Médico de Cromañón: "Un montón fueron a buscar a sus amigos y se murieron"
La tragedia de Cromañón, o masacre, es uno de los eventos más tristes de la vasta historia de la Ciudad de Buenos Aires, en la que murieron 194 personas y hubo 1.432 heridos. Una bengala, un boliche completamente sellado, la corrupción para mantener habilitado el lugar, las puertas de emergencia cerradas para que no se cuele nadie y un operativo mal diseñado facilitó la situación para que la tragedia sea aún mayor.
El médico Sergio Sarquis, jefe de Terapia Intensiva del Hospital de Clínicas, dialogó con MDZ y contó cómo fueron esas noches de horror, donde llegó parte de las víctimas de la tragedia de Cromañón, como así también cientos de familiares que iban haciendo como un tour hospitalario con el fin de encontrar a sus hijos que habían sido derivados.
- ¿Qué pasó el 30 de diciembre de 2004?
- Era un jueves. Te cuento la previa porque me parece que también tiene su color. Como todos los días, trabajé por la mañana en la terapia del Hospital de Clínicas. Estuve en la terapia desde 1999 y en el Clínicas desde 1995. Tengo 30 años ahí y estaba en mi quinto año de de residencia. Era mi segunda jefatura de terapia. Eso fue un miércoles a la mañana y trabajé hasta las 18 y a las 20 entré de guardia en el Otamendi hasta las 20 del día siguiente, que fue el 30. Ese mismo día teníamos una cena de fin de año del hospital y toda la terapia intensiva.
Nos reunimos acá cerca en una parrilla a festejar el fin del año 2004 y estábamos en etapa del brindis, todos parados brindando, cuando me llegó un llamado a mí de parte de la médica que estaba de guardia diciéndome que estaban llenando la terapia con personas jóvenes en el contexto de un incendio en un boliche y que no daba abasto y que necesitaba ayuda. Yo venía de 36 horas de trabajo y ese contexto lo planteé después del brindis y nos fuimos todos a la escena, absolutamente todos los que estábamos ahí médicos, residentes, médicos de planta, los jefes, todos interpretamos que teníamos que ir a la escena sin saber lo que estaba pasando.
Le metimos pata. Me acuerdo de estar en el auto con dos amigos míos y cruzar Corrientes en rojo, tocando bocina y con la mano afuera. Así llegamos al hospital bastante rápido y, de repente, era en el décimo piso. Yo estaba cansado de trabajar. Habíamos tomado y habíamos comido, no esperamos el ascensor. Encaré los diez pisos del hospital por escalera, que cada piso hospital equivale a uno y medio convencional. Terrible.
En ese correr hacia arriba, creo que al cuarto o quinto piso frené porque me faltaba el aire, quería vomitar. Tome un poquito de aire y seguí. Cuando llegué a la terapia y vi que la escena, estaba como nuevo, como que me bajó todo, estaba listo. Es como que la adrenalina te limpia todo el cansancio. Catorce camas que, en ese momento, si mal no recuerdo, las catorce camas ocupadas por chicos jóvenes, todos por debajo de 24 años y me preguntaba dónde están los pacientes nuestros, porque hace un día y medio y había otro paciente. Evidentemente hicieron algunos cambios e intercambiaron. Los llevaron a otros lugares.
Eran todos NN. Nadie tenía documento, todos se reconocían por sus tatuajes. Tanto tatuado en todos que hizo las veces de DNI para ellos y nos pusimos a trabajar. Hicimos aproximadamente un médico residente por paciente. Teníamos los médicos de planta que nos asistían y hubo un grupo de médicos de planta que se dedicó a pasear a miles de familiares que empezaron a desfilar yendo a reconocer a sus a sus hijos y que reconocían por los tatuajes.
