Nivel educativo y tasa de encarcelamiento: ¿una relación causal o una captura selectiva?
Los gobiernos a menudo recurren a penas más duras como respuesta al crimen, buscando transmitir seguridad, satisfacer la presión pública y, en algunos casos, obtener rédito político mediante posturas populistas. Sin embargo, esta estrategia, al
no abordar las causas subyacentes del delito y desatender medidas preventivas, puede resultar ineficaz.
El informe del sistema penitenciario de Mendoza del año 2022 proporciona datos reveladores:
- 48% de la población penitenciaria tiene como máximo nivel educativo primario o EG1.
- 30% tiene estudios primarios o EGB1 incompletos.
- Solo el 5% ha completado estudios secundarios.
Además, otros datos relevantes del informe subrayan la gravedad de la situación:
- El 68% de los reclusos tiene entre 18 y 35 años.
- El 52,7% tiene un historial de reincidencia.
Si bien la correlación entre bajo nivel educativo y alta tasa de encarcelamiento es evidente, es crucial no caer en la trampa de la causalidad simplista. ¿Es la falta de educación la causa del delito? La respuesta no es tan sencilla, ya que intervienen factores multidimensionales que merecen un análisis detallado.
La desigualdad educativa como factor criminógeno
La desigualdad educativa es un factor determinante en la alta tasa de encarcelamiento de personas con bajo nivel educativo. Esta desigualdad se manifiesta en:
- Acceso limitado a la educación: las personas de bajos recursos económicos tienen menos oportunidades de acceder a una educación de calidad.
- Calidad deficiente de la educación: las escuelas en zonas marginadas suelen tener menos recursos e infraestructura, lo que afecta negativamente la calidad de la enseñanza.
- Deserción escolar: la pobreza, la falta de oportunidades y la desmotivación pueden llevar a que los jóvenes abandonen la escuela antes de completar su educación básica.
La falta de educación como factor de riesgo
Las personas con bajo nivel educativo tienen mayores probabilidades de verse involucradas en actividades delictivas debido a:
- Falta de habilidades: no poseen las habilidades y conocimientos necesarios para el mundo laboral actual, aumentando el riesgo de recurrir a actividades ilícitas para obtener ingresos.
- Exclusión social: se sienten excluidos de la sociedad y con pocas oportunidades de progreso, generando frustración y resentimiento, factores que pueden conducir a la delincuencia.
- Vulnerabilidad a la manipulación: son más susceptibles a ser manipulados por grupos criminales como barrabravas o narcotraficantes.
Iniciativas en la región
Ante la correlación entre bajo nivel educativo y criminalidad, algunos países de la región implementan estrategias para fortalecer la educación como medida preventiva tales como Brasil con el Programa Mais Educação: que ofrece actividades extracurriculares para estudiantes de escuelas públicas, como deportes, música y artes o el Programa Segundo Tempo: que brinda apoyo pedagógico y social a estudiantes de escuelas públicas en situación de vulnerabilidad.

¿Es la educación de calidad la clave para reducir la criminalidad?
Invertir en educación de calidad es una herramienta eficaz para reducir la delincuencia a largo plazo, pero no es una solución única. La pobreza y la falta de oportunidades también son factores determinantes.
Complejidad y multidireccionalidad de la relación
La falta de educación aumenta la vulnerabilidad a la criminalidad, pero la participación en actividades delictivas también dificulta el acceso a la educación. La educación de calidad es fundamental para reducir la criminalidad, pero se requiere un compromiso integral que aborde las causas del problema. La transformación de la educación en una fuerza motriz para la paz y la seguridad es una responsabilidad compartida por gobiernos, instituciones educativas y organizaciones internacionales.
* Lic Eduardo Muñoz. Criminólogo y criminalista. Especialista en prevención del delito. Consultor de seguridad integral
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