Masacre de Cromañón: se cumplen 20 años de la tragedia que se cobró 194 vidas y expuso la corrupción
Veinte años pasaron desde la masacre de Cromañón. El 30 de diciembre de 2004, tuvo lugar uno de los episodios más tristes de la historia de la música argentina, que se cobró la vida de cientos de personas y que expuso la corrupción en la noche de la Ciudad de Buenos Aires, la negligencia en los operativos de seguridad y la posterior ausencia del Estado en el acompañamiento de los sobrevivientes.
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Se acercaba el Año Nuevo y, con motivo de celebración y despedida del año que finalizaba, el boliche República de Cromañón anunció tres shows de la banda de rock barrial Callejeros. Los días 28, 29 y 30 de diciembre, la banda liderada por Patricio Fontanet se presentaría en el local bailable, ubicado en la calle Bartolomé Mitre al 3000 del barrio porteño de Balvanera, para tocar los temas de su tercer álbum de estudio “Rocanroles sin destino”.
Las entradas estaban agotadas para las tres noches. Callejeros era una de las bandas más convocantes del momento y República de Cromañón se había consagrado entre los espacios más recurridos por la escena del rock de la Ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, quienes tenían la ilusión de ver a su banda favorita tocar, terminaron siendo testigos y víctimas del infierno en vida.
El boliche estaba habilitado para albergar a no más de 1.031 personas, puesto que estaba catalogado como local de baile clase C. A pesar de ello, la noche del 30 de diciembre, más de 4.500 personas asistieron al show de Callejeros, debido a la falta de control y medidas de seguridad en el lugar. Asimismo, los empleados del local, administrado por Omar Chabán, habían colocado una media sombra -una tela de plástico inflamable-, cubriendo los paneles de gomaespuma del techo.
En esa época, los fanáticos de las bandas de rock acostumbraban a llevar bengalas a los conciertos. Y el recital de Callejeros no fue la excepción. A los pocos minutos del inicio del show, luego de que la banda oriunda de Villa Celina se presentara y comenzara a tocar “Distinto”, el primer tema del álbum, un asistente prendió una bengala, sin considerar la cantidad de gente aglomerada en el lugar ni ser consciente del material inflamable del techo. Fue entonces que empezó el horror: la media sombra se prendió fuego en cuestión de segundos, expandiéndose a todo el techo.
Los sobrevivientes al incendio contaron, en diferentes entrevistas, que “caían gotas de fuego” desde el techo, por lo que, en medio del temor y el shock, todos corrieron a buscar una salida rápida. Si bien el fuego se extinguió, un humo negro, tóxico y denso se apoderó del lugar, afectando a los que no podían salir. Niños, adolescentes, jóvenes y adultos luchaban con desesperación por salir con vida y junto a sus amigos y familiares. Pero la salida de emergencia estaba trabada con un candado y varias cadenas, imposibilitando la fuga de las víctimas.
Los gritos, llantos y pedidos de auxilio aumentaban con el correr de los minutos. Muchos de los que pudieron salir con vida del lugar, tuvieron el instinto de volver a entrar para buscar a sus amigos, familiares o para intentar a ayudar al resto. Muchos de ellos fallecieron al reingresar.
Luego de estar 10 minutos intentando abrir una de las puertas bloqueadas, los Bomberos de la Ciudad lograron destrabar el acceso. En ese momento, los cuerpos de decenas de personas, que luchaban por escapar del infierno, se derrumbaron en el exterior.
Ese 30 de diciembre y durante la madrugada del 31, la Ciudad de Buenos Aires no durmió. Argentina no durmió. La sociedad total estaba consternada por el fatal suceso, por el que murieron 194 personas. La mayoría de los decesos fueron producto de inhalación de monóxido de carbono y ácido de hidrógeno, por el humo y los tóxicos liberados tras el incendio de la media sombra. El caos se había apoderado de la Ciudad. Los familiares y amigos de las víctimas se acercaron a Cromañón para buscar a sus seres queridos, vivos o muertos, así como muchos de ellos recorrieron los hospitales públicos porteños con la esperanza de encontrarlos.
Ante el desamparo y desidia por parte del Estado Nacional años después de esa noche infernal, 17 del total de las víctimas se suicidaron.
Hoy, los sobrevivientes y las familias de las víctimas de la masacre de Cromañón siguen exigiendo justicia y el acompañamiento requerido por parte del Estado.

