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Arturo Illia: filosofía radical desde la conducta

Gran parte de la dirigencia política, sindical, eclesiástica y empresarial lo estimularon, contando además con una fuerte adhesión periodística que actuó con fines desestabilizadores.

Principista. Intransigente. Progresista. Estaba convencido que el radicalismo no era solamente un partido político. Para él ocupar un espacio de gestión pública encarnaba una filosofía de vida que se apoyaba en la conducta.  “Un gesto lo pinta de cuerpo entero. Al día siguiente de su destitución por las fuerzas del general Onganía (con la venia de las grandes empresas y el sindicalismo) convocó al Escribano Mayor de Gobierno para hacer un registro de sus bienes. Al asumir, en 1963, había declarado una propiedad en Cruz del Eje (obsequiada por los vecinos para que la utilice de casa y consultorio), un auto y un depósito bancario de 300.000 pesos. Al dejar el gobierno solo le quedaba la casa en la localidad cordobesa. La plata la había gastado y el auto, un Fiat 1500, lo vendió en pleno ejercicio de la Presidencia para afrontar gastos por la enfermedad de su esposa. Más datos: dispuso en tres años de 240 millones de pesos para gastos reservados (que no requieren rendición de cuentas) y solo utilizó 20 millones, entre otras cosas para llevar obras de teatro de artistas argentinos a Europa”. Estoy releyendo un viejo recorte de diario, cuando estos todavía no se leían a través de redes, teléfonos u otros soportes tecnológicos. Fue hace mucho. Me pareció admirable. Hoy resultaría increíble.

El expresidente continuó ejerciendo la medicina en Cruz del Eje.

El golpe anunciado

El golpe de estado a Illia no fue un hecho inesperado. Gran parte de la dirigencia política, sindical, eclesiástica y empresarial lo estimularon, contando además con una fuerte adhesión periodística que actuó con fines desestabilizadores. “Primera Plana”, “Confirmado”, “Análisis” y casi todos los diarios de tirada nacional, se integraron a un proceso de demolición del gobierno. 

Buena parte de la sociedad también acompañó con su pasividad el quiebre institucional, ya que las alteraciones constitucionales se sucedían frecuentemente por esos tiempos, instancia que no permitía consustanciar a la ciudadanía con una imprescindible cultura democrática y, sobre todo, con la necesidad de vivir bajo un estado del derecho.

Y así como sobre aquel golpe constitucional de 1966, el juicio de la historia se encargó de refutarlo, nos parece importante recordar algunos hitos de la gestión presidencial de Arturo Umberto Illia.

El derrocamiento de Illia era un final esperado.

Uno se tienta además en establecer comparaciones. En el fondo estas notas periodísticas buscan convertirse en un espacio histórico, donde generar parangones no solo refresca la memoria, ayudando a establecer parámetros que permitirán ubicarnos y proyectarnos en el tiempo, pero sabiendo también que más allá de la reflexión sobre el ayer y la comparación con otros momentos (pasados o presentes) encaramos una responsabilidad (deliberada) al sumar herramientas para el debate propositivo, coincidiendo o discrepando.

Datos que desarmarían cualquier relato

Un 7 de junio de 1964 se sancionaba la Ley del Salario Mínimo, Vital y Móvil, previa a la concreción del Consejo del Salario compuesto por miembros del gobierno, empresarios y representantes de los sindicatos. El objetivo concreto: “asegurar un ingreso mínimo adecuado y mejorar los salarios de los trabajadores más pobres”. Que haya sido en tiempos de Illia derriba también varios mitos, ante los que aseguran que fue en décadas anteriores. La Ley Nº16.459 se publicará en el Boletín Oficial unos días después, siendo una nueva conquista para quienes ostentaban los salarios más bajos, garantizando un piso mínimo a los ingresos que se irían graduando paulatinamente de acuerdo al incremento inflacionario. Paralelamente se estableció también la fijación de montos mínimos para jubilaciones y pensiones.

