahucabanete (corazón de la actual Área Fundacional) pasó la noche, previa a fundar Mendoza, el español Pedro del Castillo. Y de ahí en más, el crecimiento sostenido a la vera del canal del cacique Goazap (hoy, Guaymallén).
Con un perímetro definido por calles y lugares emblemáticos entre las 12 secciones de la Ciudad de Mendoza, aunque munida de un muy particular acervo: sensible, simbólico y popular. Y cómo será de enorme La Cuarta que la podemos distinguir en la “Cuarta del Este” y la “Cuarta del Oeste”.
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Con un límite preciso al norte, lindante con el Departamento de Las Heras por calle Los Pescadores, exclusiva arteria por donde llegaban las caravanas que traían el pescado desde las lagunas de Huanacache a los mercados de la Ciudad y por el famoso zanjón de Los Ciruelos. Y con extremo sur en la calle Alberdi (que a finales del siglo XIX se llamó Constitución), y que “topará” en la Avenida San Martín, aunque la extensión de esta sección se prolongue hasta las vías del ferrocarril que transitaba por la avenida Belgrano.
La cuarta del Oeste
Esta parte de la IV Sección termina en los terrenos del Parque Central. Un lugar munido de muchas historias, y que ahora tiene un fuerte impulso inmobiliario con un arraigado pasado ferroviario.
Al transitar las calles de la Cuarta Oeste, entrar a los negocios o recorrer sus puntos emblemáticos, se percibirá las fortalezas de este sector capitalino, comprendido en grandes rasgos por la avenida San Martín, calle Perú, General Mosconi (en el límite con Las Heras) y Juan Agustín Maza, en las cercanías del moderno Parque Central.
Un histórico club honra la zona: El “Vélez Sarsfield” (en Mitre 2866). Fundado en 1944, cita de ilustres jubilados que tarde a tarde vistieron su cantina, “meta” ajedrez, dómino y chinchón. Hoy también aggiornado a los nuevos tiempos, donde se puede hacer gimnasia aeróbica en telas que penden de los techos o continuar con la tradición del juego de bochas.
Al lado del club Vélez, se ubica la meritoria Asociación Colombófila “Alas Benjamín Matienzo”, dedicada a la competencia de palomas mensajeras desde hace más de 70 años.
Zona de bodegones, cantinas y bares emblemáticos. Sede de almacenes legendarios (entre otros: el Fiorentina) y cuna de picados futboleros interminables, como los que se jugaban en “La Olla”, aquella plazoleta sobre calle Fidel de Lucía.
“Las vías del ferrocarril, el zanjón de los Ciruelos y la calle Damián Hudson, hacen un triángulo imaginario. Allí me crie yo. Mucho antes de mi nacimiento, surgió un barrio muy humilde, que se llamó Villa Elvira. Este es primer núcleo habitacional que se forma en el área que conocemos como Cuarta Oeste, y puedo decirle que era ‘un barrio de tango’, con sus callejones y las ilusiones de los muchachos y las chicas. Todo lo demás eran fincas, viñas. El único acceso era la calle Moreno”. (fuente: Santiago Cimino)
Otro club barrial fue el “Videla Correa” (esquina de Félix Bogado y Chile), donde el ping – pong era el deporte convocante. La Cuarta Oeste, sede de escuelas con décadas de historia, residencia de Nicolino Locche y el artista Embrioni, con mucho olor a rock y fuerte pasado ferroviario.
La cuarta del Este
Nostalgia, gloria, Alameda, arrabal. La IV del Este; el centenario pasado de Mendoza que se derrumbó con el terremoto y se supo levantar. El “Barrio de la Ruina” como se denominó despectivamente tras el devastador marzo de 1861; el de los grandes almacenes y las multitudinarias ferias populares como “La Pirámide”, donde se enclavaba el viejo mercado municipal de Mendoza desde finales de siglo XIXen la esquina de Córdoba y San Martín.
La Cuarta Este; con la histórica avenida principal (ayer San Nicolás, hoy San Martín) que a través de La Chimba comunicaba con San Miguel de Panquehua (actual departamento de Las Heras) y que tenía como límite la calle del “Sauce de la Cañada”, la vigente Coronel Díaz. Con reminiscencias directas del pasado sanmartiniano (como el batán de Tejada y la misma casa de San Martín) hasta la región de las pasiones, donde se mezclan la cueca, el gato, la tonada con la desesperación del suicidio y los duelos heroicos.
La Sección de los históricos cabarets, de chicas que transitaban la noche para sostener el pan del día; de piringundines y “escolazo”, plagados de dados, timba y poesía cruel. Albergue de campeones en el “Gimnasio Luis Ángel Firpo”. Pero también la zona de las iglesias y de las santerías. De conventos y colegios. Tierra de farmacias, talabarterías, bazares y sederías que se tornaron inolvidables a la memoria mendocina.
“Cuarta de Fierro” que albergó bohemias, ideas transgresoras, libros, milonga y también, uno que otro, ajuste de cuenta. La que soportó los abusos del represor Julio Santuccione, jefe de la policía de Mendoza desde 1975. El mismo que “molía a palos”, torturaba y secuestraba, a quienes osaban pensar o vestirse distinto, ensuciando la rica historia del lugar y manchando con sangre el bello paisaje de la Alameda.
En la actualidad una transformación urbana se planifica desde el municipio capitalino con el fin de revitalizar un área estratégica para la Ciudad de Mendoza y la provincia, generando una Sección (La IV) con renovados atractivos que alienten a los vecinos para la residencia, el esparcimiento, la educación, el abastecimiento, el desarrollo laboral, comercial y turístico.
“La Cuarta”, postal de la historia mendocina que busca seguir caminando, cargada de un legendario pasado hacia el nuevo tiempo. Afirmada en su fuerte identidad, pero en busca de renovados conceptos contemporáneos que potencien su crecimiento. Donde el ayer sea su cimiento y el futuro su nuevo desafío. La Cuarta, por siempre, cuna y perspectiva de la mendocinidad.