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La cautivante historia detrás de uno de los lugares más emblemáticos de Mendoza

Se cumplieron 120 años del momento en el que Mendoza rebautizó lo que ahora se conoce como plaza San Martín. Su historia y detalles que, tal vez, no conocías.
Foto: Santiago Tagua/MDZ
Foto: Santiago Tagua/MDZ

En Mendoza, las hermosas plazas que la actualidad nos muestra, nacieron con un lógico fin estético y como un oportuno pulmón verde que invitaba al esparcimiento social en medio de un clima seco y árido. Pero, sobre todo, surgirán como un imprescindible resguardo ciudadano ante los temblores y terremotos que azotaban la provincia. El recuerdo estaba muy fresco; Mendoza fue devastada por aquella catástrofe sísmica de marzo de 1861. El terremoto de ese año tiró abajo la ciudad. La destruyó totalmente. No es exagerado. Es literal. Mendoza quedó arrasada. Había que reconstruir una ciudad nueva. Por ende, un nuevo ordenamiento territorial puso en marcha un plan de desarrollo urbano en otro espacio, que indefectiblemente disponía un novedoso esquema de construcción y un nuevo sistema de defensa. En caso de temblores, todos debían correr a la plaza. Por ende, las plazas se convirtieron en estratégicas.

RUINAS DE SAN FRANCISCO - 1861

Y así, lejos de esa mirada idílica que todos tenemos de lo que implica una plaza, el francés Julio Balloffet, que vino a Mendoza a buscar a su compañero de viajes, el científico August Bravard (desaparecido durante el terremoto, a la postre encontrado muerto bajo los escombros como uno más de las casi 5.000 víctimas de la catástrofe), se quedó para siempre diseñando un modelo de ciudad que contemplaba la construcción de plazas públicas como absolutamente necesarias para proteger a la sociedad. Se casó en 1868 con la mendocina Aurora del Corazón de Jesús Suárez y ayudó a pensar una Mendoza nueva.

La nueva Ciudad y sus plazas

Tras varios proyectos del traslado de la ciudad a un nuevo lugar (se habían presentado 5 proyectos), y definida la Hacienda de San Nicolás (actual centro mendocino) como el espacio donde se levantaría el nuevo pueblo, lo primero que diagramó Balloffet fue donde estarían ubicadas las plazas públicas. Su plan de arranque consistía en construir una plaza principal al centro de un damero y cuatro plazas en los distintos extremos de la ciudad naciente.

Esos espacios dispuestos a las plazas será lo primero demarcado en los planos de la nueva ciudad. Al principio, ni un solo yuyo había en esas plazas. Pero la inteligencia y la férrea voluntad política determinó que esos lugares serían primordiales e impostergables. Había que sostenerlos, “contra vientos y mareas”. Construir plazas era resguardar vidas.

Así, entre patos, vacas, burros y “chocos” callejeros, que las cruzaban a diario, nacerán (descampados abiertos) la central Plaza Parque (por su extensa dimensión), luego denominada Plaza Independencia, con un pequeño laguito en el centro; la Plaza Lima (actual Plaza Italia); la Plaza Montevideo, posteriormente Carlos Pellegrini y actualmente Plaza España; la originalmente Plaza San Martín, que luego será Plaza Chile, cuando el 5 de junio de 1904 la histórica Plaza Juan Francisco Cobo, sea rebautizada y pase a llamarse Plaza San Martín tomando el nombre de aquella.

Ese preciso día (5 de junio de 1904, se están conmemorando 120 años de aquel cambio de nombre) también se inauguró el monumento con la imagen ecuestre del Libertador General San Martín.

Debemos comentar que en aquellos tiempos que la actual Plaza San Martín se llamaba Juan Francisco Cobo (en honor a aquel español que introdujo el álamo en Mendoza), se la conocía también como “la plaza del reloj”, ya que en 1883 se erigió en el centro de la plaza una enorme torre en la que se encontraba un reloj de 4 caras. Los mendocino se guiaron por ese reloj por años hasta inaugurado el actual monumento ecuestre de San Martín. Aquella torre fue demolida y el reloj fue donado a la escuela Patricias Mendocinas muchos años después.

La plaza San Martín 

La iniciativa del cambio de nombre y de la escultura partió del fraile chileno Pacífico Otero (uno de los grandes biógrafos de San Martín) que propuso la construcción de un gran monumento que recordara a San Martín. Fue inaugurado en tiempos de Elías Villanueva como gobernador y la obra fue realizada por José F. García en bronce fundido. Se trata de la figura del General, montado a caballo, con su dedo índice señalando el horizonte hacia la montaña, escenario glorioso del cruce de Los Andes. Es una réplica de la original escultura de José Luis Daumas que se encuentra en la plaza homónima de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La espectacular base de piedra que presenta el monumento central son rocas de granito traídas desde Uspallata y trasportados por el Ferrocarril Trasandino. Mientras que los pilares que sustentan las cadenas alrededor del monumento son cuerpos de cañones de hierro fundidos en el Arsenal de Guerra de Buenos Aires y donados por el Ejército de la Nación. Otro símbolo histórico que ofrece la plaza es un hijuelo del pino del convento de San Lorenzo (Santa Fe), recordando al árbol donde el General San Martín redactó el parte de la victoria del combate de San Lorenzo.

El reloj de la plaza San Martín

“Hasta 1968, cuando se decide su remodelación, la plaza había conservado su estilo original, sencillo y afrancesado, con farolas de hierro fundido y una vegetación de añosos árboles y palmeras. Luego, en 1970, se inauguraron las flamantes obras que estuvieron a cargo de la Arq. Graciela de Pagés y el Arq. Carlos Caporalini. En ese momento se dotó a esta plaza de desniveles pronunciados, escalones y jardines asimétricos” (Información extraída de Municipalidad de Mendoza).

En la última remodelación efectuada durante 2018 se unificaron los niveles de veredas con las calles perimetrales, soterrando las instalaciones existentes y dotándola de nuevo mobiliario y elementos ornamentales.

La Plaza San Martín como para reafirmar su ligazón con los postulados sanmartinianos posee placas que contienen las “Máximas Sanmartinianas” dictadas por el Libertador a su hija, dispuestas de manera que sugieren un camino que une el monumento central con la Basílica de San Francisco donde se encuentra la Tumba de Merceditas.

Hoy la plaza ofrece un panorama renovado, mezclando los históricos elementos tradicionales con los que nació, conjugado con los anhelos de cientos de chicos, vecinos y turistas que recrean la mayor gesta libertadora de América al amparo de los últimos servicios tecnológicos que brinda el espacio, siendo siempre la Plaza San Martín una buena postal que muestra otra de las enormes riquezas culturales de la provincia: sus plazas y monumentos, y mucho más teniendo en cuenta todo lo que José de San Martín representa y simboliza para la historia de Mendoza.