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La serie Ripley, entre el temor a ser engañado y querer engañar

Ripley es una serie de televisión estadounidense de suspenso psicológico de 2024, basada en la novela policial de 1955 de Patricia Highsmith El talento de Mr. Ripley.

Damián Fernández Pedemonte
Damián Fernández Pedemonte domingo, 19 de mayo de 2024 · 07:00 hs
La serie Ripley, entre el temor a ser engañado y querer engañar
Ripley es una serie de ocho capítulos de una hora promedio de duración, que adapta la famosa saga de novelas de Patricia Highsmith sobre el memorable Sr. Ripley. Foto: Shutterstock

La serie Ripley es una “rara avis” en la oferta de contenidos de Netflix. Nos hemos acostumbrados a películas y series más ligeras y marketineras. O con contenidos románticos o más bien eróticos. Por ejemplo, algunas de las series más vistas por estos días tratan sobre acoso, ghosting y engaños en las relaciones amorosas. Reflejan situaciones reales agravadas en el entorno digital de redes sociales y aplicaciones de citas, y que, se ve, despiertan gran interés en la audiencia argentina. “Bebe Reno”; “Gracias, ¿el siguiente?” y la docuserie “Ashley Madison”, son ejemplos de esta predilección.

Ripley es una serie de ocho capítulos de una hora promedio de duración, que adapta la famosa saga de novelas de Patricia Highsmith sobre el memorable Sr. Ripley. Es “rara avis” por la morosidad en el avance de la trama (que, sin embargo, mantiene siempre la tensión) y la preciosista fotografía en blanco y negro. Más parece una inserción dentro de Netflix de una plataforma de cine de autor como Mubi. En medio de la cultura de la dispersión y un modelo de negocio de contenidos basado en la adicción a
la dopamina, como el de Instagram, TikTok o YouTube shorts, Ripley va a contramano, exigiendo concentración, un bien cada vez más valiosos por lo escaso.

El director de la serie, Steven Zaillián, está más interesado en los climas y la psicología del personaje que en la acción. La trama de la novela, que incluye asesinatos, sustitución de identidades y las peripecias de un estafador es apta para el éxito en la plataforma de “streaming”, el tema es cómo es abordada en la nueva serie. Este Ripley es más oscuro que el personaje de Leonardo Di Caprio en “Atrápeme si puedes” (2003) la película de Spielberg basada en la historia real de un joven de 19 años que se convirtió en millonario haciéndose pasar por piloto de avión, médico y abogado.

La serie Ripley es una “rara avis” en la oferta de contenidos de Netflix. Foto: Shutterstock.

Ripley tiene un “plot” de personaje: lo importante es cómo este actúa y evoluciona. El personaje complejo, es sabido, le permite al espectador hacer proyecciones y exploraciones sobre la psicología del otro. Ripley es una especie de Raskolnikov, el protagonista de “Crimen y castigo” de Dostovieski. Hábil para el engaño verbal y para el silencio, la inexpresividad de su rostro y la capacidad de salir de las situaciones en las que están a punto de descubrirlo están magníficamente encarnadas por el actor Andrew Scott.

La novela ya había sido llevada previamente al cine en “A pleno sol” (René Clement, 1960) protagonizada con Alain Delon y “El talento de Mr. Ripley” (Anthony Minghella, 1999) con Matt Damon (que también se puede ver hoy en Netflix). Como era de esperar, Ripley no fue un éxito en Netflix. Pero alimenta la reputación de la plataforma, en plena guerra con otras plataformas (como Max o Disney+, grandes productoras de contenidos) que compiten por el presupuesto doméstico y por el tiempo, ambos recursos limitadísimos.

La nueva miniserie comienza en 1961 en New York cuando Tom Ripley es contratado por el millonario Herbert Greenleaf para que viaje a Italia y convenza a su hijo bohemio Dickie de que deje su vida en la paradisíaca isla Atrani y vuelva a los Estados Unidos a
hacerse cargo de sus responsabilidades. Ripley se enamora de Dickie al punto de una fusión patológica que lo lleva a querer ser Dickie. Detrás de sus engaños y sus crímenes, podemos colegir, se esconde una personalidad vulnerable y carente de amor.

La nueva miniserie comienza en 1961 en New York.

Es interesante analizar los cambios en la interpretación del personaje que introduce el paso del tiempo, entre la novela de  Highsmith de 1955, las anteriores adaptaciones cinematográficas y esta nueva adaptación. Un clima de época que la nueva versión de Ripley recoge es el del temor a ser estafado o a ser uno mismo un estafador. Hace un par de años Netflix emitió el documental con ritmo de thriller “El estafador de Tinder” que, como las series reseñadas el comienzo de esta nota, sí fue un éxito. Es la
historia de un joven israelí, que viajó por el mundo presentándose como el hijo de un magnate y engañó a decenas de mujeres a través de Tinder. Luego fue “Inventando a Anna”, serie que recrea la vida de una audaz joven, gran impostora que simuló ser una
heredera millonaria y que logró engatusar a la elite de Nueva York.

En el contexto argentino de agresividad y extravagancia en el discurso público (promovido desde la cima misma del poder, bajo el imaginario, cada vez más naturalizado del presidente “loco”), se puso de moda la frase “fingir demencia”. ¿Qué se quiere decir con esa frase?: hacer como si nada de lo que pasa está pasando, nada de lo que se dice se ha dicho. Es en la crisis económica actual otra variante de la indiferencia, del “sálvese quien pueda”. Sin dudas esta actitud erosiona poco o mucho nuestra identidad, ya que podríamos llegar a correr los límites de nuestras actitudes hasta convertirnos nosotros mismos en el estafador, el que adopta una posición contradictoria con sus valores.

Con el estrés de la crisis puede sobrevenir también el síndrome del impostor, esa sensación de inseguridad respecto de nuestra carrera laboral que nos hace sentir que no merecemos nuestros logros, que estamos engañando a nuestros jefes y colegas, y
quizás también caigamos en la volteada cuando nos descubran. Y tal vez queramos entonces ser los victimarios, identificarnos con ese ideal del tipo seguro pero déspota que nos es tan esquivo. No ya tener miedo a engañar sino aspirar a engañar sin ningún
remordimiento.

Damián Fernández Pedemonte.

* Damián Fernández Pedemonte (Investigador de la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral y en el CONICET)

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