¿Puede existir arte sin la participación humana?
El autor del retrato de Alan Turing titulado “AI God portrait” es un robot humanoide llamado Ai-Da Robot creado por Aidan Meller, un galerista pionero del pretendido arte robótico. En lenguaje corriente es una obra de Inteligencia Artificial y se vendió en más de un millón de dólares. Había sido expuesta a principios de este año en las Naciones Unidas en Ginebra durante el “Summit AI for Good Global”, junto con otros cuatro paneles de Ai-Da, uno de los cuales es un autorretrato del “robot artista”
La subasta de New York incluía otros 16 lotes, todos ellos en formato NFT. Entre ellos uno de Refik Anadol. Para todo el remate se aceptó el pago en cripto-monedas. El récord (que multiplicó por nueve la estimación) fue logrado pese a que recientemente se desconoció en Estados Unidos el copy-right de otra obra de Inteligencia Artificial. Sotheby´s introdujo la obra diciendo: “Ai-Da, la primera artista robótica ultrarrealista del mundo… “AI God portrait”, es un homenaje a Alan Turing, el matemático pionero cuyo trabajo sentó las bases de la informática moderna y la inteligencia artificial.
La venta de AI God es un evento histórico, que marca la inclusión del arte generado mediante IA por un robot humanoide en una subasta de arte de renombre mundial. Esta venta coloca el trabajo de Ai-Da junto a artistas contemporáneos e históricos célebres, lo que sugiere un cambio de paradigma en el que las máquinas son reconocidas como participantes activas en el proceso creativo. El arte de Ai-Da, por lo tanto, invita a los espectadores a considerar tanto las promesas como los posibles peligros de la IA: una reflexión sobre cómo la tecnología puede dar forma, e incluso redefinir, la agencia y la creatividad humanas. Su arte nos obliga a enfrentar la definición cambiante de lo que significa crear, pensar y ser a medida que la IA se integra más a la sociedad.”
La frontera entre la creatividad humana y la creatividad artificial
Muchas voces se alzaron en torno a esta venta: Giulia Bianco, en Artribune se manifestó: “AI God desdibuja la línea entre creador y máquina, encarnando el concepto de cyborg de Donna Haraway como la fusión del ser humano con la máquina. El arte de Ai-Da nos obliga a lidiar con la definición cambiante de lo que significa crear y pensar a medida que la IA se integra en la sociedad. Hay muchas preguntas para el futuro: ¿cuál es la definición de obra de arte y se puede incluir esta obra en ella? ¿Es suficiente el esfuerzo realizado por el equipo en la fase de creación del robot o es necesaria una aportación humana para la producción de la obra como requisito imprescindible? Temas en el centro del actual debate jurídico, pero también social”.
El rol actual de la IA en todos los campos es innegable. Sin embargo planteo por mi parte la duda con respecto al arte. ¿La obra se limita a la recombinación de ideas de artistas anteriores o requiere esa chispa humana fundamental para la creatividad y su identidad?
La otra cuestión que es insoslayable plantear se refiere al mercado como legitimador de valores
Resulta evidente que las grandes casas de subastas de arte globales necesitan continuamente generar nuevos “íconos” para alimentar un mercado que en el último bienio se ha ralentizado. También los lenguajes y las tecnologías cambian a paso acelerado… pero la definición de arte (como la conocimos hasta ahora) marca un límite que en este caso pareciera que se ha traspasado.
* Carlos María Pinasco es consultor de arte.

