Salud mental y trabajo: una tormenta de emociones negativas
Los días 10 de octubre de cada año, se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental, una jornada que busca abordar, visibilizar, o quizás simplemente hacer escuchar un tema que a menudo se menciona en voz baja, con vergüenza o acusatoriamente. A veces por el contrario es la repetición altisonante pero vacía de contenido, de realidad que implica esa falta de escucha. No hablar, mencionar, pero con tabúes o lugares comunes, estigmatizar, culpabilizar, es una forma de callar esas voces que en realidad, como los cíclopes de Ulises, están en la propia mente y se busca exorcizar. Si no se habla o se pervierte de cualquier manera quizás no exista.
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Sin embargo, existe y cada vez más, se trata de un tema que quizás sea el de mayor importancia de manera directa pero aún más indirecta en la salud de la población mundial: el bienestar mental, emocional o quizás el vivir en sociedades que por alguna razón está instalándose cada vez más en la cultura del malestar, de la violencia, de la falta de sentido existencial.
Estamos viviendo una paradoja que mientras las posibilidades de calidad de vida son tan superiores a las del pasado en ciertas áreas del avance tecnológico, que hoy una persona de clase media vive con muchas mejores condiciones que los reyes de la antigüedad. Sin embargo, algo se nos ha escapado como sociedades ya que teniendo todo no somos felices y en realidad somos profundamente infelices, o como se plantea hace tiempo estamos vacíos. Ese vacío que se busca aturdir con estupefacientes, cuya etimología no es necesario aclararla.
El consumo de drogas, alcohol, psicofármacos, la violencia son un indicador mucho más fuerte que preguntarse la incidencia de las enfermedades, ya que eso contabilizaría las que emergen y hasta pueden ser detectadas. Las primeras son las reales estadísticas e las cuales no tenemos números sino realidades concretas.
Ayer en la zona donde vivo me comentan que debido a que un medio de transporte público se encontraba saturado y retrasado, los pasajeros comenzaron una batalla campal en la que debió intervenir la policía y la prefectura. Cada vez más el gatillo, el disparador, la chispa necesita de menores estímulos para liberar la presión del vacío. En medio de esto, la tasa de pobreza y de indigencia sube a niveles inauditos para un país productor de todo tipo de alimentos, en el que literalmente una parcela mínima de tierra podría dar alimento a decenas de personas.
Este año el lema elegido para el día de la Salud Mental es, “Salud Mental y Trabajo”, y aborda uno de los aspectos más relevantes y a menudo descuidados en los conceptos de bienestar y calidad de vida: la relación entre la salud mental y las condiciones laborales. Sin embargo, en nuestra sociedad el trabajo se vuelve más precario y escaso. Es esta trama la que llamamos superestructura cultural y es conocido el lema que cuando cede la cultura emerge el caos. El caos a nivel individual es el malestar que puede describir los criterios de una enfermedad mental, pero que en realidad hablando de ese mal-estar de la persona.
A nivel social el tema adquiere señales más preocupantes toda vez que ya no hay un individuo que puede tomar conciencia quizás de su malestar sino una sociedad que vive en una tormenta de emociones negativas y que lo llevan a canalizarlas a veces hacia afuera, la violencia en todas sus formas, y a veces hacia sí mismo, las adiciones de todos tipo, no solo las de las drogas, sino las farmacológicas, el alcohol, también las comportamentales, la ludopatía llamó la atención en los últimos tiempos pero son demasiadas para nombrarlas aquí, en una sociedad en que la violencia por un lado, o el aturdimiento en redes sociales, se instalan de manera compulsiva. El trabajo, el sentido de pertenencia en este contexto no existe y el individuo, aun en la masa esta profundamente solo.
Es por eso que este día es la posibilidad de empezar a vencer el tabú, el estigma, el miedo de hablar de estos temas, entender que no somos culpables de nada, sino que padecemos de algo, en una sociedad que usando hasta el absurdo la palabra empatía olvida aplicarla y desde ya su significado. La empatía es compartir el “pathos”, el dolor, el malestar del otro, y compartirlo, escuchándolo, dándole visibilidad, no ignorándolo, y así sin juicio acompañarlo, pero en realidad ese altruismo, es una forma de egoísmo productivo, en el que, si nos ocupamos del otro , en realidad esa red se ocupará de nosotros. De algo hablaba Niemoller, el fallido de Bertold Brecht , al decir que cuando vinieron por mí, ya era tarde, no había nadie.
Es así que llegamos en nuestro país al Dia mundial de la salud metal con otro absurdo que se manifiesta en la misma semana, otro despropósito y es desconocer el pathos, el dolor, la realidad de una sociedad en la que el flagelo de las drogas no es una frase, es una cruel, muy muy cruel realidad. Quizás usted conoce alguien cerca suyo que lo padece o tiene un hijo con el cual no sabe a quién recurrir para abordar eso. El problema es que eso que no hablamos y menos queremos escuchar es la salud mental. Así en este teatro como diría Hesse en el Lobo estepario, en este teatro “solo para locos”, los mismo que abogaban por una salud mental en la cual el reconocimiento de los derechos humanos de los pacientes en la suposición que internar o abordar el tema desde una perspectiva integral médica era sinónimo de una condena carcelaria, se encuentran que su ley de salud metal que nunca pudo ser aplicada , ahora en la práctica piden que no se cierre el quizás único Hospital dedicado a la problemática de la adicciones.
