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Acompañar a las jóvenes generaciones en su proyecto de vida

Vivimos en un mundo donde todo es muy acelerado, ayudemos a nuestro hijos a discernir para elegir, tomar la decisión, llevarla a la práctica y vivir con la  consecuencia lógica de esa acción.

Sin dudas, la familia es el primer entorno educativo, en la que cada niño, niña o adolescente recibe su primera educación y primeras orientaciones. Es el entorno donde permanece la mayor cantidad de tiempo. En el seno de la familia adquieren conocimientos, desarrollan habilidades, valores y actitudes para la vida.

¿Son conscientes los padres, madres o familiares de hoy de la importancia de su rol?

Los hábitos que se desarrollen en ese primer momento vital influirán durante el resto de sus vidas. Se trata de construir hábitos “saludables”, dentro de un entorno seguro en el que se sientan apreciados, valiosos y donde se les permita hacer (ayudar con las tareas de la casa, cocinar, dibujar, etc.). En ese ámbito seguro podrán equivocarse porque, si lo hacen, se puede subsanar. Así
aprenderán que el error forma parte del proceso de aprendizaje y que no siempre las cosas salen bien desde el primer intento.

¿Son conscientes los padres, madres o familiares de hoy de la importancia de su rol?

En cada etapa se puede prestar atención a diferentes aspectos de la niñez. Mientras son bebes habrá que prestarles mucha atención y cariño para que comiencen un desarrollo armónico en todas sus dimensiones y, a medida que crecen, se les dará mayor autonomía -como alimentarse y vestirse- motivándolos también a conocer sus emociones y regularlas. En la adolescencia, la familia tendrá un rol de consejero o guía para facilitar que puedan alcanzar sus metas de forma autónoma e independiente, a partir de un diálogo respetuoso.

En la adolescencia, la familia tendrá un rol de consejero

Desarrollar el agradecimiento será necesario durante todas estas etapas –agradeciéndoles a ellos cada vez que se pueda–, puesto que la gratitud colabora en la armonía del hogar y las personas agradecidas mejoran su propia satisfacción al saber que todo cuesta. Pero esta manera de educar no significa que se permite todo: los límites son imprescindibles, puesto que les otorga seguridad y mejoran el desarrollo del autocontrol. El enseñar que no todo está bien expone que es necesario revisar el propio comportamiento. Los límites hay que ponerlos con amor y respeto, manifestándose lo que está mal (y sin miedo de hacerlo).

En la adolescencia, la familia tendrá un rol de consejero.

Poner el límite es la explicación más clara de que todo acto tiene consecuencias, los buenos y los malos. Y cuando algo no es bueno se debe reflexionar para no volver a cometer ese error para no perjudicarse a uno mismo ni a los demás. Así iremos desarrollando las capacidades necesarias que les permitirán a los niños y adolescentes entender el proceso de toma de decisiones necesario para el despliegue del proyecto vital. 

Poner el límite es la explicación más clara de que todo acto tiene consecuencias

En un mundo que muchas veces es demasiado rápido, en el que los jóvenes viven en el tiempo del “ya-ya y ya-fue” -como dice el gran investigador argentino García Pintos-, la educación necesaria será la que pueda colaborar para que esta generación pueda tomar las decisiones necesarias para seguir su propio proceso de desarrollo, ese que les dará el pasaporte a la libertad.

Cecilia Barni.

* Cecilia Barni. Dra. en Psicopedagogía. Profesora del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral.