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¿Por qué la batalla de Tucumán también es llamada batalla "de las langostas"?

La providencial aparición de una enorme bandada de langostas que se abatieron sobre los pajonales confundió a los soldados realistas y oscureció la visión, acabando por dispersar el frente español.
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Manuel Belgrano se hizo cargo del Ejército del Norte tras la catastrófica derrota de Huaqui (20 de junio de 1811) llevando adelante desde ese tiempo la Segunda Expedición Auxiliadora al Alto Perú.

Los brotes revolucionarios de la primavera tucumana hacía rato que asomaban en aquel cálido septiembre de 1812, como así también (y cada vez más cerca) aparecían las tropas realistas al mando del Brigadier Juan Pío Tristán que diariamente se hacía más fuerte en el norte argentino.

El peligro del avance español era creciente y para agregar complejidad al caso, el Primer Triunvirato desde Buenos Aires ordenó a Belgrano que retrocediera hasta Córdoba con el objetivo de reorganizar la defensa. “Imposible”, sostuvo Belgrano y no obedeciendo la orden, se detuvo en Tucumán donde la población estaba dispuesta a sumarse al ejército y acompañar heroicamente la defensa territorial.

Manuel Belgrano??????

“Son muy apuradas las circunstancias, y no hallo otro medio que esponerme á una nueva acción: los enemigos vienen siguéndonos. El trabajo es muy grande; si me retiro y me cargan, todo se pierde, y con ella nuestro total crédito. La gente de esta jurisdicción se ha decidido á sacrificarse con nosotros. Pienso aprovecharme de su espíritu público y energía para contener al enemigo. Acaso la suerte de la guerra nos sea favorable, animados como están los soldados y deseosos de distinguirse en una nueva acción. Es de necesidad aprovechar tan nobles sentimientos, que son obra del cielo, que tal vez empieza á protegernos para humillar la soberbia con que vienen los enemigos, con la esperanza de hacer tremolar sus banderas en esa capital. Nada dejaré por hacer. Nuestra situación es terrible, y veo que la patria exige de nosotros el último sacrificio para contener los desastres que la amenazan”. Es la voz de Belgrano en “Historia de Belgrano” de Bartolomé Mitre.

La manga de langostas

La providencial aparición de una enorme bandada de langostas que se abatieron sobre los pajonales confundió a los soldados realistas y oscureció la visión, acabando por dispersar el frente español. Las versiones tradicionales refieren que fue tal la confusión sembrada por aquel enjambre de langostas que provocó la retirada de las fuerzas españoles ganándolos en confusión.

Lo cierto es que, en la mañana del 24 de septiembre de 1812, día de la histórica batalla y conmemorativo de la virgen, el General Belgrano estuvo orando largo rato ante el altar de la Virgen de Las Mercedes. Sabido es la profunda fe cristiana de Belgrano, e incluso la leyenda cuenta que solicitó la realización de un milagro divino pues era casi imposible vencer a las tropas españoles quienes doblaban en número de soldados y armamentos al ejército patriota.

Mientras tanto el Brigadier Pio Tristán ordenó la marcha hacia la ciudad de San Miguel. Algunas fuentes indican que en lugar de tomar el camino directo rodeó la plaza desde el sur intentando prevenir una posible huida de los patriotas en dirección a Santiago del Estero. Otras afirman que en el paraje Los Pocitos se encontró repentinamente con los campos incendiados por orden del “Teniente de Dragones”, Lamadrid, natural de la zona, quien contaba con que la velocidad del fuego avivado por el viento del sur desordenara la columna española ubicándolos en un callejón sin salida.

Belgrano, las langostas y la virgen de la Merced

Paradoja del destino, y más allá de la inteligente acción de Araoz de Lamadrid (“el más valiente de los valientes”, dirá la literatura histórica argentina) y el coraje patriota de Díaz Vélez, Paz, Dorrego, Warnes, Superi, ayudados por la diosa fortuna o por aquel milagro pedido por Belgrano, hizo que en el horizonte apareciera una manga de langosta nublando la vista de los españoles quienes entraron en un hondo estado de confusión y pánico, dando los minutos precisos al Ejército del Norte para que el ataque en pinzas de las columnas patriotas diera su resultado.

En concreto; la Batalla de Tucumán representó el triunfo más importante de la historia nacional, y como escribirá Bartolomé Mitre: “En Tucumán se salvó no sólo la revolución argentina, sino que puede decirse que contribuyó de una manera muy directa y eficaz al triunfo de la independencia americana”. Y agregando curiosidades, sumamos una comparación: la batalla de Tucumán duró dos días. El combate de San Lorenzo, quince minutos.

A lo que habría que agregar según Vicente Fidel López: “Esta batalla fue la más criolla de todas cuantas batallas se han dado en el territorio argentino. Aunque el triunfo de Tucumán fue el cúmulo de circunstancias imprevistas, le correspondió a Belgrano la gloria de haber ganado una batalla contra toda probabilidad y contra la voluntad del Gobierno mismo”.

Virgen de la Merced

Sostengamos también que, en esta oportunidad por extraordinaria y beneficiosa excepción las langostas, esa plaga que desde siempre hacían estragos en los sembrados jugaron con “la camiseta argentina” hasta convertirse en un factor importante para la estratégica victoria. “Y para agregar conjeturas y supuestos, mencionemos que uno de los batallones realistas conducidos por Pio Tristán tenía como protector a San Gregorio de Ostia, el santo al que acudían los españoles para prevenir las mangas de langosta en sus terruños. Tal aparición sorpresiva pudo haber actuado como un presagio negativo que probablemente inmovilizó al supersticioso ejército ibérico, quienes vieron en la aparición de las langostas una mala señal del destino dando el tiempo necesario para consagrar triunfante al batallón de Belgrano”. (Gustavo. Capone. En: “Las mil y una plagas. El karma mendocino”. Gráfica Unión. Mendoza. 2014).

La historia dirá que la convencida desobediencia de Belgrano, “pateando el tablero”, salvó la patria. Que una manga de langosta esta vez fue beneficiosa y que se produjo una especie de primera “mano de dios” ayudando a la celeste y blanca; la otra llegará en México durante 1986.