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Seguridad en Argentina: estamos mal y vamos peor

Cada uno viene con su librito, en el mejor de los casos, a desarrollar dentro del Ministerio de Seguridad lo que algún amigo o quizás un primo comisario retirado le comentó que él hacía en su época, que por supuesto no es esta época
Santa Fe y Buenos Aires son claros ejemplos de la mala política de seguridad pública. Foto: MDZ
Santa Fe y Buenos Aires son claros ejemplos de la mala política de seguridad pública. Foto: MDZ

Nunca el equipo de los responsables juega mal. Los conductores inoperantes siempre encuentran la excusa para otros a quienes culpar de sus errores de acción o de su inacción. La inexistencia de políticas de Estado y no de gobierno en materia de seguridad pública y lucha contra el narcotráfico (ya sean buenas y acertadas u horribles e inentendibles) nos deja atados a un volver a empezar de cero cada cuatro años sin poder pararnos y asentarnos en los pequeños éxitos que el funcionario público antecesor pudo haber alcanzado.

Si le agregas un coro de aduladores de confianza del ministro que lo acompañan a la gestión, sin conocimiento alguno de la seguridad pública o algún paso lejano por un liceo militar o grupo de boy scout, uno se pregunta: “¿Qué puede salir mal?”. Luego de pasado su turno de cuatro años, si es que logran tener pantalones de amianto político para sostenerse en el calor del sillón de un Ministerio de Seguridad, se retiran mostrando como gestión el haber comprado miles y miles de móviles de patrulla para cambiar los colores y logos de la flota policial, de comprar nuevos uniformes y chalecos al personal y de maquillar la operatividad mediocre de sus fuerzas policiales, manifestando ante los reclamos de la sociedad que “cometimos errores”… y cuando quieren volver al ruedo de político funcional dicen que “aprendimos de nuestros errores”.

Cuatro Fuerzas Federales de Seguridad tienen responsabilidad de fronteras, aeropuertos, lagos, ríos, costa de mar y delitos federales varios.

La Nación, con intermitencia acertada entre el periodo presidencial M y el periodo presidencial K, y las provincias de Buenos Aires y Santa Fe son casos para observar de mala administración de la seguridad pública. Y ni qué decir de la lucha contra el narcotráfico, prácticamente inexistente. Cuatro Fuerzas Federales de Seguridad tienen responsabilidad de fronteras, aeropuertos, lagos, ríos, costa de mar y delitos federales varios. Y, se sabe, no coordinan profesionalmente en la lucha contra el narcotráfico. ¿No sería ideal, sin ahondar en la operatividad que a cada una de ellas le quiera dar el Poder Ejecutivo de turno, que fueran integrantes de una gran Agencia Nacional Antinarcóticos que ataque el narcotráfico y que colabore con las provincias que adhirieron a la Ley de Desfederalización de lucha contra el narco?

Estamos mal y vamos peor. Santa Fe y Buenos Aires son claros ejemplos de la mala política de seguridad pública. Ambas tienen algo en común: ningún ministro de seguridad entregó en los últimos 20 a 30 años una mejor policía o seguridad pública que la que recibió. En más o en menos, son instituciones policiales que, adormecidas por multiplicidad de casos y temas de profesionalidad y operacionales, perdieron el dominio del terreno y ya están cruzadas por el negocio del narcotráfico, en algunos casos avalados por la mala política y la mala justicia.

La experiencia y el análisis profesional sugieren que no basta con tener un índice muy bajo de homicidios cada 100 mil personas como el que tiene nuestro país con relación a otros de la región. El problema hoy es el miedo de la población y la violencia creciente desatada en el delito común. Muchos de los que no sufrieron ningún tipo de delito, se sienten víctimas también. A su vez, nadie quiere ser cadáver al final del día, por lo cual sugiero fuertemente refundar o reestructurar las instituciones policiales de ambas provincias, dándoles un despliegue territorial a la fuerza, acorde a necesidades reales de la población y no a intereses del funcionario público.

Muchos de los que no sufrieron ningún tipo de delito, se sienten víctimas también. Foto: MDZ.

Para esto, es imperioso trabajar a mucha velocidad sobre la persona-policía para que se sienta parte de una institución en transformación a la cual le dará orgullo pertenecer a futuro. Que entienda que va a ser parte del cambio, que será un profesional y no un trabajador, que dejará de ser alguien que en estos momentos se uniforma de policía sin sentir la vocación de serlo. Asimismo, insisto en formar y capacitar a las fuerzas en las nuevas ciencias de seguridad y, muy especialmente, en las técnicas de procedimientos policiales y lucha contra el narcotráfico. Con el requisito adicional de acercar a la sociedad con la institución policial y sus componentes, es menester que la primera logre comprender que los segundos pondrán cada día sus vidas en peligro para defender los derechos, la vida y los bienes de toda la ciudadanía.

En cambio, hoy tenemos instituciones policiales compuestas por “dinosaurios” en las cúpulas de conducción y millennials y centennials en las bases. Nada de esto per se es malo. Se necesita la experiencia y también el brío. Solo hay que saber conducir y congeniar esa masa tan heterogénea. En ese accionar transformador, es importante tomar la determinación cierta de formar, dentro
de la policía, un nivel de conducción que pueda dirigir estas instituciones de aquí a ocho años. Esto se logra con una fuerte incidencia del estudio y la capacitación, así como el armado de un nivel ejecutivo bajo la órbita de los conductores, que sepa interpretar las órdenes y las ejecute con toda profesionalidad.

Sin tener como eje central el respaldo político al hombre-policía, a la mujer-policía, y a sus funciones, sus necesidades personales y su integración honorable a la fuerza policial, no tenemos futuro en cuanto a la seguridad pública. Desde la tribuna miran los funcionarios, sin sorprenderse, cómo unos delincuentes y narcos en chancletas nos van ganando este partido desde hace años… y solo quedan unos minutos para que termine el juego.

Jorge Luis Vidal.

* Jorge Luis Vidal. especialista en seguridad pública, analista en inteligencia delictual y lucha contra el narcotráfico.