El peligroso cóctel de violencia de género y política
La violencia de género en el ámbito político no solo refleja las profundas desigualdades estructurales de género, sino que también expone las complejas dinámicas de poder que operan en las esferas más altas del gobierno. Desde una perspectiva criminológica, esta forma de violencia adquiere características únicas que la diferencian de otros tipos de violencia, con consecuencias que trascienden lo personal, afectando tanto el panorama mediático como la estabilidad política. Este artículo analiza la violencia de género en la política, con un enfoque en los recientes casos de Argentina y Ecuador.
La violencia de género en el ámbito político: un fenómeno criminológico
En criminología, la violencia de género en el ámbito político se aborda no solo como un acto de agresión interpersonal, sino como una manifestación de poder estructural. Este tipo de violencia se caracteriza por la instrumentalización del poder para ejercer control y dominación sobre las víctimas, quienes, en muchos casos, son mujeres en posiciones de liderazgo. Este fenómeno tiene varias particularidades criminológicas:
- Uso instrumental del poder: los perpetradores, a menudo figuras políticas de alto rango, utilizan su posición para manipular y someter a sus víctimas, erosionando su autonomía y dignidad. Este abuso de poder no solo afecta a las víctimas de manera directa, sino que perpetúa una cultura de impunidad y control en las esferas más altas del gobierno.
- Silenciamiento y estigmatización: las víctimas en el ámbito político enfrentan una presión extrema para mantener el silencio debido al temor a represalias, pérdida de reputación o estigmatización pública. Este silenciamiento refuerza la dinámica de poder del perpetrador y perpetúa la violencia al dificultar la denuncia y la intervención efectiva.
- Normalización de la violencia: en el contexto político, la violencia de género a menudo se normaliza y se percibe como una extensión del juego de poder. Esta percepción dificulta que las víctimas reconozcan el abuso y que la sociedad lo condene de manera adecuada, permitiendo que esta violencia continúe sin consecuencias significativas.
El papel de las redes sociales
Las redes sociales han transformado la manera en que nos informamos y comunicamos. En el caso de las víctimas de alto perfil, estas plataformas pueden ser una herramienta poderosa para amplificar sus voces y generar un movimiento de apoyo. Sin embargo, también pueden convertirse en un espacio de odio y hostilidad, donde las víctimas son objeto de linchamientos digitales.
Consecuencias mediáticas: la doble victimización
Desde una perspectiva criminológica, la cobertura mediática de la violencia de género en el ámbito político suele agravar la situación de las víctimas, generando lo que se conoce como doble victimización. En los casos de Fabiola Yáñez en Argentina y Verónica Abad en Ecuador, no solo se les somete a violencia en lo privado, sino que también son expuestas a un intenso escrutinio público que refuerza estereotipos de género y minimiza la gravedad de los hechos.
La mediatización sensacionalista de estos casos desvía la atención de la violencia estructural subyacente y se enfoca en aspectos que refuerzan narrativas patriarcales. Esto perpetúa la victimización de las mujeres involucradas y banaliza la violencia de género, diluyendo su reconocimiento como un problema sistémico.
Impacto político: la desestabilización del poder
Criminológicamente, la violencia de género en el ámbito político tiene implicaciones profundas para la estabilidad política y la percepción pública de los líderes. Las denuncias de violencia de género pueden desencadenar una crisis de legitimidad que afecta tanto al individuo como a la institución que representa. En Ecuador, la denuncia de Verónica Abad contra el presidente Daniel Noboa y otros miembros de su gobierno no solo pone en riesgo la cohesión interna del ejecutivo, sino que también expone las fallas en la estructura de poder que permiten que estas dinámicas de violencia se perpetúen.
La violencia de género no debe ser un arma política
La violencia de género en el ámbito político no solo afecta a las víctimas a nivel personal, sino que también tiene el potencial de desestabilizar las instituciones y erosionar la confianza pública. Sin embargo, es fundamental entender que las víctimas de violencia de género no deben ser utilizadas como armas políticas. Instrumentalizar el sufrimiento de una persona para atacar a un adversario político deshumaniza a la víctima y trivializa la gravedad del delito.
Por otro lado, es igualmente importante que las víctimas no utilicen su experiencia de violencia como una herramienta política contra sus oponentes. Aunque puedan tener razones legítimas para buscar justicia, el uso del dolor personal como estrategia política puede distorsionar la verdadera naturaleza del problema y socavar los esfuerzos para abordar la violencia de género como un fenómeno estructural.
En este contexto, es crucial que tanto los actores políticos como la sociedad civil promuevan un enfoque que respete la dignidad de las víctimas y se enfoque en soluciones sistémicas que prevengan la violencia de género, en lugar de permitir que este grave problema se convierta en un instrumento más en la lucha por el poder.
* Lic Eduardo Muñoz. Criminólogo y criminalista. Especialista en prevención del delito. Consultor de seguridad integral
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