Otros datos. Antes de llegar Illia al gobierno el Producto Bruto Interno había sufrido una caída muy considerable. Se restablecerá en 1964: 10,3%; 1965: 9,1%; 1966: 0,6%. La desocupación anual en 1966 era del 5,2%. El salario real creció entre diciembre ‘63 / diciembre ‘64: 9,6%. La inflación bajó en 1964 a 22,1%, subirá en 1966, pero veníamos de 38% en 1962. La balanza de pagos mostró cifras positivas, siendo mayores las exportaciones que las importaciones. (487 millones de dólares en 1966). La deuda externa bajó de 3.400 millones de dólares a 2.600 millones. La producción industrial aumentó un 19%. Un hecho interesante que marcará la orientación del gobierno de Illia fue que elevó el presupuesto educativo que había encontrado cuando llegó a la presidencia en 12 % a 23% en 1965.

El convulsionado contexto

Los ’60 fueron un tiempo crítico en general. Contracultural para muchos. Podríamos hablar de la revolución cubana, el Che, el Papa Juan XXIII, el Concilio Vaticano II, la carrera espacial entre EEUU y la URSS, la guerra fría, “la tercera posición”, la teología de la liberación, el asesinato de John F. Kennedy, el golpe a Nikita Khrushchev, la guerra de Vietnam, Medio Oriente ocupando un lugar relevante en la agenda por la crisis del petróleo, los conflictos árabes – israelí, Alemania dividida por el muro de Berlín (1961), Mao y la revolución china, el movimiento hippie, Woodstock, Luther King, Mandela, Hendrix, Bob Marley, Malcolm X, los Beatles, Rolling Stones, la muerte de Marilyn Monroe, Bobby Fisher (EEUU), Boris Spassky (URSS), Cristian Barnard realizando el primer trasplante de corazón, Volkswagen inventando “el escarabajo”, “ellas” tomado las primeras píldoras anticonceptivas y paralelamente naciendo los primeros “bebé de probeta”. También las vísperas del simbólico mayo francés. Jean Paul Sartre, Wilhelm Reich, Herbert Marcuse, Raoul Vaneigem, Guy Debord, Pierre Bourdieu, Jean-Claude Passeron y Louis Althusser. Todos los países latinoamericanos con conflictos políticos. Golpes de estados en Brasil, Perú, Bolivia. El dictador Stroessner en Paraguay. Fidel. Guerrilla en Tucumán. Azules y colorados. En medio de ese berenjenal: Illia.

Nada alcanzó. Lo "voltearon"

Su gobierno duró 33 meses. Sancionó leyes emblemáticas (Ley de Medicamentos, la mencionada ley de salarios) y corajudamente, honrando su palabra de campaña, anuló los contratos petroleros con compañías extranjeras.

Reflotó el tema Malvinas, consiguiendo su gestión ante la ONU que se obligará al Reino Unido a sentarse por primera vez en una ronda de acuerdos (Resolución 2065) reconociendo la existencia de una disputa sobre la soberanía.

En su presidencia mantuvo los mismos ministros en el gabinete, excepto Eugenio Blanco, quien falleció en ejercicio del cargo y debió ser reemplazado por Juan Carlos Pugliese.

El argumento de la supuesta debilidad de origen, provocada por el caudal de votos en blanco que se registraron ante el momento de ser electo (Illia con 25 % de los votos emitidos / 19 % en blanco) como efecto de la proscripción del peronismo, no le impidió desafiar al poder militar habilitando la presentación de candidatos del peronismo en las elecciones legislativas de 1965. Por ejemplo: las listas de la Unión Popular, versión maquillada del PJ, ganaron las elecciones de medio término. Es más, la historia reciente nos muestra ejemplos concretos (Kirchner 22% en 2003) y nadie afortunadamente discutió su legalidad y legitimidad de origen.

Arturo Umberto Illia

Aquella foto sindical tampoco asombra. Todos hablan de la vigente actualidad, pero Illia asumió en octubre y el 6 de diciembre, siete semanas después, ya soportó una huelga general. Además, para continuar ejemplificando, solo en 1964 hubo 11.000 tomas de fábricas.

