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Deserción escolar y crisis: el dato que preocupa a la educación argentina

Los números sobre abandono escolar alarman a las autoridades. ¿Qué consecuencias tiene en el futuro laboral de los jóvenes?.

En la última década, la deserción escolar en las instituciones de nivel secundario en Argentina ha sido un desafío persistente, reflejando un problema estructural con múltiples causas interrelacionadas.

De acuerdo con datos recopilados por la ONG Argentinos por la Educación y el ex Ministerio de Educación de la Nación (hoy Secretaría) aproximadamente el 50% de los jóvenes no logra completar sus estudios secundarios en tiempo y forma actualmente, lo que significa que 1 de cada 2 estudiantes abandona o queda rezagado antes de finalizar el ciclo.

Factores socioeconómicos y la crisis actual

Uno de los principales determinantes de la deserción escolar es la crisis socioeconómica que atraviesa el país, especialmente acentuada en los últimos años.

Según cifras de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y del INDEC, el aumento de la pobreza y el desempleo afectó gravemente a las familias de menores recursos, lo que se tradujo en dificultades para garantizar la permanencia de sus hijos en el sistema educativo.

La deserción se vincula en muchos casos a la falta de recursos básicos. Foto: Freepik

En este contexto, 4 de cada 10 jóvenes que abandonan la escuela lo hacen por la necesidad de trabajar y aportar al ingreso familiar, o por la imposibilidad de cubrir los gastos asociados a la educación, tales como transporte, materiales didácticos y uniformes.

En esa línea, un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) destaca que el 80% de los adolescentes que desertan provienen de hogares ubicados en el primer y segundo quintil de ingresos (es decir, los sectores más pobres).

Esta población, además de enfrentar las presiones económicas, también padece situaciones de vulnerabilidad social que agravan su exclusión del sistema educativo, tales como carencias en la canasta básica alimentaria, dificultades de acceso a las escuelas, falta de dispositivos electrónicos y un acceso limitado a internet.

La deserción llega al 50% en Argentina. Foto: Freepik

Impacto de la pandemia y las enormes brechas educativas

Expertos en educación coinciden en destacar que la pandemia de coronavirus que afectó al país en 2020, tuvo un efecto devastador sobre la educación, exacerbando las desigualdades preexistentes.

Durante el 2020 y 2021, las restricciones impuestas por la emergencia sanitaria llevaron a la implementación de clases virtuales exponiendo una fuerte brecha digital: más del 50% de los estudiantes de sectores vulnerables no contaba con acceso adecuado a dispositivos o conexión a internet para seguir con sus estudios, según datos de UNICEF Argentina.

Como resultado, se estima que cerca del 20% de los estudiantes abandonó la escuela durante ese período, un aumento significativo en relación con años anteriores.

En ese contexto, los datos señalan que la deserción escolar en el nivel secundario impactó especialmente a las regiones más pobres del país, como el noreste argentino (NEA) y el noroeste argentino (NOA), donde las tasas de abandono superan el 40%.

Estas regiones, históricamente relegadas en términos de inversión en infraestructura educativa, muestran los índices más elevados de pobreza infantil y juvenil, lo que contribuye a la profundización del problema.

En algunas regiones del país es más notable. Foto: Freepik

Consecuencias de la deserción en la inserción laboral

Las consecuencias de abandonar la escuela son profundas y de largo alcance. Un joven que no finaliza sus estudios secundarios tiene menos posibilidades de acceder a un empleo formal y bien remunerado.

Según el INDEC, el 70% de los jóvenes sin secundario completo trabaja en la economía informal, con condiciones laborales precarias y sin acceso a beneficios sociales. En comparación, quienes finalizan la secundaria tienen casi el doble de probabilidades de conseguir empleo formal y mejores ingresos.

Esta situación contribuye a la reproducción intergeneracional de la pobreza y perpetúa la exclusión social de vastos sectores de la población.

Políticas públicas y esfuerzos para revertir la tendencia

A lo largo de los años, el gobierno intentó diversas políticas para combatir la deserción escolar. Entre los programas más destacados se encuentran el Plan Progresar y el Programa de Terminalidad Educativa.

El Progresar, por ejemplo, ofrece una beca a los jóvenes de bajos recursos para que puedan continuar con sus estudios del nivel secundario o universitario. Sin embargo, si bien estos programas han mostrado cierto éxito en aumentar la matrícula, aún presentan limitaciones.

En este aspecto, un informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) indicó que menos del 30% de los beneficiarios del Plan Progresar logra completar la secundaria en los plazos establecidos.

El impacto en el futuro laboral puede ser devastador. Foto: Freepik

¿Cómo bajar la deserción escolar en el nivel secundario?

Los expertos coinciden en que la clave para reducir la deserción escolar reside en un enfoque integral que ataque las causas subyacentes. 

Aumentar la inversión en infraestructura educativa en las regiones más vulnerables, garantizando que todas las escuelas cuenten con los recursos necesarios, incluidos dispositivos tecnológicos y acceso a internet, podría ser un punto clave para encaminar la solución.

También fortalecer los programas de asistencia social para las familias de bajos recursos, con el objetivo de reducir la carga laboral sobre los jóvenes y garantizarles los recursos básicos para mantenerse en proceso de escolarización.

Otro punto que destacan los expertos consiste en fortalecer el acompañamiento psicoemocional: es decir, garantizar un aumento de la inversión en psicopedagogos y trabajadores sociales, para detectar problemas a tiempo y evitar el abandono escolar.