Unos trabajamos con los pacientes y otros se dedicaban a asistir a las familias hiper angustiadas, obviamente en búsqueda de sus hijos, que bueno, la mayoría era frustrar la búsqueda porque no eran los pacientes, no eran los hijos que estaban buscando, así que fue terrible. Me acuerdo a la noche, a la madrugada, en la entrada de ver abogados. ¿Ya viste como ven el negocio? Impresionante.
Trabajamos todos hasta las 7 y tuvimos una o dos grandes emergencias, una gran emergencia de un chico que lamentablemente perdió la vida. De esos catorce dos se murieron y el resto sobrevivió. Me acuerdo cómo nos reuníamos todos frente a la escena aguda me dio mucha sensación de hermandad. Nuestra unidad en sentido del trabajo que interpreto "que bien que lo elegimos".
- ¿Que tuvo de distinto el hecho de Cromañón, que es una de las tragedias más grandes de la historia de la Ciudad?
- Lamentablemente no tenemos la población que nos gustaría tener, que son los politraumatizados, los accidentes. Nos encantaría tener esa población de trabajo, pero la AMIA obviamente que fue requerida porque a una cuadra y media no había chance de llegar. Yo no la viví porque me faltaba. Ese año estaba terminando la facultad, con lo cual lamentablemente no pude estar en esa. De Once no nos derivaron ni un paciente. Estuvimos todos preparados, pero no nos derivaron y creo que Cromañón nos derivaron en el contexto de que no daba abasto el sistema. Había muchos heridos, interpreto yo retrospectivamente porque no lo viví, pero que no se trabajó bien en la escena.
Creo que no hubo un buen triage. Siempre en las grandes catástrofes tenés que tratar de minimizar la cantidad de víctimas y para eso tiene que haber una persona responsable que en el contexto de un triage diga: "Este paciente es el que hay que evacuar ya, este puede esperar y este no se evacúa". Se llenaron muchas ambulancias con con chicos muertos. La escena no se cortó bien y hubo un montón de chicos que fueron a en una forma heroica y loable, a ir a buscar a sus amigos y se murieron en el intento porque nadie podría entrar ahí si no fuera con máscaras. Era extremadamente riesgoso.
Una cosa llamativa de lo que pasó fue que no había ningún chico quemado para nosotros. Lo que sí tenían quemada la vía aérea y fue lo que pasó. Tenían lastimados los pulmones producto de inhalar un aire muy caliente, inhalar un aire extremadamente caliente de lesión de pulmón y fue lo que tuvieron, una injuria de pulmón secundaria a la inhalación de aire caliente. Aparte estaban todos intoxicados con monóxido de carbono, que es un gas incoloro que no lo ves y es una causa muy frecuente de muerte por escape de gas y todos estaban intoxicados con monóxido de carbono.
Lo bueno es que eso lo podés revertir rápido. A la hora se lo puedes revertir poniendo un chico en el respirador y el oxígeno al mango. Tuvimos la última chica que fue María, que estuvo tres meses internada. Ella estaba en el VIP y de repente, tenía unos 15 años, ve como se incendia rápidamente todo por el ambiente ignífugo, se apagan las luces y se torna irrespirable el aire. Ve la expresión de la gente. Ella relata que había chicos pisando gente en el suelo, desesperados por salir y ella, con una frialdad increíble, se tira al suelo y se entrega como "listo me voy a morir". Ahí se le apagó la la CPU y apareció una terapia. Es una chica que se entregó, interpretó lo que había pasado, no luchó por salir y alguien la sacó. Esas historias anecdóticas que te quedan para siempre. Después la vi yo como paciente por mucho tiempo y después tuvo hijos.
Eran las 7, tenía 48 horas de laburo y me echaron. Me dijeron te vas a casa y seguí hablando por teléfono. En un momento me sacaban el teléfono. O sea, ni pensé en quién fue culpable de lo que pasó. Me dediqué a pensar en cómo resolver el problema de los chicos. Estaba internado y traté de ver lo que tenían y ver cómo podemos ayudarlos médicamente en lo más mínimo. Estuve pensando en lo que no es mi metier y no me dedico a otra cosa. Te digo lo que te dije previamente, creo que estuvo muy mal manejada. Creo que hay que en el corredor de los de ida y corredor de vuelta, todo organizado y lo tiene que manejar entre bomberos, policía y SAME.
