ver más

Los niños de hoy ya no tienen tiempo de jugar

Obsequiemos a nuestros hijos en el tiempo de ser niños, tiempo, de juego y de presencia, ya van a tener tiempo de crecer y preocuparse.

"Tiempo de jugar que es el mejor" enunciaba María Elena Walsh en una de sus famosas canciones. Los niños de hoy ya no tienen tiempo de jugar. El juego libre es una necesidad básica de la niñez. Entendemos por juego libre, el espacio y tiempo no direccionado pero sí supervisado por un adulto de referencia en el cuál los niños pueden "poner en juego" las experiencias de la vida cotidiana y aprender habilidades básicas de coordinación, motricidad fina y gruesa, comunicación, organización del espacio en relación a su cuerpo, manejo de emociones y socialización con pares. En resumidas cuentas, mientras un niño juega, aprende a vivir.

Podríamos pensar que los más pequeños "se la pasan jugando" y que van al jardín a "jugar", pero si repensamos el concepto de juego libre, los jardines y espacios educativos están estructurados en un "obedecer" en este juego y las propuestas siempre son dirigidas y propuestas por los adultos.

Los niños de hoy ya no tienen tiempo de jugar. Foto: Shutterstock.

Ese espacio sigue siendo igualmente nutritivo, pero se aleja de la necesidad básica del niño: tramitar su mundo emocional a través de la puesta en juego sin directividad. A medida que los años van pasando los espacios de juego se acotan cada vez más: llega la primaria y llegan las largas horas sentados en sus pupitres, copiando contenidos de forma mecánica. El recreo tiene un espacio de 30 minutos en la jornada simple de la mayoría de las escuelas y colegios.

Pasadas las largas jornadas escolares, niños y niñas se disponen a asistir a actividades extracurriculares dirigidas o se quedan en sus casas muchas veces rodeados por aparatos que los seducen con éxito, envolviendolos con sus luces, sonidos estimulantes, colores atractivos y pequeñas dosis de recompensa a cada minuto. Muchas familias eligen los clubes de barrio para que hagan actividad física y "descarguen", lo cuál sin dudas representa un beneficio para la salud y su sistema nervioso.

Así llegan, los niños al final de cada día, con mucho cansancio acumulado, tareas por hacer, y madres y padres que nos exigimos seguir la agitada currícula de cada día. ¡Hora de bañarse! ¡A comer¡ ¡Se hace tarde para dormir!

 A medida que los años van pasando los espacios de juego se acotan cada vez más. Foto: Shutterstock.

En qué momento del día queda espacio para el juego libre

Ese juego que nace de la motivación intrínseca de cada pequeño, que les permite gestionar a través de escenarios que están bajo su control, diferentes situaciones que vivencian en el día a día y por alguna razón necesitan repetir una y otra vez para internalizar el aprendizaje que deja la experiencia.

¿En qué momento de la trayectoria como humanidad empezamos a tener miedo a que los chicos se aburran? El aburrimiento es el vacío que todo niño debe atravesar para así, en el medio de la "nada" encontrar los recursos disponibles en su propio hogar, que le permitirán enriquecer su mundo mágico y fantasioso y poner en marcha las habilidades aprendidas.

Cómo adultos, podemos empezar por revisar las rutinas hiperexigentes que a veces pretendemos que los niños acaten sin chistar.

  • Los niños están desregulados, porque están cansados.
  • Los niños están desregulados, porque muchas veces intentamos calmarlos con las pantallas.
  • Los niños están desregulados porque no les dejamos espacio para jugar en libertad.

Los niños no están tolerando el aburrimiento porque hemos creado rutinas hiperestimulantes, en las cuáles el vacío representa encontrarse con nuestro propio ser madres y padres enfrentándonos al desafiante momento de conocer emocionalmente a nuestros hijos, sin distracciones en el medio.

El aburrimiento es el vacío que todo niño debe atravesar.

Criar es un desafío. No siempre tenemos los medios y los tiempos disponibles para poder apegarnos a estilos de vida que respeten nuestras necesidades como especie, pero recapitular sobre qué necesitan los niños, y qué les estamos dando como sociedad, sin dudas nos ayuda a poder acercarnos, cada vez que podamos, a momentos en los cuáles los niños, puedan ser niños. Tiempo de jugar que es el mejor, Volvamos allí.

La niñez es una sola vez en la vida, y nos condiciona para siempre. Nosotros ya lo sabemos, la vida adulta está llena de exigencias y responsabilidades, obsequiemos a nuestros hijos en el tiempo de ser niños, tiempo, de juego y de presencia. No hay nada que valga más que compartir nuestro tiempo con su tiempo.

Brenda Tróccoli.

* Brenda Tróccoli. Especialista en familias y crianza. Dip en parentalidad y apego. Puericultora.
IG: @soybrendacriando