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El oficio que tiende a desaparecer, pero que aún suena por las calles

La nostalgia de otras épocas apareció en el inicio de la primavera en plena calle Arístides Villanueva.

En una era marcada por las nuevas tecnologías y el boom de la Inteligencia Artificial, algunas profesiones y oficios tradicionales resisten el paso del tiempo. Uno de los que genera nostalgia en personas que vivieron las épocas de su mayor esplendor es el del afilador ambulante. 

Entre los colores y olores que hace florecer la primavera nos encontramos con una melodía que recuerda a otros tiempos. Vicente Armando Almonacid se encontraba en calle Arístides Villanueva haciendo sonar su silbato y afilando unas tijeras.  

A pesar de los enormes cambios que permite la innovación tecnológica con nuevas formas de afilar utensilios el oficio del afilador es una tradición que se ha mantenido viva durante generaciones. Con una piedra de afilar en una mano y una flauta en la otra, estos trabajadores recorren las calles ofreciendo sus servicios para mantener a punto los cuchillos, tijeras y otras herramientas cortantes.

El afilador ambulante es una figura que frecuentemente se puede encontrar en las calles de Ciudad de México, pero también en la Ciudad de Mendoza, como demuestra Vicente. La habilidad manual y la artesanía que combina esta labor no radica solamente en el mantenimiento de los utensilios de corte, sino que también preserva una conexión con el pasado y con técnicas que se han transmitido de generación en generación.

Así lo afirma este afilador que lleva 45 años en el rubro recorriendo las calles mendocinas gracias a que su suegro le transmitió el oficio. "Yo voy por la calle tocando un silbato. Son muchos años los que llevo entonces tengo clientes que me llaman. Anduve 35 años en bicicleta y ahora hace 10 años que ando en moto".

Este es un oficio que me enseñó mi suegro y él ya se fue a descansar" nos contó Vicente.

La historia del afilador ambulante se remonta a siglos atrás, cuando las herramientas de corte eran esenciales para la vida diaria. Surgieron como solución a necesidades de la vida cotidiana ofreciendo sus servicios directamente en las puertas de las casas y negocios. Aún es común observar trabajadores que se dedican a este oficio en algunas provincias y lugares del conurbano bonaerense.

Vicente afilando las tijeras de un taller de costura en la vereda de calle Arístides. 
Foto: MDZ

En su caso, Vicente explicó que hay gente particular que solicita sus servicios a domicilio como algunos restoranes, carnicerías y peluqueros. Cuando lo encontramos en la calle se encontraba afilando "las tijeras de un taller de costura".

Justamente, el arte del afilador consiste en utilizar una piedra con la que trabaja pacientemente para restaurar el filo de los cuchillos y tijeras desgastados. Este proceso requiere habilidad y experiencia, ya que un mal afilado puede arruinar una herramienta.

La figura del afilador ambulante persiste a pesar del paso del tiempo que ha llevado a la pérdida de costumbre de acudir a este servicio. Sin embargo, muchas personas valoran la atención personalizada y la dedicación con la que trabajan personas como Vicente. "Estoy muy agradecido con los clientes que yo tengo porque son fieles, hacen que se reconozca el oficio y que no se pierda", dijo el hombre.  

El afilador ambulante, con su melodía y habilidad manual, no solo mantiene afilados los utensilios, sino que también preserva una conexión con el pasado y técnicas transmitidas de generación en generación. El reconocimiento a la dedicación y el apoyo a este oficio es lo que podrá evitar que se pierda en el tiempo.

Mirá la entrevista a Vicente