Historias de vida

El trágico desenlace de la primera andinista argentina que escaló el Himalaya

La conmovedora historia de Nancy Silvestrini, la primera mujer argentina y mendocina en hacer un 8.000 en el Himalaya que tuvo un trágico desenlace. La charla con su hermana, Elena.

Micaela Blanco Minoli
Micaela Blanco Minoli viernes, 9 de febrero de 2024 · 14:22 hs
El trágico desenlace de la primera andinista argentina que escaló el Himalaya
Una de las fotos de Nancy en su último viaje Foto: Gentileza

Nancy Silvestrini falleció hace 20 años momentos después de convertirse en la primera andinista argentina en lograr una cumbre de más de 8.000 metros en el Himalaya, al caer por una pendiente del monte Gasherbrum I, en el sector paquistaní. La mujer de 31 años se había preparado toda la vida para ese momento, superando obstáculos impensados para llegar hasta allí. Era consciente de los riesgos pero su pasión por el andinismo era más poderosa y así es cómo la recuerda su hermana, Elena: llena de vida, alegría y con una fuerza arrolladora. 

En junio del 2003 Nancy había comenzado lo que iba a ser el hito de su carrera y de su vida, una difícil expedición junto con un grupo de andinistas españoles por uno de “los 8.000”, como se conoce al conjunto de cerros más altos del Himalaya. Con una valentía poco vista y admirada por familiares, amigos y colegas, la joven había logrado su mayor hazaña luego de muchos años de experiencia escalando montañas sin saber que en el descenso encontraría la muerte. 

Silvestrini había encontrado en el andinismo una forma de apaciguar una pena muy grande. Fue gracias a la montaña que logró recuperarse de la adversidad de dos pérdidas muy importantes y reconstruir una vida de cero, diferente. Su hermana, Elena, en una charla con MDZ aportó detalles al respecto. “Con el tema de las montañas, fue una actividad y una pasión que mi hermana encontró ya de más grande, con veintitantos años cuando perdió a su esposo, en un accidente de moto y después, en 1992, cuando ella tenía 20 años, perdimos a mi hermano también en un accidente cuando él tenía 18 años. Ella decía que subiendo la montaña y estando en la cumbre se sentía más cerca de ellos”, dijo con un hilo de voz la mujer que luego de un momento logró reponerse y confesó que Nancy, no solamente era su hermana mayor sino que era su ídola. “Cuando falleció yo tenía 17 años, nos llevamos 12 años y para mí era mi gran heroína. Mi papá sí tenía miedo de que le pasara algo, pero para mí en ese momento ella era inmortal”, rememoró Elena.

Luego de la muerte de su marido y su hermano, Nancy se preparó durante algunos años para escalar el Himalaya. A fines de los años 90 había egresado de la escuela provincial de guías de alta montaña, trabajaba como guía de trekking en Mendoza y asistente de guía de alta montaña en el parque provincial Aconcagua. Hizo cumbre en ese cerro en varias oportunidades como también llegó a otros picos de la Argentina y Perú. “Fuera de temporada de verano emigraba siempre a otros países para seguir haciendo ascensos de montañas, dedicaba su vida a la montaña”, narró Elena.

Nancy Silvestrini, la primera andinista argentina y mendocina en hacer un 8.000 en el Himalaya

Nancy se destacaba por ser una persona alegre, simpática y activa, “ella lograba entablar muy buena relación con cualquier persona. Se relacionaba con todo el mundo, tenía esa facilidad. De hecho, cuando fue la expedición española-argentina, un andinista español que era parte de la expedición que además es médico, viajó después a Mendoza para traer sus cosas, conocer a la familia y contaba que en Pakistán con una población súper cerrada, ella entabló relaciones con todos, se metió en una mezquita, como que tenía una apertura social que le abrió un montón de puertas y que estaba feliz en este último viaje”, recapituló Elena. 

Además, sus compañeros aseguraban que físicamente se encontraba muy bien, que estaba capacitada, que “por algo logró subir y llegar a hacer esta cumbre, pero bueno nada obviamente que que los accidentes siempre pueden pasar”. De las ocho personas que componían el grupo que hizo la expedición la mayoría logró sobrevivir. Junto con Nancy, falleció otro integrante del grupo que era español, José Manuel Buenaga.

