El pronóstico sorpresivo de un especialista en ballenas vinculado a la costa marplatense
La confirmación de una cópula de ballenas muy cerca de las playas de Mar del Plata dejó en vilo a los investigadores, que infieren que podría ser la punta del ovillo de una nueva zona de reproducción. Ante la novedad, el Doctor en Ciencias Naturales, Ricardo Bastida, contó a MDZ sus impresiones y estimó qué podría pasar a corto plazo.
El experto que registró el primer avistaje de la ballena franco austral desde la costa marplatense, en 1970, sostuvo que "como la población de esta zona del atlántico se está aumentando, es muy probable que se pueda convertir en una zona de reproducción de importancia secundaria, nada que ver con Península Valdés o Santa Catarina, en Brasil".
Según sus estimaciones, "al incrementarse los avistajes, la cantidad de ejemplares que se pueden percibir y su tiempo de permanencia, esta confirmación nos dio la pauta que no solo están copulando por esta zona, sino que también algunas ballenas están pariendo. Por ejemplo, aumentó mucho el número de hembras con cría que se pudieron fotografiar".
En sintonía, subrayó que "la presencia de ballenas de esta especie están creciendo de forma considerable en todo el hemisferio sur, en contraposición con lo que pasa con la ballena franca del hemisferio norte, donde quedan apenas algunos centenares, con inconvenientes propios del comercio y la globalización como la colisión con embarcaciones".
El grupo de investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y de la Universidad Nacional de Mar del Plata(Unmdp), que nombró a Bastida profesor emérito y del cual fue uno de sus fundadores, constató que "el día 31 de julio de 2023 se reportaron los primeros registros fotográficos de una cópula entre dos individuos de ballena franca austral en la ciudad, frente a las playas ubicadas entre Punta Cantera (también conocido como Waikiki) y el Faro. Asimismo, durante la última semana de julio se observó en las playas del Partido de la Costa y Necochea, madre y cría de ballena franca, siendo posiblemente el mismo ejemplar", revelaron en una publicación reciente.
El especialista en Biología Marina ponderó que la ballena franca austral puede presentar "una talla máxima de 17 metros en ejemplares hembras, que son un poco más grandes que los machos, los que no suelen superar los 15,50 metros, con un peso de entre 40 y 50 toneladas, y máximos de casi 100 toneladas". Mientras que, al nacimiento, miden entre 4 y 5,50 metros, con un peso de entre 1 y 3 toneladas.
El color del cuerpo es oscuro, casi negro, si bien en algunos ejemplares se pueden detectar tonalidades grisáceas o pardas. Las tonalidades e intensidades a veces dependen del cambio de piel de los individuos. Muchos pueden presentar, además, manchas blancas de distinto tamaño y forma. Generalmente, se localizan en la zona del vientre y la garganta, aunque también pueden extenderse por los flancos y el dorso; en este último caso suelen ser de menor tamaño.
La Doctora en Ciencias Biológicas, Agustina Mandiola, una de las investigadoras involucrada en el hallazgo, consideró -también en contacto con este medio- que esta noticia podría modificar las rutas migratorias, como ocurrió recientemente con el Golfo San Matías, en Río Negro. "En ese lugar comenzaron a verse cópulas esporádicas, pero ahora es muy común ver nacimientos en toda esa zona, algo que está asociado a aguas mucho más tranquilas donde las madres pueden amamantar con comodidad", describió la especialista.
Según la bióloga marina, el primer registro "nos alienta a que sigamos estudiando los comportamientos reproductivos para saber si se trata o no de un caso aislado y de por qué está sucediendo". "La presencia de cachorros y cópulas en nuestra zona constituye un importante registro para la especie, la cual presenta una población en franco aumento", detallaron los investigadores.
El grupo de investigadores, mayoritariamente de marplatenses, realiza estudios sobre esta temática desde la década del '70, cuando se registraron los primeros avistajes de la especie, con un promedio -en ese entonces- de uno o dos por año, de individuos solitarios. Pero hoy se divisan ballenas desde la costa con una frecuencia casi semanal y siempre en grupos de al menos dos ejemplares, que suelen quedarse en la zona entre dos y cinco días, para luego continuar su viaje a las colinas reproductivas.

Esta especie de ballena, de nombre científico eubalaena australism, fue sujeta a una explotación masiva e indiscriminada durante siglos. En 1935 fue internacionalmente protegida, cuando sólo pequeños relictos de sus stocks originales sobrevivieron. Actualmente, se estima que la población mundial no excede los 10.000 animales, siendo sus principales áreas reproductivas Península Valdés (Argentina), Sudáfrica y Australia; otros pequeños grupos reproductivos se encuentran en Santa Catarina (Brasil) y las islas Campbell, Auckland y Tristán da Cunha. En Argentina, esta especie muestra tendencia por volver a ocupar antiguas áreas de distribución previas a su explotación comercial.
La Argentina le otorgó a esta especie el máximo de protección legal, nombrándola Monumento Natural hace 30 años (Ley 23094), estando también listada en el Apéndice I de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestres (CITES).
El grupo de investigación se encuentra trabajando en conjunto con áreas municipales en el diseño de políticas públicas de conservación de esta especie en el sudeste bonaerense. En el año 2018 se estableció en el marco del Concejo Deliberante del Partido de General Pueyrredón (Decreto 2110/18) la Mesa de Trabajo para la Conservación de la Ballena Franca Austral, la cual ha venido trabajando con instituciones oficiales (UNMdP, Museo Municipal de Ciencias Naturales, Cuerpo de Guardaparques de la MGP y Prefectura Naval Argentina), ONGs y asociaciones de deportes náuticos, para proponer instrumentos legislativos, normas de navegación responsable y directrices de gestión turística que garanticen su conservación en el litoral marplatense.
La creciente presencia de ballenas francas plantea una serie de situaciones nuevas para Mar del Plata, la mayoría de las cuales nunca han sido abordadas. Por su singular atracción, ofrece excelentes oportunidades para la promoción turística y la educación ambiental, pero a su vez - por tratarse de un Monumento Natural de la Argentina – conlleva una gran responsabilidad en cuanto a su gestión sustentable.
"El extenso frente costero de la ciudad, con una rica oferta de instalaciones y servicios, favorece la posibilidad de la observación directa de los ejemplares sin necesidad de embarcaciones, lo cual reduciría uno de los impactos internacionalmente reconocidos como el más nocivo para las grandes ballenas (colisiones con embarcaciones) y constituiría una opción turística de mínimo impacto. Asimismo, ofrece una oportunidad única para educar en la conservación a través de la concientización y sensibilización de los marplatenses", concluyeron los biólogos marplatenses.

