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El origen de los libertarios que odiaban a los liberales

Joseph Déjacque: el primer libertario. Fue el pionero en usar muchos términos que forman parte del diccionario actual. Diferencias y ¿semejanzas? con el Javier Milei.

Joseph Déjacque había nacido en los suburbios de París en 1821. Fue el hijo de una lavandera, cuyo mayor ingreso era limpiar las sábanas de los prostíbulos parisinos. No tenía padre. Deambulaba por las calles, de “changa en changa”. Cada tanto caía detenido por la policía tras enroscarse en reyertas callejeras. Fue mozo en tabernas de mala muerte y pintor de obras en construcción. Buscando un trabajo seguro se enrolará en la marina francesa, pero como era lógico de esperarse, su rebeldía hizo que la experiencia naval durará muy poco.

Volviendo al ruedo civil, comenzó a trabajar en una fábrica. Al poco tiempo lo echaron por agarrarse a trompadas con el patrón. Era incorregible. Solo lo atraía la lectura. No le quedaban muchas opciones: comenzó a escribir poemas.

Obrero, poeta y utópico

Dejácque comenzó a escribir poemas. Y también a dedicarse a la política. Admirador de los primeros socialistas utópicos, valoraba su prédica a favor del proletariado, como Henri de Saint – Simon (1760 – 1825) y Charles Fourier (1772 – 1832). Mencionando a Fourier, diremos que, en esto de usar palabras por primera vez, fue el pionero en ocupar el vocablo: “feminismo”.

Lo cierto es que Joseph Déjacque fue el creador del término “libertario” cuando le escribió una dura carta abierta a Pierre Joseph Proudhon en el diario “Le Libertaire”: “Del ser humano masculino y femenino” (Nueva Orleans – mayo de 1857) se tituló la misiva donde manifestaba su abierta y contraria posición a una primera carta autorreferencialmente de Proudhon titulada: “El Señor Proudhon y la cuestión de las mujeres”.  

El diario en el que Dejácque publicó su dura carta abierta a Proudhon.

Entre sus expresiones, Dejácque le reprochaba al liberal Proudhon: “¿Es verdaderamente posible, célebre propagandista, que bajo su piel de león haya tanta burricie?”. En realidad, no estaban discutiendo de economía, sino del rol de la mujer en la sociedad de ese momento y reivindicando la importancia del papel femenino y la igualdad ante el hombre en el combativo tiempo que transcurría.

En el marco de su filosofía era imposible estar a favor de las libertades civiles solamente en algunas dimensiones sociales y no en la amplia concepción de todas las facetas humanas (sobre todo, la política) sin ningún tipo de restricciones. Desde esa posición se incorporará al “Club de las Mujeres” (fundado en abril de 1848), y será columnista del vanguardista diario “La voz de las mujeres”.

Será así como Déjacque empezará a usar frecuentemente el término “libertario” para referirse al anarquismo en sus escritos. “No es el producto de su trabajo al que los trabajadores tienen derechos, sino que a la satisfacción de sus necesidades cualquiera sea la naturaleza de estas (…) y deben obtenerlo, aun apelando a la lucha”, sostenía.

La vida de Déjacque ya no tendrá respiro. Será prohibido, perseguido y nuevamente encarcelado por el gobierno francés de Napoleón III, luego de publicar “Les Lazaréennes, Fables et Poésies Sociales” (Los Lazareos. Fábulas y poesía social – 1851) por "excitación al odio y el desprecio del gobierno de la República; al odio y el desprecio de unos ciudadanos por otros, en fin, por apología de hechos calificados como crimen por la ley penal".

Logrará escaparse de la cárcel y partirá a Bruselas y luego a Londres. En Inglaterra conocerá al anarquista y revolucionario Gustave Lefrançais (1826 – 1901). Juntos fundarán “La sociale”, voz de los referentes obreros que combatían al régimen imperante.

Posteriormente, partirá a los Estados Unidos a promover sus ideas “libertarias”. Es en tierra norteamericana donde escribirá el último número de “El Libertario” (nombre tomado de aquel primer diario francés), reclamándole al pueblo que sea “menos religioso y más socialista” y que defienda la libertad contra "los jesuitas", "los esclavistas", "los absolutistas", "contra los enemigos nocturnos y los autoritarios". La inmediata “guerra de secesión” (entre 1861 y 1865) que se desatará en EE.UU.  hará que regrese definitivamente a Francia, donde morirá en la extrema pobreza. 

Joseph Déjacque

"Joseph Déjacque. Muerto en París, loco de miseria, en 1864", escribirá Gustave Lefrançais en sus “Memorias de un revolucionario” (1871 - Reeditado por Ressouvenances Éditions- París. 2001).

Libertarios y anarquistas

Los nuevos tiempos recuperan conceptos, aunque las concepciones fundantes estén muy lejos de parecerse (o no) a cualquier comparación con el presente. El concepto libertario acuñado por Déjacque de aquel momento se oponía abiertamente a lo que implicaba el liberalismo en sentido clásico. Y si bien el término “libertario” es polisémico y se lo identificó en ocasiones con el partido de la libertad, aquel movimiento libertario anarquista francés desde su génesis pregonaba una sociedad libre, pero sin Estado. Con la ausencia absoluta de distintas clases sociales, donde la propiedad privada no existía y todos los medios de producción eran controlados por los trabajadores.

Fue así que “libertario” se popularizó durante el siglo XIX como un eufemismo de anarquismo. A tal punto que en su edición XXIII, la Real Academia Española definió “libertario” como “quien defiende la libertad absoluta y, por lo tanto, la supresión de todo gobierno y de toda ley”, siendo (precisamente en España) donde los integrantes del movimiento obrero, desde la revolución anarcosindicalista de 1936, se identificaban como integrantes del movimiento libertario. (Marín Silvestre, Dolors: “Anarquistas: un siglo de movimiento libertario en España” - 2010. Editorial Ariel). Por consiguiente, y vaya paradoja, si había algo en las antípodas del liberalismo y la República, eso fueron los libertarios.

Lo que no podríamos demostrar, tomándonos una licencia pretendidamente jocosa, vinculando lo histórico con la contemporaneidad vigente argentina, es que la arenga por aquellos tiempos de sus dirigentes anarco - libertarios haya tenido manifestaciones como: “Viva la anarquía, carajo” o que a Joseph Déjacque le gustaran los perros, aunque inferimos (solo suponemos) que por su pelea con el reconocido liberal Prouhdon no toleraba a los imitadores. Pero eso será nota e investigación de otra historia.