El “vivo” argentino: pequeñas trampas, grandes consecuencias
En Argentina, el "vivo" es un personaje emblemático de la cultura popular. La viveza criolla, que se traduce en encontrar atajos o sacar provecho de situaciones cotidianas, se ha convertido en una característica que muchos celebran, pero que también deja entrever conductas deshonestas normalizadas.
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En este artículo, analizaremos el fenómeno del "vivo argentino" desde una perspectiva criminológica, explorando su impacto social, económico y ético.
Definición y contexto cultural
Ser un "vivo" en Argentina es sinónimo de alguien que encuentra formas creativas –aunque cuestionables– de beneficiarse en una situación. Desde el que se cuela en una fila hasta el que evade impuestos, estas conductas se justifican frecuentemente bajo el paraguas de la supervivencia o la habilidad para “hacerla fácil” en un contexto de dificultades económicas e inestabilidad.
La viveza criolla tiene raíces históricas, remontándose a tiempos en los que la astucia era necesaria para sortear sistemas opresivos o abusivos. Sin embargo, lo que podría considerarse ingenio, con el tiempo se convirtió en una práctica que valida el abuso de confianza y la deshonestidad en múltiples ámbitos.
El trasfondo criminológico
Desde una perspectiva criminológica, estas pequeñas trampas cotidianas, aunque individualmente inofensivas, forman parte de un espectro de conductas que deterioran la confianza social. Por ejemplo, el organizador de un asado que recolecta dinero entre los participantes, compra menos carne o bebidas de las prometidas y se guarda el resto del dinero. Este acto, basado en el engaño, explota la confianza colectiva.
Otro ejemplo claro es el de los usuarios de plataformas de delivery que realizan pedidos y luego desconocen la compra en sus tarjetas de crédito, aprovechándose de los sistemas de devolución para no pagar. Este comportamiento, aunque común, es otro ejemplo de cómo la picardía puede materializarse en acciones que afectan a terceros. Estos ejemplos representan miles de casos cotidianos que, aunque parezcan intrascendentes, tienen un impacto acumulativo significativo en la sociedad.
Impacto social
El "vivo argentino" no opera en el vacío. Sus acciones tienen consecuencias directas e indirectas:
- Económicas: empresas y plataformas digitales deben invertir recursos adicionales para prevenir estas prácticas, lo que incrementa costos que eventualmente recaen en los consumidores.
- Sociales: la normalización de estas conductas erosiona la confianza en las relaciones interpersonales y en las instituciones, perpetuando un ciclo donde la deshonestidad se considera aceptable siempre que no se sea descubierto.
Esta cultura de la picardía dificulta la creación de un entorno basado en la honestidad y el respeto mutuo, elementos fundamentales para cualquier sociedad que aspire a un desarrollo sostenible.
Perspectiva comparativa
El fenómeno de la "viveza criolla" no es exclusivo de Argentina. En Italia, la "furbizia" tiene connotaciones similares, mientras que, en Estados Unidos, el término "hustling" describe comportamientos astutos en la búsqueda de oportunidades.

Sin embargo, en otros países, las consecuencias para quienes transgreden suelen ser más claras y contundentes, lo que limita la aceptación social de estas prácticas.
¿Vivaracho o vividor?
El "vivo argentino" deja una interrogante que sigue resonando: ¿es realmente inofensivo o refleja un problema más profundo de la cultura? Aunque estas “pequeñas trampas” o “avivadas” pueden entenderse dentro de su contexto cultural, es fundamental analizar sus consecuencias. Como sociedad, se debe cuestionar la idealización de la picardía y replantear su lugar en los valores colectivos.
* Lic. Eduardo Muñoz. Criminólogo y criminalista. Especialista en prevención del delito. Consultor de seguridad integral
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IG: @educriminologo

