En el día del estudiante secundario, los lápices siguen escribiendo
El 16 de septiembre se estableció como el Día del estudiante de secundario, en recuerdo de la operación conocida como «La noche de los lápices» llevada a cabo durante la última dictadura cívico-militar, en 1976, a meses de declarado el golpe. Este hecho oscuro y dramático implicó el secuestro y desaparición de estudiantes secundarios de la ciudad de La Plata, que se habían manifestado en defensa del boleto estudiantil.
En la previa del golpe, estudiantes secundarios se habían sumado a las luchas del movimiento obrero y demás sectores movilizados como en el Cordobazo y el Mendozazo. Realizaban asambleas a diario, pintadas, volanteadas, manifestaciones y paros estudiantiles en defensa de la educación pública, por los derechos estudiantiles como también por otras demandas colectivas.
"La participación política se convertía en una necesidad y el ideal de construir una sociedad diferente pasaba a ser el deseo de muchos de ellos", cuentan en la Facultad de Derecho de la UNLZ.
Fue en ese contexto de mucha politización y participación política y social que llegaron las marchas en reclamo del boleto escolar secundario. "Acontecieron en un clima de alta conflictividad social y política, con una violencia que iba en incremento".
Las primeras manifestaciones tuvieron lugar un año antes de la noche de los lápices, en el mes de septiembre de 1975. A raíz del reclamo, en la ciudad de La Plata se logró una tarifa diferencial para los estudiantes secundarios. Las movilizaciones se replicaron y con el aumento de las mismas, la represión se fue haciendo cada vez más presente.
Foto: Télam.
En el aniversario de la primera movilización, en el marco del plan represivo iniciado el 24 de marzo de 1976, tuvo lugar lo que hoy se conmemora como La Noche de los Lápices. "El 16 de septiembre el general Ramón Camps condujo un grupo de tareas que secuestró, llevándolos en la madrugada de sus casas, a seis estudiantes secundarios de La Plata. Lamentablemente no fueron los únicos, según datos de la Comisión Provincial por la Memoria, la extensa lista está integrada por 340 adolescentes de todo el país. Estos jóvenes fueron torturados y sometidos a vejámenes en los distintos centros clandestinos que montaron en aquella época. Y muchos de ellos permanecen aún hoy desaparecidos", señalan desde la UNLZ.
Tras el retorno de la democracia, ya en 1984 el entonces presidente Raúl Alfonsín dispuso la detención de una lista de jefes militares que habían cometido crímenes durante la dictadura, entre los que se encontraba Ramón Camps. Dos años más tarde, comenzó el juicio en el que se pedía prisión perpetua para Camps y que lo condenó a la pena de 25 años de prisión por delitos de tormentos en 73 hechos.
Sin embargo, este militar fue beneficiado por los indultos de Carlos Menem mediante el Decreto 2741/1990 que incluyó a Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera, Orlando Ramon Agosti, entre otros represores. Finalmente, Ramón Camps murió en 1994 en libertad, sin cumplir su condena.