Escuelas de oficios en Mendoza: una salida ante la crisis económica y laboral
“Tengo que revisar las estufas antes de que empiece el invierno, ¿conocés un gasista de confianza?”, “Me falló el aire acondicionado, ¿tenés el número de un técnico?”, son las consultas que se repiten en conversaciones entre amigos y en grupos de WhatsApp. Esta situación se agudiza cuando ocurre una emergencia -se rompe el calefón, una cañería o hay un desperfecto eléctrico- y dar con un oficial calificado y responsable se convierte en una odisea.
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Por otro lado, los bajos salarios y las dificultades para encontrar empleo en el mercado formal incentivan la búsqueda de nuevos horizontes. Muchos jóvenes y adultos se inclinan por la formación en oficios que cumple con dos requisitos: períodos cortos de capacitación y rápida salida laboral.
En medio de estos dos mundos están los Centros de Capacitación para el Trabajo, una especie de escuelas de oficios, que capacitan a miles de mendocinos por año. La figura del aprendiz formándose al lado del oficial fue perdiendo lugar y actualmente, los CCT son los elegidos para aprender oficios.
En Mendoza, hay 80 Centros de Capacitación para el Trabajo distribuidos en todos los 18 departamentos. Se puede aprender desde gastronomía hasta electricidad, plomería, idiomas, carpintería, informática y estética, entre otras disciplinas.
“Hoy la matrícula es de 14 mil alumnos en toda la provincia. Pero es un número muy variable porque quizás en dos meses algunas capacitaciones terminan y esa cifra cae o aumenta de acuerdo a la demanda”, explicó la coordinadora de Educación Técnica de la Dirección General de Escuelas, Laura Quiroga.
“Las formaciones más solicitadas son las de plomero, gasista, electricidad, gastronomía ahora muy asociado al turismo y entre las mujeres es muy elegido el rubro textil. Los Centros de Capacitación para el Trabajo ofrecen cursos más cortos con la posibilidad de una rápida inserción laboral con pasantías y después en una empresa o como emprendedor”, agregó.
En los Centros de Capacitación para el Trabajo se dan dos tipos de certificaciones: una de capacitación laboral y otra de formación profesional. La primera tiene una carga horaria de 100 horas y dependiendo del CCT se puede cursar en dos meses. En esta categoría entran cursos como el de peluquería. En cambio, la formación profesional tiene una carga horaria que va de 580 a 700 horas dependiendo del grado de certificación y de la responsabilidad civil del oficio. Por ejemplo, la formación para ser gasista.
En sus inicios, los Centros de Capacitación para el Trabajo cumplían el rol de pasatiempos en algunos cursos en los que se enseñaba pintura o tejido. Con el tiempo se fueron categorizando y cumpliendo con requisitos del Ministerio de Educación de la Nación para alcanzar una certificación formal.
“Para anotarse en un CCT no hace falta tener terminada la primaria o la secundaria, en esos casos articulamos con los Cens o Cebja para que finalicen los estudios. Pero hay casos de estudiantes menores de 18 años que están formándose en un CCT y en la secundaria a la par”, indicó Quiroga.
Además, los Centros de Capacitación para el Trabajo funcionan en las penitenciarías y tienen aulas móviles que recorren las zonas alejadas de la provincia brindando formaciones que piden los vecinos del lugar. En estos casos la articulación se hace con los municipios.
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