Tenés que cercar, no tiene que haber televisión. ¿Viste esas escenas de chicos abanicar eso? No tiene que haber. Hay que evitar que los medios lleguen a eso porque son imágenes que no suman, creo que restan. Creo que hay que hacer un manejo de la catástrofe ordenada, prolija y idónea. Pero bueno, me dediqué a pensar con respecto a la enfermedad que tenían.
Yo en enero me tomé vacaciones, así que me acuerdo de brindado fin de año con mi familia y al toque ir al hospital a ayudar. Tuve una situación de grupo, de ayudarnos mucho en esa crisis de dependencia a esos chicos. Lo más álgido duró un mes, los primeros seis días fueron terribles. Todos tenían fiebre volando, producto de inflamación y la injuria de la lesión del pulmón. Volaban de fiebre, se infectaron un montón. Es una patología que se llama distrés, que tiene un montón de causas. Una de ellas el COVID, por ejemplo, pero producto de varias cosas que afectan al pulmón. Una de esas es esta. Una mortalidad bastante elevada, 40% o 50%. Pero en estos chicos lo que tenía es que eran recontra jóvenes, tenían toda la maquinaria muy joven, entonces tenían tolerancia a cosas que un tipo mucho más allá no tolera.
Tuvimos dos muertes en las primeras 24 horas. Cuando vos tenés una muerte de las primeras 24 horas, vas a terapia intensiva. Esa muerte generalmente es producto de la gravedad de la enfermedad por la cual vino a la entrada. De ser esperable ese no me acuerdo. El chico este que se nos paró cuando llegó tenía la vía aérea quemada. No era posible intubarlo y hacer una traqueotomía de urgencia. No tenía forma de cambiarle la vía aérea porque está quemado. Todo eso derretido.
- ¿Cómo recordás todo ese tiempo, a esos papás, ese miedo?
- A nosotros, entre comillas, nos gustan esas cosas en el contexto de que nosotros estamos entrenados para eso, para ser y hacer lo que te digo. Pero yo me entreno desde hace 30 años para poder ser útil en esas situaciones. Entonces yo lo viví como momentos súper educativos académicamente y obviamente que en la angustia y que es ayudar a sacarlo, pero nosotros nos preparamos para estas cosas. O sea, somos un grupo que estamos entrenados para el COVID, probamos eso que somos médicos esenciales. Cuando varios médicos estaban trabajando en uno que estábamos en la línea de guerra, yo tuve con COVID al palo, en la H1N1 también.
Somos entrenados para eso. En LAPA estábamos todos en línea y no hubo ningún sobreviviente. Lo recuerdo con mucho afecto, con un recuerdo lindo, a pesar de lo horrible que fue, lo nefasto que fue lo que pasó. Desde lo profesional tengo esa visión claro, sesgada. Me parece catastrófico lo que pasó y no creo que sea yo el que tenga que ver que más de todo lo que se ha hablado, los juicios, gente en cana.
Sí me acuerdo cuando fui a declarar por el chico que se me murió. Horrible. A los dos o tres años llego y el abogado me dice: "¿Lo reconocés en la foto del chico muerto?". No recuerdo las caras de un tipo que estuvo diez horas con nosotros después de tres años. Pero bueno, ya está. Lo recuerdo con cariño, por lo menos por todo, cómo trabajábamos y cómo nos unimos, como fuimos todos volando. Esa sensación de estamos todos de guardia. Nadie te dijo te quedas. Es como que fuimos de corazón y no hubo quien dijo "a mí no me toca". Hubo una sola persona que estaba de guardia al día siguiente que optó por no ir, nadie lo cuestionó. Era un chico que recién empezaba.