Graciela Genovés, el jolgorio del color
Nacida en La Plata en 1962, Graciela Genovés se graduó como Profesora y Licenciada en Artes Plásticas en la Universidad Nacional de su ciudad. Se perfeccionó luego en el taller de Osvaldo Attila y en 1989 comenzó su carrera docente y a presentar exposiciones.
A lo largo de doce años, a partir del 2000 tuve la dicha de mostrar sus obras en Colección Alvear en otras tantas muestras, llevar sus pinturas al exterior y ser testigo de su crecimiento continuo como artista.
Ahora que presenta una fabulosa muestra en una importante sala en San Telmo, a pocas cuadras de donde tiene su taller (Cassa Lepagge, en Bolivar 373) celebro su vitalidad y a fin de compartir con ustedes mi entusiasmo transcribo unos párrafos de un prólogo que escribí tiempo atrás. Los considero hoy absolutamente vigentes.
Graciela Genovés es una mujer feliz
No porque viva abstraída de la realidad, sino porque ha aprendido a ver y beber de la mitad llena del vaso. Pinta en su taller que da a un jardín inundado de luz y de pájaros. Por eso la luz que entra a través de grandes ventanales está filtrada por el verde de la naturaleza, por el verde de la esperanza que rebosa en sus pinturas.
Pinta los bares de su barrio con sus personajes, que dibuja con trazos rápidos y certeros para luego elaborarlos en su estudio. Sus obras son generosas de tamaño como es lo es su paleta.
Tal vez para contradecir a algunas teorías en boga, la obra de Genovés permite sostener que la felicidad puede ser un estado de gracia ideal para la creación.
Ahora agregaría que además tiene la encomiable virtud de ser contagiosa
* Carlos María Pinasco es consultor de arte.
carlosmpinasco@gmail.com