Nancy Silvestrini en el Himalaya

El momento de la caída de Nancy, fue inmortalizado por Jorge Egocheaga Rodríguez, el médico de la expedición en su libro “Quizás vivir sea esto”. Allí relata que con la andinista se conocían de ascensos anteriores y que los unía un lazo especial. En el capítulo Gasherbrum I o Hidden Speak (2003) cuenta que el día 9 de junio escribió en su diario: “Hacía mucho tiempo que no me sentía tan feliz. Cada instante pasado me acerca más a Nancy -¿será esto el amor?- y a José, que puede convertirse en ese tesoro que se encuentra tan escasas veces en los mares de la vida: un amigo de verdad. Sus compañías iluminan mi alma de diferente forma, complementarias, y me llenan por completo. Amistad y amor, pilares de la supervivencia… ¿Es esta felicidad tan intensa un “pecado”? ¿Más vale un segundo intenso que toda una vida anodina? ¿Seguro? Revuelo interno, inquietud. Hacía mucho tiempo que no me sentía como ahora, quizás nunca antes. Intranquilidad, desconcierto. ¿Es posible la reconstrucción de los pedazos, de la desesperanza? Alegría, incluso felicidad. ¿Puede la vida ser tan maravillosa? Temor, o ¿es posible confiar aún? ¿Por qué me siento tan bien rodeado de montañas? Aquí, incluso, vislumbro la posibilidad de poder llegar a amar a alguien”.

Nancy junto a Jorge en el Himalaya. Foto: Gentileza.

“Él -en referencia a Jorge- estuvo hasta el último minuto con mi hermana en accidente, tratando de ayudarla”, adelantó Elena. En el libro Jorge recuerda muy bien el día 4 de julio, rato después de hacer la cumbre de 8.000 -él primero y luego Eva y Nancy que habían dejado a José en el camino- “una tormenta asoma en el horizonte. Carecemos de información meteorológica propia por lo que no somos conscientes de que las condiciones han variado mientras estábamos en la montaña”. Cuando emprenden el descenso, “lo más rápido posible” ve como la nieve “se está transformando en una especie de azúcar inestable a una velocidad de vértigo. De repente descubro el casco de Jose junto a una traza de caída y el corazón me da un vuelco. Algo le ha pasado, por lo que comienzo a descender más rápido angustiado por encontrarlo”. 

Nancy Silvestrini junto al grupo de españoles. Foto: Gentileza.

Luego de verlo “tendido en un plató de nieve (lugar plano, normalmente situado entre fuertes pendientes), muy abajo, fuera de la línea de nuestra ruta sobre un glaciar colgante”, Jorge hizo seña a las chicas para avisarles que se desviaría y justo en ese momento “Veo a Nancy caer mientras suplica a gritos mi ayuda. No se puede frenar. En la caída de más de quinientos metros observo cómo se golpea con una roca para detenerse al lado de José, a escasos metros”. Jorge llegó y la encontró bien, con un brazo roto pero consciente y descubrió que nada podía hacer por su amigo José. Fue allí que tomó una decisión crucial, “tomar un atajo a través de unas planchas de nueve dura que nos llevarán directamente a la tienda. La agarró con fuerza, pero nada más comenzar la travesía Nancy se resbala, cae y me arrastra con ella. Comenzamos a girar en círculos sobre la nieve dura. Interno parar con los crampones y el piolet que llevo en la mano libre. Su mano se abre, intento no soltarla pero se me escurre, se me escapa. La veo mientras se precipita por el glaciar colgado. Durante la caída grita mi nombre y yo no puedo hacer nada. Al perderla, me freno mientras veo que desaparece. Desciendo con dificultad por el glaciar suplicando por encontrarla, porque se haya podido frenar. Alcanzo el precipicio en el que la garganta de hielo se desploma. Ella no está…”. 

Nancy en su último viaje, en el Himalaya. Foto: Gentileza.

El desgarrador relato de Jorge, describe muy bien la aventura en la montaña, como los planes pueden cambiar en un segundo y perder a las personas más valiosas. “Vivir sin estar. Estar sin vivir”, así se sentía Jorge según sus palabras luego del accidente y el descenso, sensaciones que lo llevaron a viajar a Mendoza para encontrarse con la familia Silvestrini. Elena comentó que en ese viaje él relató como había ocurrido todo, “se notaba que la quería mucho a mi hermana. De hecho, después rompió un récord por menor tiempo en escalar el Aconcagua y se lo dedicó a mi hermana en un video”, dijo. 

La placa en conmemoración a Nancy. Foto: Gentileza.

Nancy fue reconocida por sus pares y por su comunidad, “hay pocas montañistas mujeres” resaltó Elena, como uno de los motivos por los cuales a 20 años de la muerte de su hermana, se la inmortalizó poniendo su nombre a una calle en San Martín de Los Andes. “Que en un lugar tan bonito, la reconozcan como la primera mujer argentina que estuvo en uno de los 8.000, es muy especial. Ella tenía una frase muy bonita que decía: ‘Como si no fuera algo natural de la vida el poder hacer lo que uno siente desde el corazón’. Y así murió, haciendo lo que sentía y la hacía feliz”.

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