En los extremos de los que negaban la integralidad y realidad de la salud metal, de la crudeza, y urgencia de algunos casos, considerándola una variable únicamente cultural o social, ahora se den cuanta que frente a ellos mirándolos en espejo, están los que consideran que la salud mental es algo superfluo y un gasto, y que de alguna manera sería subsanado espontáneamente por el mercado, entidad casi de historieta, ¿qué es el mercado en la escala humana delo concreto, en la necesidad de una madre que ve a su hijo destruirse día a día con al droga, que pidió mil veces ayuda? Pero el “pathos”, es un número, y en definitiva se droga el que elije, se enferma el que no tiene fuerza de voluntad, el pathos es el de otro no reconocido, como uno que podríamos ser nosotros.

El absurdo de la ideología instalada hace que el centro nacional de reeducación social (Cenareso) se llame Laura Bonaparte, con los que, al buscar darle una entidad ideologizada, acorde a esa ley impracticable, alimentaban los barbaros del otro lado, y a diferencia del cuento de Kavafis o Coetzee “Esperando a los barbaros”, estos llegaron y dictaminaron que los débiles son un costo social y de alguna manera descartable. Mientras discutíamos la sexualidad de lo sagrado, cambiábamos, nombres, hacíamos debates con supuestos profesionales que a todas luces no practicaban la profesión, el imperio era invadido. Permaneciendo en lo superfluo, lo realmente importante es progresivamente derruido. Eso derruido e s nuestro bienestar que impacta en todas las otras esferas. Quizás se pueda llamar política.
Pero vayamos a números, ya que parece ser lo único que importa, y a los inmediatos, no a los que miran la imagen completa. Desde hace décadas se habla del costo multimillonario de la enfermedad mental, como impacta ese costo en las sociedades, en las que se cree que según las estadísticas que se encuentren porcentajes que pueden ir del 20 hasta el 50 % de la población mundial han sufrido o sufrirán algún tipo de alteración mental. Eso si no tomamos, en cuenta el malestar no evidenciado por medio de una patología. Si claro podemos hablar de depresión, ansiedad, suicidio, pero, ¿Cuál es el costo de ignorar que somos un cuerpo y mente, o mejor que somos lo que pensamos y sentimos y actuamos en función eso?

Pero quizás solo se trate de que nos falta evolucionar en todos los sentidos, intelectualmente, emocionalmente pero también moralmente. Hace unos días en función de un artículo sobre la prevención del suicidio un político se interesa, y vanamente creí que al menos buscaría rédito político y haría algo más que declamar. Pero haría algo, no, pasó esa semana y un burócrata encargado de salud, dice que el tema está “perfectamente coordinado”. Es decir, el tema ya no interesa, solo interesó en la semana del suicidio. Me hizo acordar cuando hace décadas propuse abordar rápidamente la problemática de estrés traumático en veteranos de Malvinas y en una dependencia oficial, me dijeron que ya estaba todo coordinado. Por supuesto los suicidios, las drogas e infinidad de problemas superaron a las heridas de combate.
Hoy es la pandemia y la postpandemia, la depresión económica, un mundo en el cual el individuo empieza a sobrar, a estar de más, todo eso es lo que hace a la salud metal, al estar bien a la salud, al bienestar a como quieran llamarlo, pero algo de lo que debemos ocuparnos sin hipocresías y especialmente sin partidismo, que solo ilustra que nos falta evolucionar. O quizás la espera sea que ya no sea necesaria nuestra evolución, ya que seremos suplementados por la inteligencia artificial tal como sugiere Harari. Que estamos en decadencia, tal como el imperio romano, porque seremos suplantados por un nuevo orden. En ese orden, la salud mental no será tema.
En ese tiempo, mientras observamos como la gente se irrita, agrede, consume sustancias, o los políticos insultan a otros, quizás sea momento de usar la famosa expresión de “es la economía estúpido”, para en realidad cuestionarla ya que previo a esto debiéramos decir y pensar que para que exista esa economía, “es la salud estúpido”. Solo se trata de eso de entender que sanos podemos existir, ni más ni menos, pero en la sociedad del malestar, de la enfermedad si se quiere, solo vamos a deambular sobreviviendo, quizás eso sea el destino que nos es reservado, y entonces sea momento de despertar y entender que solo tenemos esta vida y el valor más importante sea nuestra salud, empezando por la mental.
* Enrique De Rosa Alabaster es psiquiatra forense médico legista MN 63406
Presidente Asociación Argentina de Victimología
IG. @enriquederosa