Mientras tanto, los grupos de izquierda acusaban al gobierno de pro-norteamericano, pero Illia promovió la venta de millones de toneladas de grano a China pese a la oposición de Washington. Y se negó a mandar tropas a Santo Domingo como pedía EE.UU.

Tarde reproche doloroso

Un mes después de la caída de Illia es atacada la universidad. Los estudiantes y docentes que semanas antes del golpe hacían huelgas y tomaban universidades contra Illia serán “molidos a palos” al primer intento de protestas por los gobernantes de facto. Secuestros, persecuciones, expulsiones y muertes. En distintas universidades argentinas solo 8.600 docentes serán cesanteados o renunciarán a sus cátedras.

Otro ejemplo: el coronel Luis Perlinger fue aquel militar que brutalmente expulsó a Illia de la Rosada. Arrepentido recordará años después ese momento en una carta pública (19 / 7 / 82) dirigida al expresidente pidiéndole perdón:"(Illia) serenamente avanzó hacia mí y me repitió varias veces: Sus hijos se lo van a reprochar. ¡Tenía tanta razón! Usted me dio esa madrugada una inolvidable lección de civismo. Hace tanto tiempo que yo me lo reprocho", escribía Perlinger.

Le decían socarronamente “la tortuga”. Era todo lo contrario. Activo. Tenaz. No transaba. No negociaba ni un ápice. Nunca ningún gobierno sufrió tantos ataques de tantos sectores durante tanto tiempo: militares, peronistas, frondizistas, sindicatos, la Unión Industrial, la Sociedad Rural, periodistas, la Iglesia, los guerrilleros, los fascistas. A pesar de todo, hizo bien las cosas. Pero igual lo voltearon.

Un presidente que siempre cumplió el rol de ciudadano

Era humilde. Perfil bajo. Sin excentricidades, ni declaraciones rimbombantes. Digno. Honesto. De noble estirpe radical. Hasta el último acto cuando se despedía de la casa de gobierno lo pintará de cuerpo entero. Le ofrecieron un auto oficial para llevarlo al departamento que alquilaba. Era una ofensa. Se retiró caminando. Como todas las mañanas temprano cuando hacia ese recorrido, solo y sin custodia, desde su morada hasta Casa Rosada. Mirando al frente. En el camino, tumultuoso, sorteando vallas, se encontró con Alconada Aramburú (su Ministro de Educación) que salía con su auto particular del estacionamiento. “Vamos Arturo”, dijo Alconada. “¿Dónde te llevó?”, prosiguió el ministro. “A lo de mi hermano; en Martínez. Ojalá este. No quiero molestarlo”, expresó Illia.

Así se fue. Injustamente. Atrás quedaba un gran gobierno y otro error argentino. Vale además recordar que Illia también rechazó la jubilación que le correspondía como expresidente. Volvió a su pueblo, Cruz del Eje (Córdoba), para seguir dedicándose a la medicina y atendiendo (gratis, como casi siempre) a sus vecinos en la misma casa que ellos mismos le habían regalado. A su regreso, muchos le recordaban cuando había llegado jovencito al pueblo. El “apóstol de los pobres” le llamaban entonces por su dedicación a los enfermos sin recursos, viajando a caballo o en sulky, para llevar medicamentos que él mismo compraba. Volvió a Córdoba en 1966 con la misma humildad. No volvía un Presidente de la Nación; regresaba un vecino. Quedó viudo a los dos meses del golpe de Onganía. “Lo siento mucho, doctor”, le dice un paciente. “Gracias; vamos a ver qué tiene éste changuito”, escapando rápido para evitar prolongar ese recuerdo triste, lleno de vacío. Así siguió su rutina. Solo. Entre el consultorio y el comité. Entre el médico y el militante. La muerte lo alcanzó en enero de 1983. Hasta hoy emociona. Era un radical. “El hombre necesario”, como escribió Santiago Navarra.